Erase una vez una serpiente que intentaba resguardarse de los cazadores en una cueva, pero era esta tan pequeña la hoquedad, que la mitad de su cuerpo quedaba fuera, así que tuvo que seguir huyendo hasta encontrar sitio seguro.
Un día que paseaba por el lugar pasó por delante de aquella cueva y volvió a entrar por curiosidad en su interior, encontró un topo que con su esfuerzo había conseguido alargar la cueva un poquito más.
Ya iba a servirle de comida cuando el topo asustado le dijo, "si no me matas, yo agrandaré la cueva para que te sirva de cobijo y te puedas esconder cuando te haga falta", la serpiente recordando lo apurada que se vio la ultima vez, aceptó.
De esta manera ambos se aseguraban su propio futuro, pues el topo estaría seguro de no ser devorado por la serpiente.
Cuando el topo contó lo ocurrido a sus amigos, estos le dijeron que no se fiase de la serpiente, ya que por su carácter traicionero, había devorado anteriormente a otros topos confiados, pero este convencido de la palabra de la serpiente hizo caso omiso de los consejos.
Cada día el topo agrandaba un poquito más el refugio para la serpiente.
A veces el topo paseaba por el campo junto a la serpiente, lo cual extrañaba mucho a sus amigos topos y en repetidas ocasiones volvieron a avisarle de la naturaleza de la serpiente y del peligro que corría con aquella amistad, era inutíl , el topo seguía confiando en la serpiente.
Los amigos del topo seguían desconfiando de la serpiente y de sus intenciones, no veían con claridad aquella extraña asociación, pero cuantos consejos daban al topo, este hacía oídos sordos pensando que aquellos le tenían envidia por tener como aliado tan poderoso animal.
Y así fueron pasando los días y las semanas, y cada día la cueva era un poquito más grande..y más..y más.
Un día el topo llamó a la serpiente, creyó que ya podría entrar completamente en su interior y que no volvería a correr peligro a causa de los humanos, esta fue a la cueva y entró completamente en ella, pero aún así le dijo, "Topo, está bien, pero necesitaría un poquito más ancho el final para poder pasar allí el Invierno cómodamente", el topo aceptó las razones de la serpiente y continuó trabajando.
La serpiente mientras tanto, cuando el topo necesitaba alguna fruta exótica del campo, se la traía en señal de su amistad con el ciego animal.
Y así siguieron pasando los días, el topo trabajando en la cueva, la serpiente proporcionando al topo cuanto necesitaba y este desoyendo los continuos avisos de sus amigos.
El topo fue envejeciendo y cada vez le costaba más seguir agrandando la cueva, hasta que llegó el día en que debido a su edad ya no tenia fuerzas para terminar la tarea, así que llamó a la serpiente y le dijo "Serpiente, lo siento pero ya no tengo las fuerzas de antes y no puedo seguir horadando la tierra, espero que después de tanto tiempo nuestra amistad continúe".
Entonces la serpiente le dijo "no te preocupes amigo Topo, aunque ya no puedas trabajar seguiremos siendo amigos y para que veas que es cierto, acompáñame al fondo de la cueva donde te tengo unas suculentas frutas de regalo"
El topo acompañó a la serpiente hasta el final de la cueva y al llegar, se sorprendió de que estaba vacía, entonces preguntó a la serpiente"¿donde están las frutas?, no hay nada" a lo que la serpiente le respondió," Ya eres viejo, ya no sirves para mis propósitos, así que pronto llegará el Invierno y necesito comida, tu serás mi comida", se acercó lentamente al topo y este asustado rogó por su vida. Le imploraba y recordaba tantos años juntos, tantos paseos, tantas comidas compartidas, pero todo fue inútil.
La serpiente en un rápido movimiento abrió su enorme boca y se lo tragó.
Moraleja: Madera y metal no pueden ser parte de un mismo árbol.
domingo, 25 de mayo de 2008
domingo, 18 de mayo de 2008
Un jardín en el asfalto.
Aquella tarde regresábamos a casa como todas las tardes que tenía entrenamiento, del pabellón de deportes de mi ciudad, de la ciudad donde mi hermano y yo habíamos nacido. Dábamos un pequeño rodeo, como siempre, para que mi padre me comprase un helado.
Él llevaba mis patines, mi "stick" de hockey y mi bolsa de deporte, yo con una mano sujetaba la suya y con la otra aguantaba aquel cucurucho haciendo malabares con las bolas de helado que a duras penas se mantenian en su sitio.
El sol ya cansado de la larga jornada apenas ponía mucho interés en seguir calentando las calles y los arboles que nos acompañaban por la acera nos regalaban sus sombras atenuadas por la suave brisa de una tarde de Abril.
Entre bocado y bocado, levantaba mi cabeza y miraba hacia arriba, lo veía alto, muy alto sobre mí y él me devolvía la mirada cosida a una enorme sonrisa.
Íbamos hablando como dos adultos, de sus partidas de mus,( del que era campeón del barrio), del partido recién acabado, del paseo de todos los domingos en bicicleta por el campo.
"Anda más ligerooo, tu madre nos espera, tenemos que ir de compras". Aunque él acomodaba sus pasos a los míos, yo me retrasaba sabiendo que cogido de su mano nunca me quedaría rezagado.
Siempre que iba asido a esa mano fuerte y cálida me sentía orgulloso, hoy era especial, en el partido había marcado dos goles y aunque él era el entrenador de mi equipo, del equipo infantil del pueblo, era imparcial.
Mientras jugueteaba con mi lengua dando formas diferentes al helado, iba pensando que una vez más había podido demostrar a los demás jugadores de mi equipo que si yo jugaba, no era por ser el hijo del entrenador, sino por mi propia valía y me sentía feliz de ver la cara de mi padre al verlo saltar con cada uno me mis goles.
De repente sonó un trueno, cerca, muy cerca de mí, tanto que del susto, un movimiento reflejo encogió mis hombros como un repentino escalofrió, y el helado cayó al suelo.
Miré para arriba y vi como caía, vi como se derrumbaba como una enorme torre de arena, como un roble centenario cercenado por el pie. En la caída, al pasar su cara junta la mía, sus ojos miraban fijos los míos y una sonrisa borrosa le acompañaba.
Con un golpe seco su cuerpo se estrelló contra la acera, como un pájaro alicortado, su mano aun sujetaba la mía.
Todo esparramado, stick, bolsa y patines, todo por el suelo, todo desordenado.
No alcanzaba a comprender que estaba ocurriendo, !!Papá..Papá!!, las lagrimas me invadieron, tirando con las mías intentaba levantarlo.
Llorando con el alma encogida, pedía ayuda desconsolado y al volver la cabeza buscando socorro y amparo, dos hombres corrían... dos encapuchados.
De su cabeza manaba un rio de vida a borbotones, encabritado, y pronto la acera y el asfalto se convirtió en un jardín de amapolas, de rosas rojas y geranios.
Su mirada seguía fija y su sonrisa borrado, seguía sin comprender porqué me hacia aquello, porque me había soltado.
Tiempo, mucho tiempo después, ya de su ausencia cansado, me dijo mi madre un día, entre dolor y llanto, "Hijo, Papá..no va a volver, a Papá....le han matado". "Alguno de los padres de tu amigos o algun Judas amargado, le puso un cruz en la espalda, como a Cristo crucificado".
Fue Txapote, el mismo que a tantos, el mismo que a Miguel Ángel Blanco, él fue el encargado.
Ya basta del silencio de los borregos asustados.
Ya basta del que mata con su silencio inmaculado.
Ya basta de mentiras, de politicos miserables que se atusan el traje para el entierro del desgraciado, de esos que navegan entre dos aguas recalando en la orilla que más engorde su mandato.
¿Quien pondrá cordura?, ¿Quien curará las heridas de esta España desangrada?.
Él llevaba mis patines, mi "stick" de hockey y mi bolsa de deporte, yo con una mano sujetaba la suya y con la otra aguantaba aquel cucurucho haciendo malabares con las bolas de helado que a duras penas se mantenian en su sitio.
El sol ya cansado de la larga jornada apenas ponía mucho interés en seguir calentando las calles y los arboles que nos acompañaban por la acera nos regalaban sus sombras atenuadas por la suave brisa de una tarde de Abril.
Entre bocado y bocado, levantaba mi cabeza y miraba hacia arriba, lo veía alto, muy alto sobre mí y él me devolvía la mirada cosida a una enorme sonrisa.
Íbamos hablando como dos adultos, de sus partidas de mus,( del que era campeón del barrio), del partido recién acabado, del paseo de todos los domingos en bicicleta por el campo.
"Anda más ligerooo, tu madre nos espera, tenemos que ir de compras". Aunque él acomodaba sus pasos a los míos, yo me retrasaba sabiendo que cogido de su mano nunca me quedaría rezagado.
Siempre que iba asido a esa mano fuerte y cálida me sentía orgulloso, hoy era especial, en el partido había marcado dos goles y aunque él era el entrenador de mi equipo, del equipo infantil del pueblo, era imparcial.
Mientras jugueteaba con mi lengua dando formas diferentes al helado, iba pensando que una vez más había podido demostrar a los demás jugadores de mi equipo que si yo jugaba, no era por ser el hijo del entrenador, sino por mi propia valía y me sentía feliz de ver la cara de mi padre al verlo saltar con cada uno me mis goles.
De repente sonó un trueno, cerca, muy cerca de mí, tanto que del susto, un movimiento reflejo encogió mis hombros como un repentino escalofrió, y el helado cayó al suelo.
Miré para arriba y vi como caía, vi como se derrumbaba como una enorme torre de arena, como un roble centenario cercenado por el pie. En la caída, al pasar su cara junta la mía, sus ojos miraban fijos los míos y una sonrisa borrosa le acompañaba.
Con un golpe seco su cuerpo se estrelló contra la acera, como un pájaro alicortado, su mano aun sujetaba la mía.
Todo esparramado, stick, bolsa y patines, todo por el suelo, todo desordenado.
No alcanzaba a comprender que estaba ocurriendo, !!Papá..Papá!!, las lagrimas me invadieron, tirando con las mías intentaba levantarlo.
Llorando con el alma encogida, pedía ayuda desconsolado y al volver la cabeza buscando socorro y amparo, dos hombres corrían... dos encapuchados.
De su cabeza manaba un rio de vida a borbotones, encabritado, y pronto la acera y el asfalto se convirtió en un jardín de amapolas, de rosas rojas y geranios.
Su mirada seguía fija y su sonrisa borrado, seguía sin comprender porqué me hacia aquello, porque me había soltado.
Tiempo, mucho tiempo después, ya de su ausencia cansado, me dijo mi madre un día, entre dolor y llanto, "Hijo, Papá..no va a volver, a Papá....le han matado". "Alguno de los padres de tu amigos o algun Judas amargado, le puso un cruz en la espalda, como a Cristo crucificado".
Fue Txapote, el mismo que a tantos, el mismo que a Miguel Ángel Blanco, él fue el encargado.
Ya basta del silencio de los borregos asustados.
Ya basta del que mata con su silencio inmaculado.
Ya basta de mentiras, de politicos miserables que se atusan el traje para el entierro del desgraciado, de esos que navegan entre dos aguas recalando en la orilla que más engorde su mandato.
¿Quien pondrá cordura?, ¿Quien curará las heridas de esta España desangrada?.
lunes, 12 de mayo de 2008
Grandes Batallas, La Plazuela
Estábamos con las canicas, jugándonos los cromos de futbolistas de aquella temporada.
Como ya habían "espeluchao" a Franci, el cabecilla de nuestra pandilla, a falta de poder seguir jugando porque había perdió hasta las alpargatas del utillero , este, encontró un palo tirado Dios sabe donde, y comenzó a darle el coñazo a los demás gesticulando con el palo a modo de "tizona" estoqueando y destripando a unos y otros.
Yo, pendiente de que el contrario no me hiciese la pirula y alegase que había golpeado mi bola con la suya para sacarme a "Iribar" que era de los más valiosos, no tenia mucha gana de participar en la jarana.
"Juer, Franci, no seas pesao tío y vete ar carajo con el palo", "Illo tate quieto o te doy una hostia", "Franci, ojones con el palo, que me has hecho daño", y así iba de uno a otro dándonos la tabarra, hasta que se" lió er taco".
Había lanzado Ángel su canica con tan buena fortuna que de un "tiro" mandó la canica de otro al extremo opuesto del "llanete", que era una inmensa calva en el empedrado de la calle, y estaba reclamando su justo premio, cuando Franci pintando cabriolas en el aire con su "acero desnudo" invadió el terreno de juego, desperdigando las canicas de todos y poniéndolas en desbandada.
Se acabó el juego, cada canica a su bolsillo y el que encontró otra "espada" se fue en busca del insolente y el que no, a pecho descubierto, también, para hacerle pagar la fechoría.
Aquél que se vio rodeado de sus propios acólitos, mas mosqueaos que un cura en el paro, se defendía repartiendo mandobles a diestro y siniestro, pero viendo la cosa muy negra y sin posible salvación, se le ocurrió una idea, porque solo a Franci se le ocurrían ideas en los momentos decisivos, por algo era el "cabecilla", y dijo "!!Un momento, un momento!! vamos a echarle una guerra a los de la Plazuela Lara", la turba sedienta de venganza se detuvo,"¿Einn?", "¿Y esos que nos han hecho?" preguntó el clásico mucha leyes, " !!Porque no nos dejan jugar al futbol!!, buena razón, nos convenció a todos, "!!Valeee!!", "A por espadas,engaaa" .
Fui a mi casa, tabla de una caja de tomates, y a la calle, al Cantillo, nuestro reino y lugar de concentración, pero..un momento, recordé de anteriores lides, los palos que me llevaba en la mano que aguanta la espada, así que ...un clavo, otro trozo de madera y lista la "cruz de guerra", por algo le pusieron a ese invento "guardamanos".
Espadas más largas, más cortas, más delgadas e incluso "tarugos" como los del "Rey de Bastos", uno, con la tapa redonda de la tinaja de las aceitunas se había improvisado un escudo, otros a falta de pan, sacaron los arcos y flechas de varas de olivo, el más radical, traía consigo su arco y flechas hechas con las varillas de un viejo paraguas, "Illo, ¿tas chalao? ¿que quieres dejar un tío tuertooo?", "Juer, si es que no tengo otra cosaaa", "Deja eso anda, que tás lipollas, te dejo er bastón de mi ágüelo que tá durmiendo, pero ten cuidao con él, otia, que me maja mi madre como se dé cuenta", "Venga vale que no le pasa ná, leshe".
Reunida la tropa con su variopinto armamento, una arenga del "general don Franci" enardeció tanto a los reunidos que apostábamos por quien incrementaría con más rapidez el colegio cardenalicio o quien plantaría más bollos en las cabezas de los enemigos.
Dispuestos ya para partir hacía la gloría, salta una voz desde el pelotón.."¿ Oyeeee...y si no hay nadie en la Plazuela Laraaa?", oño, es verdad, tendría guasa tanto ruido para no cascar ni una nuez. "Yo voy a asomarme a la esquina y si están hago una señal, ¿valeee?", jejeje, el espía, "Valeee, corre, aquí esperamos".
El observador avanzado corría calle abajo por el "Cerrillo Largo", calle que en un extremo estaba "el Cantillo", nuestro irreductible campamento y por el otro desembocaba en la Plazuela Lara, el campamento enemigo, nuestro objetivo y reino de "infieles".
Todos le seguíamos con la mirada mientras se alejaba, impacientes, algunos, los nervios le aflojaban los esfínteres y apartándose unos pasos aliviaban su ansiedad, "Niñoooooo, híjoooooo, ¿porqué no te meas en la puerta tu casaaa, habrase visto la poca vergüenza der niñoo", la vecina.
"Están, mira, la señal", efectivamente, podía comenzar la operación relámpago.
"Tú que tienes escudo, en la primera fila", "Juer, ya tamos"refuñó.
"Todos detrás de mí y sin hacer ruido, cuando lleguemos a la esquina antes de atacar, nos paramos, que no nos vean", "Venga", "Vamos", "Sí, vale”, jeje, todos de acuerdo
Si alguien creyó que aquello iba a ser una maniobra de aproximación ordenada y pulcra, va a apañao, un tropel de piojos descontrolados vociferantes e insubordinados arrollaron al líder quitándole su puesto de vanguardia.
"Jóeeee, hemos dicho en silencio y todos detrás de mí", protestó, "que se van a dar cuenta, oñoo"
Pelotón de "hunos" asomaban escalonadas las cabezas por el ángulo de la esquina observando al enemigo que jugaba confiado un partidillo de futbol entre ellos. Estaban tan ensimismados discutiendo si había sido o no falta, si la sangre de la rodilla del portero era fruto de una mala patada o de uno de los adoquines que sembraban la Plaza, que no se dieron cuenta de lo que se les venia encima.
!!Al ataqueeeee!!, la calle comenzó a vomitar aquel rosario de cafres dispuestos a repartir más palos que el tren de la feria.
Los otros, sorprendidos por el ruido y la avalancha que se les venia encima, giraron la cabeza y al ver la patulea armada, unos optaron por poner adoquines por medio y otros se quedaron petrificados sin saber que hacer.
A los pocos segundos aquello era una maraña de propios y extraños, de empujones, palos, gritos y lamentos.
Me dirigí al primero que estorbaba mi camino, el brazo levantado y la "espada" en alto, dispuesta a partir melones, a medida que me acercaba veía la expresión de sus ojos, su cabeza trataba de parapetarse detrás de sus antebrazos como púgil noqueado, "Este no merece la pena, tá cagao", así que lo deje atrás y seguí a por el próximo. Todo espaldas, una mole me pareció el jefecillo de los otros, nos sobresalía a todos un trecho, tenia sujeto a uno de los nuestros y pugnaba por quitarle el palo pa darle de su propia medicina, viendo que la cosa se le ponía fea y por las ganas con que imploraba el enano insolente, solo se me ocurrió una solución, descargue el mandoble en los costillares del gigante porque más alto no alcanzaba, oño, al otro, lo soltó de inmediato fruto de la impresión y el dolor, pero ahora se revolvió contra mí, y esa era cara de malaleshe y lo demás tonterías.
Ya me veía con menos piños que un arenque y correr, tontería. Por delante de su cara y hasta donde daba de sí mi "Colada" le estuve espantando moscas tanto tiempo como pude, mientras más se acercaba, yo, más reculaba. Se le entornaron los ojos y se echó mano a su espalda, el antes salvado, era ahora mi salvador, un estacazo bien dao entre la oreja y el hombro le hizo desistir de "ajustarme las cuentas". Viendo que uno por un lado y el otro por el reverso le iban a dar más palos que a un pulpo, optó por lo más inteligente en esos casos, "!!Gracias tío!!, "Amos por otrooo".
Los pocos que aguantaron el tipo en la primera embestida, al ver a su "Goliat" corriendo Calzada abajo se les descompuso el animo y "maricón el ultimo".
Resultado de la batalla, nuestros: dos camisas rajadas, tres espadas rotas y el escudo de madera intacto y alguna flecha perdida, el enemigo cautivo y desarmado , leñe esa es otra historia, algunos chichones, dos ojos moraos y unos cuantos de destrozos en la ropa, ahh bueno y aquél que se levantó del suelo con las manos en la cabeza, que no se supo si era chichón o descalabro, más por lo que soltaba por su boquita mientras corría pa su casa, tuvo que ser de todo un poco.
La victoria fue total pero poco tiempo tuvimos de disfrutarla. Ni a una hora llegó cuando un padre con el hijo de la mano, con más vendas que el camillero del Faraón, apareció llamando a la puerta de mi casa.
De nada sirvió el relato épico de aquella gloriosa jornada, ni las justas razones, ni "niños muertos", ni ná de ná, al final, pa mí, que salí perdiendo yo, el culo caliente y el resto del día recluido contando musarañas, ya se encargo mi padre de administrar justicia, leshe.
Al día siguiente en el Cantillo faltaba más gente que de costumbre, lo mío fue un día, pero a otros les duró la condena casi una semana, juer.
"Pa que aprendas a no ser cafre" eah.
Esto solo pospuso la siguiente batalla para unas semanas más tarde, jeje
Como ya habían "espeluchao" a Franci, el cabecilla de nuestra pandilla, a falta de poder seguir jugando porque había perdió hasta las alpargatas del utillero , este, encontró un palo tirado Dios sabe donde, y comenzó a darle el coñazo a los demás gesticulando con el palo a modo de "tizona" estoqueando y destripando a unos y otros.
Yo, pendiente de que el contrario no me hiciese la pirula y alegase que había golpeado mi bola con la suya para sacarme a "Iribar" que era de los más valiosos, no tenia mucha gana de participar en la jarana.
"Juer, Franci, no seas pesao tío y vete ar carajo con el palo", "Illo tate quieto o te doy una hostia", "Franci, ojones con el palo, que me has hecho daño", y así iba de uno a otro dándonos la tabarra, hasta que se" lió er taco".
Había lanzado Ángel su canica con tan buena fortuna que de un "tiro" mandó la canica de otro al extremo opuesto del "llanete", que era una inmensa calva en el empedrado de la calle, y estaba reclamando su justo premio, cuando Franci pintando cabriolas en el aire con su "acero desnudo" invadió el terreno de juego, desperdigando las canicas de todos y poniéndolas en desbandada.
Se acabó el juego, cada canica a su bolsillo y el que encontró otra "espada" se fue en busca del insolente y el que no, a pecho descubierto, también, para hacerle pagar la fechoría.
Aquél que se vio rodeado de sus propios acólitos, mas mosqueaos que un cura en el paro, se defendía repartiendo mandobles a diestro y siniestro, pero viendo la cosa muy negra y sin posible salvación, se le ocurrió una idea, porque solo a Franci se le ocurrían ideas en los momentos decisivos, por algo era el "cabecilla", y dijo "!!Un momento, un momento!! vamos a echarle una guerra a los de la Plazuela Lara", la turba sedienta de venganza se detuvo,"¿Einn?", "¿Y esos que nos han hecho?" preguntó el clásico mucha leyes, " !!Porque no nos dejan jugar al futbol!!, buena razón, nos convenció a todos, "!!Valeee!!", "A por espadas,engaaa" .
Fui a mi casa, tabla de una caja de tomates, y a la calle, al Cantillo, nuestro reino y lugar de concentración, pero..un momento, recordé de anteriores lides, los palos que me llevaba en la mano que aguanta la espada, así que ...un clavo, otro trozo de madera y lista la "cruz de guerra", por algo le pusieron a ese invento "guardamanos".
Espadas más largas, más cortas, más delgadas e incluso "tarugos" como los del "Rey de Bastos", uno, con la tapa redonda de la tinaja de las aceitunas se había improvisado un escudo, otros a falta de pan, sacaron los arcos y flechas de varas de olivo, el más radical, traía consigo su arco y flechas hechas con las varillas de un viejo paraguas, "Illo, ¿tas chalao? ¿que quieres dejar un tío tuertooo?", "Juer, si es que no tengo otra cosaaa", "Deja eso anda, que tás lipollas, te dejo er bastón de mi ágüelo que tá durmiendo, pero ten cuidao con él, otia, que me maja mi madre como se dé cuenta", "Venga vale que no le pasa ná, leshe".
Reunida la tropa con su variopinto armamento, una arenga del "general don Franci" enardeció tanto a los reunidos que apostábamos por quien incrementaría con más rapidez el colegio cardenalicio o quien plantaría más bollos en las cabezas de los enemigos.
Dispuestos ya para partir hacía la gloría, salta una voz desde el pelotón.."¿ Oyeeee...y si no hay nadie en la Plazuela Laraaa?", oño, es verdad, tendría guasa tanto ruido para no cascar ni una nuez. "Yo voy a asomarme a la esquina y si están hago una señal, ¿valeee?", jejeje, el espía, "Valeee, corre, aquí esperamos".
El observador avanzado corría calle abajo por el "Cerrillo Largo", calle que en un extremo estaba "el Cantillo", nuestro irreductible campamento y por el otro desembocaba en la Plazuela Lara, el campamento enemigo, nuestro objetivo y reino de "infieles".
Todos le seguíamos con la mirada mientras se alejaba, impacientes, algunos, los nervios le aflojaban los esfínteres y apartándose unos pasos aliviaban su ansiedad, "Niñoooooo, híjoooooo, ¿porqué no te meas en la puerta tu casaaa, habrase visto la poca vergüenza der niñoo", la vecina.
"Están, mira, la señal", efectivamente, podía comenzar la operación relámpago.
"Tú que tienes escudo, en la primera fila", "Juer, ya tamos"refuñó.
"Todos detrás de mí y sin hacer ruido, cuando lleguemos a la esquina antes de atacar, nos paramos, que no nos vean", "Venga", "Vamos", "Sí, vale”, jeje, todos de acuerdo
Si alguien creyó que aquello iba a ser una maniobra de aproximación ordenada y pulcra, va a apañao, un tropel de piojos descontrolados vociferantes e insubordinados arrollaron al líder quitándole su puesto de vanguardia.
"Jóeeee, hemos dicho en silencio y todos detrás de mí", protestó, "que se van a dar cuenta, oñoo"
Pelotón de "hunos" asomaban escalonadas las cabezas por el ángulo de la esquina observando al enemigo que jugaba confiado un partidillo de futbol entre ellos. Estaban tan ensimismados discutiendo si había sido o no falta, si la sangre de la rodilla del portero era fruto de una mala patada o de uno de los adoquines que sembraban la Plaza, que no se dieron cuenta de lo que se les venia encima.
!!Al ataqueeeee!!, la calle comenzó a vomitar aquel rosario de cafres dispuestos a repartir más palos que el tren de la feria.
Los otros, sorprendidos por el ruido y la avalancha que se les venia encima, giraron la cabeza y al ver la patulea armada, unos optaron por poner adoquines por medio y otros se quedaron petrificados sin saber que hacer.
A los pocos segundos aquello era una maraña de propios y extraños, de empujones, palos, gritos y lamentos.
Me dirigí al primero que estorbaba mi camino, el brazo levantado y la "espada" en alto, dispuesta a partir melones, a medida que me acercaba veía la expresión de sus ojos, su cabeza trataba de parapetarse detrás de sus antebrazos como púgil noqueado, "Este no merece la pena, tá cagao", así que lo deje atrás y seguí a por el próximo. Todo espaldas, una mole me pareció el jefecillo de los otros, nos sobresalía a todos un trecho, tenia sujeto a uno de los nuestros y pugnaba por quitarle el palo pa darle de su propia medicina, viendo que la cosa se le ponía fea y por las ganas con que imploraba el enano insolente, solo se me ocurrió una solución, descargue el mandoble en los costillares del gigante porque más alto no alcanzaba, oño, al otro, lo soltó de inmediato fruto de la impresión y el dolor, pero ahora se revolvió contra mí, y esa era cara de malaleshe y lo demás tonterías.
Ya me veía con menos piños que un arenque y correr, tontería. Por delante de su cara y hasta donde daba de sí mi "Colada" le estuve espantando moscas tanto tiempo como pude, mientras más se acercaba, yo, más reculaba. Se le entornaron los ojos y se echó mano a su espalda, el antes salvado, era ahora mi salvador, un estacazo bien dao entre la oreja y el hombro le hizo desistir de "ajustarme las cuentas". Viendo que uno por un lado y el otro por el reverso le iban a dar más palos que a un pulpo, optó por lo más inteligente en esos casos, "!!Gracias tío!!, "Amos por otrooo".
Los pocos que aguantaron el tipo en la primera embestida, al ver a su "Goliat" corriendo Calzada abajo se les descompuso el animo y "maricón el ultimo".
Resultado de la batalla, nuestros: dos camisas rajadas, tres espadas rotas y el escudo de madera intacto y alguna flecha perdida, el enemigo cautivo y desarmado , leñe esa es otra historia, algunos chichones, dos ojos moraos y unos cuantos de destrozos en la ropa, ahh bueno y aquél que se levantó del suelo con las manos en la cabeza, que no se supo si era chichón o descalabro, más por lo que soltaba por su boquita mientras corría pa su casa, tuvo que ser de todo un poco.
La victoria fue total pero poco tiempo tuvimos de disfrutarla. Ni a una hora llegó cuando un padre con el hijo de la mano, con más vendas que el camillero del Faraón, apareció llamando a la puerta de mi casa.
De nada sirvió el relato épico de aquella gloriosa jornada, ni las justas razones, ni "niños muertos", ni ná de ná, al final, pa mí, que salí perdiendo yo, el culo caliente y el resto del día recluido contando musarañas, ya se encargo mi padre de administrar justicia, leshe.
Al día siguiente en el Cantillo faltaba más gente que de costumbre, lo mío fue un día, pero a otros les duró la condena casi una semana, juer.
"Pa que aprendas a no ser cafre" eah.
Esto solo pospuso la siguiente batalla para unas semanas más tarde, jeje
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