sábado, 27 de junio de 2009

Un lucero y una sombra.

Érase una vez, cuando la oscuridad reinaba sobre toda la Tierra, una noche de luna clara de esas en que el firmamento parece sembrado de luceros y estrellas, el dios de la luz quiso que uno de sus súbditos explorase aquel cuerpo esférico atrapado por las tinieblas.
Envió al más hermoso de sus luceros, le encomendó descubriese su contenido, sus colores y sus formas.
Y así fue como aquel lucero lleno de impaciencia bajó a este mundo atrapado en una noche perpetúa y comenzó su misión.
Anduvo lentamente por cada arruga, por cada pliegue de la piel de la Tierra. Se introdujo por cada uno de sus poros dando forma y sentido a las más profundas cavernas. Se hundió en los abismos de los océanos y pintó de colorido los bancos de coral. Erró por el desierto acariciando sus planicies, acunando sus dunas, salpicando su rostro de pequeñas pecas verdes, llamados oasis. Trepó por los turgentes pechos de la Tierra, y para ocultar su desnudez cubrió de blancos mantos sus cimas.
Y así recorrió e iluminó senderos, montañas y valles, ríos, lagos y mares.
En su camino encontró una espesa e impenetrable jungla en la que tanto tiempo de oscuridad, el color de sus árboles y plantas eran de una tristeza amarillenta.
Mientrás atravesaba la espesura del inmenso bosque, pintaba de verde con el color de sus ojos cada hoja, cada arbusto, cada rama.
Se detuvo a contemplar su alrededor en la placidez de un llano, observó que al otro lado de un árbol se escondía una sombra, la sombra del árbol.
Se acercó al árbol para descubrir el rostro y los matices de la sombra.
A medida que se aproximaba y su luz le precedía, la sombra se ocultaba detrás del tronco. Si el lucero rodeaba el árbol intentando atraparla, esta hacía otro tanto con la misma prontitud manteniendo siempre entre ambos aquel cuerpo forrado de cortezas.
Cuando el lucero más corría, más corría la sobra. Si el lucero saltaba de árbol en árbol lo mismo la sombra hacía.
Y así estuvo durante mucho tiempo intentando atrapar aquel ser de oscuridad que se le escurría.
A medida que pasaba el tiempo más grande era su curiosidad por verla, mientras más se escondía aquella, más deseos por descubrirla.
Así, un día, cansado el lucero de perseguirla infructuosamente le pidió que se dejase ver, que deseaba fervientemente contemplar su perfil.
La sombra huidiza y desconfiada continuaba sin quererse asomar, arreciaron los ruegos del lucero y la sombra se detuvo detrás de un inmenso tronco, y desde el otro lado escuchó.
-¿Porqué no te dejas ver?, preguntó a la sombra
- Porque lo que veas no te va a gustar y te defraudará.
- Estoy seguro, dijo el lucero, que no será así, es tanta la hermosura que te intuyo que no puedo soportar más la espera.
La sombra, consciente de su oscura realidad, de sus defectos y carencias de irisados colores, dudaba entre acabar con su anónima existencia o seguir oculta.
Sin embargo el lucero no cejaba en su empeño por ver de cerca aquella sombra, por poner rostro a la imagen que de ella tenía en su imaginación.
-Por favor sombra, déjame verte, te lo ruego
-Una vez que has puesto cara, color y sentimientos a algo desconocido, después la realidad es amarga y descorazonadora, respondió la sombra, así que mejor mantén tu imagen idílica, o sufrirás un gran dolor.
-Confía en mi, sombra, en mis largos viajes por el universo he conocido todo tipo de criaturas, algunas horribles como los agujeros negros y otras maravillosas como estrellas fugaces, por favor déjate ver.
-Además precioso lucero, tu misma luz esa luz de tu ansía por conocerme, me matará.
-No, no será así sombra, seguro que es tan grande tu belleza que mi luz solo la acrecentará.
Tranquilizada la sombra de su temor por aterrorizar al lucero y desaparecer, le propuso a este que se dejaría ver en un lejano y solitario paraje, lejos de todos los árboles, de animales y plantas, de ríos, arroyos y lagos, donde solo estuviesen ella y él.
Sería en una noche de luna llena, cuando esta está preñada de luz.
Pasaban los días y a medida que se acercaba el previsto para la reunión, más crecía la impaciencia del lucero.
Llegó el día acordado, el lucero anduvo ligero al paraje elegido, la luna le iba iluminando el camino y los claros del bosque brillaban como mares de plata.
El corazón de la sombra latía incontrolado al ver acercarse al lucero, se pegó a la pared de una gran roca que se levantaba vertical hacía el cielo.
Al llegar, el lucero, le pidió que se acercara, mientras esperaba de pie, inmóvil, con las esmeraldas de sus ojos fijos en la roca, esperando ver aparecer a la sombra.
La sombra comenzó a caminar, lentamente, midiendo cada paso, manteniendo la respiración, con sus ojos de azabache fijos en los del lucero.
A medida que se aproximaban ambos seres, se fue ensombreciendo el semblante del lucero, se oscurecieron sus ojos y su cuerpo.
En cambio la sombra, ahora a la vista del lucero, al ser descubierta su realidad, a medida que este iba paseando sus ojos por su geografía, esta se iba difuminando, disolviéndose poco a poco en la luz del decepcionado lucero, hasta que desapareció.
El lucero regresó por sus pasos, dolorido por aquella visión, dispuesto a borrarla de su memoria, sus expectativas se habían roto, no era fundada su imaginación.
Así murió un sombra y con ella una ilusión.

Por un puñao de parné

La otra noche, aburrío cual caracól pegao a un espejo, el dedo travieso, ese que se mete siempre donde no debe, pues le dió por hacer zapping.
Programa de "no se que de tu vida", jeje, la leshe, lo que hace la gente por un puñao de pelas,( si es que se las llevan, que es lo mejor). Consiste en que una presentadora , con más pantalones que una cuadrilla mineros, se dedica a hacer preguntas al desgracíao o desgracía que se sienta en la silla del tormento.
Al parecer son preguntas elegidas entre un saco que antes le hicieron bajo la amenaza de la joía "Maquina de la Verdad" y de entre estas eligen unas pocas (no recuerdo cuantas) y si dice la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, pos se lleva un pastón , si al Productor del programa le sale de los cataplines,claro.
Pos allí tá sentá la susodicha, con una sonrisa que le empapa las orejas de saliva, no sabe la que le espera, jeje. De acompañantes , el marío, la suegra y una prima que le hacia el encaje de bolillo en las noches de verano, todos con cara haba y viendolas venir, "virgensita que de mí no diga ná".
Comienzan las preguntas chórras, hasta que a medida que vá sonando con estruendo y solemnidad una voz en off que dice, "!ESO ES........VERDAD", van aumentando la enjundía de las cuestiones. Hasta ahora, pregunta superada, aplausos que te acompañan, jeje.
La gente que suele concursar, como está más tiesa que una pata palo y tiene más hipotecas quel Cachuli, pues a medida que se acerca el premio mayor, aguanta carros y carretas, amos lo que le echen, ya le preguntasen por los pelillos de semejante lugar.
Primera pregunta con guasa..
- "¿ Es verdad que hace ud. el amor con su marido por obligación?" Se lo piensa, mira al marío, a la suegra, a la prima...- !! "Po zí "!! .........!!" ESO ES.....VERDAD"!! Algunos aplausos, incluso entre sus allegados, el marío comienza a importunarse, pero mantiene el tipo.
-"¿Es verdad que le ha sido ud. infiel a su marido con uno de sus amigos?"
Cara de extrañeza como diciendo, "¿ la otía, eso me preguntaron en la puñetera maquinita?", retorcedura de manos..momentos de tensión. el marío con los pelos de punta y muesca de confianza.
-" !! Po zi!!", .....!!" ESO ES.....VERDAD"!!. Marío que se le abren dos ojos como dos panes de a kilo, no sabe si apaludir o disimular los apendices, suena un "!!Ohhhh!!" entre el público.
- ¿"Quiere ud. continuar"? , pregunta la presentadora. La otra mira al respetable, a familiares, amigos y pensando que lo peor ya había pasado, !!sigue..sigue, ya tenemos pagás dos letras de la hipoteca!!
"Siguiente pregunta... !!" ¿Es verdad que ud. siente asco cuando su marido le hace el amor?"!! , es lo mismo que le preguntaron antes , más o menos, pero con más mala leshe, jeje, retorciendo er cuchillo.
La concursante ya no sabe si mirar al marío o cagarse en la mae que parió al que escribiólas preguntas.
Apretujones de manos, sonrisa entre apretón contenido y tragame tierra.
- !!"Po zí "!!, .....!!" ESO ES.....VERDAD"!! A la suegra aunque todavía se ha librado de la quema le comienza a cambiar la cara " !!Amos, de mi hjio"", el marío esconde la cabeza bajo el cuello de la camisa, que por cierto se le está encogiendo por momentos.
La presentadora vuelve a preguntar a la reo con tono entre regodeo y sorna, jeje....- ¿"Quiere ud. continuar"?.
Esta que vuelve a mirar pa lo que queda de marío... !!"sigue, totá, de perdíos a por la Hipoteca"!!
- !!"¿Es verdad que piensa ud. de su suegra que es una vieja amargá y arpía"?!!
- !!"Po zí "!!, .....!!" ESO ES.....VERDAD"!!
Esa señora ya entrada en Calendarios, que cuando comenzó el programa venía hecha un pincél, con su maquillaje recien esparcido y en su pelo una rigurosa permanente, ahora lo tenía tieso cual erizo mosqueao, de sus ojos dos rayos justicieros intentaban partir por la mitad a semejante yerna.
Y seguimos..."ya falta poco pa mandar al Banco ar carajo,jeje."
- ¿ Es verdad que es ud. masajista?"Esta es facíl, la respondo sin titubear
- !!"Po zí "!!, .....!!" ESO ES.....VERDAD"!!
- !!"¿ Es verdad que se exita ud. mientra dá masajes a alguno de sus clientes?"!!Un timido rubor le recorre los pomulos.
- !!"Po zí "!!, .....!!" ESO ES.....VERDAD"!!
- !!"¿Es verdad que ha tenido ud. relaciones sexuales con algunos de sus clientes"?!!.
Ahora ya se le ha borrado la sonrisa y las huellas dactilares de restregarse las manos, ni sabe ande mirar pa que no la fulminen con la recíproca.
- !!"Po zí "!!, .....!!" ESO ES.....VERDAD"!!
Al marío se le oye entre dientes.."masajista, curioso eufemismo pa no decir putón verbenero, oño".
La que presenta, que viendo que a la próxima ya se lleva calentito un buen dinerito, intenta amendentrar a "la sin pelos en la lengua"( ni en aquél lugar, por el uso convulsivo y los masajes) y le advierte que si miente se vá pa su casa, si es capáz de volver, con una mano delante y la otra tambien.
La noble masajista ósa mirar a aquél que anunciaron al comienzo como su mário.
- !!"Tu misma, ya verás lo que haces, a mí ya me dá to igual"!!
El tio de la cámara mira por el objetivo al pariente y recuerda que en su casa tiene un capote que le regalaron en el último tentaero en la finca de "El Juli", "verás si todavía, le doy un par de "chicuelinas".
- ¿"Quiere ud. continuar"? , pregunta la presentadora con guasa socarrona,!! "le recuerdo que si miente, pierde ud. lo ganado"!!
"Ya, después de cubierta de gloría, por lo menos tengo pal divorcio" pensaba la "masajista"
-!!"¿Es verdad que si su marido no se enterase le volvería a ser infiel"?!!
"Joder,joder, a lo hecho , pecho, pero como diga que mantengo la intencíon de seguir adornando al Julían la cosa acaba en el Juzgao de Guardía, mejor digo que no, a ver si cuela", cavilaba la buena samaritana. En estas, y mientras esperaba la respuesta entre asqueado y medio pasote ,el marido pensaba pa sus adentros.. " que más dá lo que diga, si se ha pasao por el rastrojo hasta el niño los recaos, si le ha sacao brillo a los sables desde el señó Coronél al Cabo de la puerta, jóe, que diga lo que quiera, totá, de aquí pa Las Ventas y sin "mansos" ni ná.
La tensión enmudece al público, un silencio plomizo como una gruesa niebla envuelve el plató.La presentadora ya empieza a incomodarse por tanto tiempo de pié sin que le paguen horas extras, y como la otra no responde pues , leña al mono hasta que baile...
- !!"Le repito la preguntaaaa, ¿Es verdad que si su marido no se enterase le volvería a ser infiel"?!!
-!!""NOOOO!!, responde.
Silencio sepulcrál, ¿se lleva la pasta o no se la lleva?
-.....!!" ESO ES.....M E N T I R A"!! .
Se le desencaja la cara mientras a duras penas intenta levantar las posaderas del lecho de la infamía mirando pa lo que le resta de familía, que es poco, por decir algo, jeje.
La suegra que le dice al hijo .. !!" será casho perra después de "masajista", tonta"!!
El finál de esta historía es posible que lo podamos leer en los sucesos de cualquier periódico de tirada nacionál o en otro programa de la misma cadena de esos de "tripas, corazón".
En fín, pasmao y muerto de sueño, por lo menos aprendí la moraleja del programa "Si por dinero dices toda la verdad, nada ganas y si dices mentira, todo lo pierdes, así que en boca cerrá no entra ni un chavo"

El Feto Loco

Hace unos días atrás leí como un medico se llevaba las manos a la cabeza. A su consulta de obstetricia había llegado una mujer de varios meses de embarazo. Después del reconocimiento de rigor, lo típico, le emborriza la barriga y le desliza poco a poco el ecógrafo zigzagueando en un slalom interminable por aquellas pendientes abdominales.Madre y galeno miran detenidamente la imagen que aparece en el monitor del invento, si, ese que la criatura aparece en tres dimensiones, ¿“Que es pisha o toto, doctor?”
-Pues no lo tengo muy claro, señora, déjeme que siga mirando.
De repente la paciente siente un dolor en sus entrañas, en la superficie de su vientre se dibujan bultos extraños que afloran y se ocultan con la misma rapidez.
-No se preocupe, señora, es normal, es el feto que se está moviendo- , la tranquilizó.
Como la buena mujer no cesase en sus quejidos, el medico afinó la puntería y amplío la imagen que aparecía en el monitor.Detuvo el ecógrafo en un punto y observó detenidamente, en silencio, lo que mostraba el aparato. Lentamente, para no alertar a la madre, fue girando el monitor hasta hacerlo invisible a esta.Sus ojos se abrían en proporción al gesto de sorpresa que se reflejaba en su rostro.No era posible, sería el primer caso en la historia de la medicina.A todo esto la señora daba muestras de cómo el dolor le iba en aumento.El doctor soltó el aparato y abandonando aquella mujer a su suerte, abandonó la consulta precipitadamente y corrió en busca de otro compañero que ratificase sus observaciones.
- Es cierto, es tal como me has contado-, le confirmaba el recién llegado al primero.
-¿A quien llamamos, al Sicólogo, al Siquiatra?- Preguntaba el horrorizado doctor.
-No creo que ninguna de las ramas de la Medicina actual sea capaz de diagnosticar este caso- respondió el testigo.
La madre al ver el trajín que se traían los médicos, como se iban acumulando alrededor del monitor médicos, enfermeros y repartidores de pastelitos, preguntó al colegiado.
-¿Qué pasa doctor, porqué me duele tanto?
Este la miró con la cara muy seria y le dijo:
- El feto está dando pataditas, como todos los fetos
- Entonces, ¿Cuál es el problema doctor?
- Señora, el problema es que su dolor no viene de esas patadas que el feto reparte a diestro y siniestro, que hasta cierto punto es normal, el problema es que.. EL FETO ESTÁ MORDIENDO EL CORDÓN UMBILICAL, lo peor es que la ruptura del cordón supondrá su muerte inevitable.
Lo curioso del asunto es que después de esto, inédito para la medicina, se han detectado miles de casos más.Sin ir más lejos el otro día viendo la final de la Copa del Rey vi miles de fetos mordiendo sus cordones, tirando desesperados para arrancarlos sin escrúpulos de las matrices de sus madres. Leshe, yo recuerdo que antes la gente iba al futbol pa ver ganar a su equipo o desgañitarse en alabanzas de la pobre madre del enlutado errante.Cuando regresaban a casa, las parientas sabían si el equipo había ganado o no solo mirar al marido, y lo sabían, digo, si lo sabían, si llegaba beodo y cachondo, ganado, si ronco y desencajado, derrota, mejor no preguntar.Y que se supiese, hasta el otro día de la final, solo había un silbato en el campo, es más si algún capullo se llevaba por su cuenta otro, a la primera nota tenia al respetable espetándole lindezas.
Aquello fue un concierto de soplagaitas, bueno si hubiese sido concierto de gaitas, descubrieme, soplapitos para más señas.
A los que sus primitivos cerebros les daban para cerrar los labios y hacer soplar semejante instrumento lo hacían con desesperación. Y los otros, los que ni ha eso las pocas luces les llegaban, simplemente mantenían la boca abierta cual gorriones con boqueras y escupían alaridos descompuestos.
Ante tanto feto inmaduro, tanto borreguito orquestado por políticos de medio pelo o disfrazados de presidentes de clubes de futbol, solo me cabía en la cabeza suponer que aquella actitud se debía a dos motivos, o porque eran eso, fetos idos o porque eran hijos bastardos, concebidos por la violación de un político abyecto en la nocturnidad de un mitin.
¿Con que derecho pitan mi Himno, queman mi Bandera, mancillan mi Patria y denigran mi Rey?
Por aquello del agravio comparativo, yo también tengo el derecho, y casi la obligación, de obrar en justa reprocidad, devolverles gesto por gesto, pitada por pitada.
Queda el consuelo de haber visto, también, asistentes al partido que durante la celebración de NUESTRO HIMNO, adoptaban una postura respetuosa, con la cabeza en alto, no como algún jugador contaminado, y manteniéndose en pie practicaban el precioso galicismo de pegar la mano a su corazón.
¡Bah, solo ha sido una minoría!, dicen. Siempre una minoría, la que hace ruido siempre es una minoría, la que destroza, cada vez que les sale de los cataplines, la plaza de Cibeles o Canaletas, una minoría, se lo expliquen a comerciantes y transeúntes. Del mobiliario urbano ni que decir, pero este al fin y al cabo como lo pagamos todos con nuestros impuestos, si, con esos que sirven para la financiación de las autonomías, ¡bah, solo ha sido eso, una minoría!
Pues ya estoy hastiado, cansado, de ser de una mayoría en un silencio que raya en la complicidad y lo peor, que lo interpreten como complacencia. Comprobado que esa pretendida madurez de tanto feto musical es simplemente debido a una hidrocele crónica, cuídense de que no se les enrolle ese cordón umbilical, que tan ferozmente muerden, al cuello y se traguen su propio putrefacto liquido amniótico.

miércoles, 24 de junio de 2009

Te recuerdo Amanda...

Aquél día era especial para Manuel, su primera cita con Amanda. Durante muchos meses las cartas de uno y otra se habían cruzado en el camino, incluso a veces Manuel soñaba que en algún momento de sus recorridos inversos habrían dormidos juntas en algún frió cajetín de alguna Oficina de Correos.
La hora de salir del trabajo parecía no llegar nunca. Para colmo su jefe estaba molesto por el descenso de las ventas. Habían hecho balance y las cuentas no le cuadraban por muchas vueltas que le había dado, así que no casi no se explicaba como se había atrevido a pedirle un par de horas libres.
Miraba de reojo el reloj mientras conducía, las 3:45, “tranquilo”, se decía, “tengo tiempo de sobra hasta la 5:00 en que hemos quedado”, al fin y al cabo , solo era para tomar un café. Solo para tomar un café, con la cantidad de cosas que habían dejado plasmadas en aquellas incontables cartas, con la cantidad de amor que habían pintado en aquellas interminables llanuras de papel.
Algo perturbaba sus pensamientos, no llevaba ningún regalo en su primer encuentro. Quizás si pasase por una floristería le gustaría comprarle un nardo, era la flor preferida de Amanda, se lo había comentado en una de sus cartas. Por su cabeza iba pasando un enorme catálogo de posibles presentes, unos les parecían inapropiados para el momento y otros de dudoso gusto para una dama como ella, distinguida, elegante y hermosa. Así que cuando caía en la cuenta en eso de presentarse con las manos vacías le torturaba la idea.
Sin darse cuenta pisaba el acelerador, “no puedo llegar tarde en mi primera cita” y eso que Amanda le dijo que ella terminaba su trabajo en aquella oficina de la inmobiliaria a las 5 y que estaría con él, entre las 5 y las 5:05. Pero recordaba que en una de las cartas, sin duda para tomarle el pelo en ese juego de nervios entre desconocidos, dijo que pediría unas horas libres aquella tarde para ser ella la que jugase con ventaja y verle primero aparecer por la puerta. Manuel sonreía mientras se recordaba leyendo aquella carta, “te esperaré sentada en una de las mesas de ese bar, con un libro en mis manos, así si te demoras aprovecharé el tiempo leyendo y además me reconocerás".
No le convencía mucho la idea de que ella hubiese elegido ese local próximo al su trabajo. Ella estaría familiarizada con el entorno, en su terreno, se sentiría segura. Él estaría en inferioridad de condiciones, en un entorno hostil que nunca había pisado antes, tanto que si no fuese porque Amanda casi le dibujase un plano en unas de sus últimas cartas, nunca lo hubiese encontrado.
Dió varias vueltas alrededor del bar buscando aparcamiento, dos o tres calles más allá encontró un solitario hueco aun caliente por otro que acabaría de abandonarlo.
Apenas poner un pie en el suelo volvió a mirar su reloj, 4:05, faltaba casi una hora. Se puso su chaquetón para aliviar la sensación de frío de aquella tarde de invierno y comenzó a caminar por aquellas aceras atravesando las calles que le separaban de su destino.
Vio de lejos el bar, un cajón rectangular que daba a dos calles, montado por una mole de pisos, una puerta a cada calle y rodeado de ventanas con cristales opacos de colores.A medida que se acercaba, a través de aquellos cristales de una ventana, se adivinaba la figura de una dama sentada en una mesa con el torso inclinado sobre un libro. Manuel se detuvo junto a la ventana intentando adivinar si aquella mujer al otro lado era Amanda, quizás se hubiese adelantado como anunció en aquella carta. Sintió como el corazón se aceleraba al girar aquél pomo y empujar la puerta, instintivamente buscó con su mirada allí donde había visto sentada aquella mujer.
Manuel había elegido entre las mesas que quedaban libres, aquella que estaba en un rincón, junto a la de aquella extraña. Se quitó el chaquetón y lo puso en el respaldo de una de las cuatro sillas vacías que rodeaban aquella mesa redonda.Se sentó de espaldas a la puerta por la que había entrado y de frente a la otra.
Para poder mirar a la dama del libro tenia que girar la cabeza, le parecía que podía llamar su atención y quizás importunarla, así que apenas se había sentado, se levantó de nuevo y se sentó en la silla de al lado, la que estaba justamente en el rincón que formaba una de las esquinas del bar, frente a la mujer. Desde aquella situación podría ver llegar a Amanda entrase por una u otra puerta.
Al sentarse se dio un golpe en las rodillas, algo había oculto debajo de la mesa, se había sentado justamente en la silla que señalaba la posición de una de las patas. Adaptó su postura, algo más incomoda que la que tenía en su silla anterior y fingió estar relajado, como si el resto de la Humanidad le estuviese escudriñando.
.Nunca había visto antes a Amanda, alguna foto que poco decía de su físico. Solo recordaba vagamente detalles que ella le había descrito tiempo atrás. Su pelo rizado con algún veteado rojizo y cortado a la altura de los hombros, fue el responsable de que no se hubiese sentado nada más entrar en la mesa con aquella mujer después de zamparle dos besos, esta lo tenia liso, sujeto en un moño y casi rubio platino. Aún así, y aunque casi convencido de que no era Amanda, con miradas furtivas o rayando el descaro calculó la edad. Siempre se equivocaba cuando hacía esto para divertirse, así que dejó un margen suficiente en sus cálculos para evitar errar. No, no podía ser Amanda, esa mujer sentada era mayor que ella y fea, Amanda no podía ser fea, ahora sí sabía que aun no había llegado.
Miró de nuevo su reloj de pulsera, aún seguía faltando casi una hora, no se había dado cuenta que solo hacía unos minutos que lo había mirado al entrar, los nervios, pensó.
Levantó casi tímidamente la mano para llamar la atención de alguna de las camareras, estas, sintió Manuel que le habían estado observado desde que entró.
Joder, si pido un café, de aquí a que llegue me puedo haber tomado por lo menos cuatro, lo que le faltaba a mis nervios, pensaba Manuel, “una manzanilla, por favor” pidió a la camarera que esperaba pacientemente y tiesa como una estaca junto a la mesa con la libretita y el boli en la mano mirando fijamente.
Tomó aquella especie de tetera metálica por su pequeña asa para no quemarse y llenó de manzanilla su taza, mientras, observaba la gente que ocupaban las otras mesas.
Detrás de la dama del libro, tres mujeres y un hombre debatían animadamente sobre sistemas y métodos educativos, una de ellas, la más resuelta, llevaba la voz cantante y el resto seguían sus razonamientos y explicaciones con interés sublime.En otra mesa frente a Manuel y al lado de la dama lectora, dos hombres la ocupaban, y en el tiempo que estuvieron ya eran varios cubatas los que le habían hecho compañía, mientras, uno de ellos más acalorado, vehemente gesticulaba con signos evidentes de enfado por algún incidente en el que se mezclaban médicos y abogados, posiblemente se tratase de algún accidente de trafico.
Echó un trago de manzanilla, más fría que antes, mientras algo llamó su atención, la dama enfrente de él cerró lentamente el libro, lo guardó parsimoniosamente en su bolso, se quitó las gafas y las introdujo en su funda , se levantó de la mesa , cogió su abrigo y muy seria , se marchó. Seguro que habría estado esperando a su Manuel, pero ese no vino.
Un cenicero aburrido le invitó a encender un cigarrillo, sacó de su bolsillo dos encendedores, el suyo y ese otro que le habían regalado en el Estanco cuando compró por la mañana un paquete de tabaco. Era de miles de colorines, como de una estampa de feria, coqueto u hortera, depende de a quien le tocase.
Cuando la chica del Estanco se lo regaló junto con su sonrisa, probó a encenderlo. Como siempre, como todos los encendedores, giras con el pulgar la ruedecita y presionas la palanquita, vamos, simple, pues no, aquella especie de papagayos con llamita no encendió. Se volvió a la chica y le dijo, “Disculpa, pero esto no enciende”, la chica estrenó una muesca entre burlona y malvada para replicarle, “ Sí funciona, lo que ocurre es que este encendedor es a prueba de niños, tienes que levantar primero la palanquita hasta una posición más elevada y después, como todos”, y se encendió, “jeje, la leshe con el joío encendedor”.
Un periódico que compró en un kiosco que encontró en el camino del coche al bar, disimulaba su impaciencia y su estancia.
De vez en cuando le asaltaba la duda sobre la conveniencia de aquella cita, aquél lugar y el tiempo que llevaba esperando.
Leyó los titulares, se paseó por sus paginas interiores, artículos de autor y opiniones de los lectores, si hubiese tenido un bolígrafo a mano habría intentado hincarle el diente al presumido crucigrama, miró de nuevo el reloj y vuelta a la portada.
Sin duda era ella, había llegado.Apenas había cruzado la puerta de entrada, la perdió de vista, una columna inoportuna durante unos instantes le tapó la visión. Él se levantó inmediatamente, era la consigna que habían previamente acordado para que pudiese reconocer a Manuel. Ya al otro de la columna, ella giró su cabeza y se dirigió derecha a él, como si le conociese de toda la vida. Subió un par de escalones que elevaba el espacio reservado para las mesas sobre el resto del recinto y se plantó delante de Manuel, este la esperaba a unos pasos de la mesa. Allí estaba Amanda, erguida, con la distinción de una reina, con un abrigo beig largo, la manos en sus bolsillos. Su pelo ligeramente rizado, castaño, veteado de tímidos tonos rojizos mantenía despejada su frente, un claro de luna. Sus cejas eran dos arcos de medio punto que albergaban sus ojos bajo su dintel. Tenían estos una suave inclinación que imitaban la belleza de los ojos de una geisha, verdes, de una pureza verde envidiada por las esmeraldas. Su nariz, pequeña, recta y coqueta era una especie de centinela sobre el precioso mar de su boca.Sus labios delgados y perfilados por un color rojo atenuado, encerraban dos hileras de dientes pequeños, como un rosario de diminutas perlas. Su barbilla redondeada era el broche de aquél rostro pequeño y harmonioso.
Manuel por unos instantes creyó estar en presencia de una virgen, pequeñita, delicada, de blanca pureza, muy hermosa.
Un “Hola” se abrió paso entre una resplandeciente sonrisa, era la primera vez que Manuel oía de primera mano la voz de Amanda.Acercó su cara al rostro de ella, un aroma que caía desde su pelo la envolvía toda, y le dejó prendidos en sus mejillas dos besos que se posaron suaves como palomas.
Amanda se encaminó a la mesa que había estado ocupando Manuel, este la siguió con intención de ayudarle a quitarse el abrigo, pero ella rodeó la mesa sin notarlo, se quitó el abrigo, lo dobló y lo dejó sobre el respaldo de la silla del rincón, donde estuvo esperando Manuel.
Preguntó “¿Dónde me siento?”, no le dio tiempo a contestar porque ella ya había elegido una silla, se sentó y al momento se levantó y mudó a la del rincón, donde momentos antes había abandonado su abrigo.Curiosamente y sin saberlo, se había paseado por las mismas sillas que Manuel durante la espera.“Ahí está la pata” le advirtió Manuel, “¿Cómo”?, preguntó Amanda extrañada, con en el tomo de de quien no sabe de que se le habla, “No, que te decía que en esa silla están las patas de la mesa, jaja, “No importa”.
Se acabó sentando en la misma silla sobre la que había doblado el abrigo en su respaldo, quizás le incomode la situación y mi compañía o quizás también le afectan algo los nervios, pensó Manuel consolándose en la duda.
Volvió a levantar la mano mirando a la barra detrás de la que se habían refugiado un par de camareras, una de ellas se acercó con celeridad a la mesa y Manuel mirando a Amanda le preguntó “¿Qué quieres tomar?”, esta dirigiéndose a la camarera,“un té con limón”, “y ud?, “otra manzanilla, por favor” respondió Manuel.
-Bueno, ¿y que?, ¿decepcionado? preguntó Amanda, Manuel la contemplaba con el recogimiento del peregrino, ensimismado.
-Para nada, eres guapísima
-Gracias, dijo Amanda, me gusta tu interior , continuó, y además, no he sentido ese rechazo a flor de piel al verte, como ocurre algunas veces al ver a alguien, ya sabes. A Manuel no era lo que le hubiese gustado escuchar , pero ya sabía de antemano que no lo iba a oír, así que pensó socarronamente “ Menos mal que me curé la lepra hace un par de días”, no dijo nada, simplemente sonrió y susurró:
-Ya ves, es lo que hay, jaja, ya te lo advertí.
-¿Llevas mucho tiempo esperando? preguntó Amanda.
-No, solo unos minutos, mintió Manuel, pensó que pensaría que era de tontos llevar esperando prácticamente una hora, cuando ya le había anunciado a la hora que salía de trabajar.
-Pues para ser unos minutos, ya llevas dos cigarros, jaja, dijo señalando el traidor cenicero. Manuel se percató de lo observadora que era, seguro que ya se habría fijado con todo detalle en él, el juicio ya habría terminado y la suerte echada así que ya no había vuelta a tras.
Amanda habló de su niñez, de esos recuerdos que cada uno tiene grabados a fuego en la memoria, por lo cuales justificaba esa necesidad inconsciente de sentarse siempre de espaldas a la pared.
Ella siguió hablando, él, simplemente escuchaba, la adoraba con su silencio, mientras, su mano jugueteaba con una servilleta.
-¿Estás nervioso? preguntó Amanda mirando la mano de Manuel. Estuvo a punto de negarlo, pero era tan evidente, además recordó una de las premisas que ambos se habían propuesto desde el comienzo de aquellas cartas, no ocultarse mutuamente los sentimientos.
-Sí, respondió Manuel, ten en cuenta que para mí es la primera vez.
-Jaja, vamos, que tu te crees que cada día de la semana como hoy, me cito con alguien diferente, jaja, dijo Amanda.
En sus palabras él creyó ver una descarga de ironía y decepción por su anterior respuesta, se dió cuenta de lo desacertado de su frase, culpa de aquellos ojos profundos y serenos lagos verdes que le miraban.
Le parecía imposible tener allí sentada a su lado un ser tan hermoso, era el hombre más feliz del mundo. Si hubiese podido, si hubiese estado en otro lugar, si supiese que no iba a ser rechazado, la hubiese besado, hubiese sellado aquellos labios con los suyos, se hubiese arrojado en el interior de su boca.
Amanda desvió un momento su mirada, saludó a alguien detrás de Manuel, seguramente algún conocido de su trabajo, pensó. Manuel giró la cabeza, era un chico joven con su pareja en una mesa, a los que vió llegar antes de que entrase Amanda. Adivinó que la atención de ella al entorno era fruto de su aburrimiento, lo comprendió, se sintió mal al pensarlo.
-Ya te dije Amanda que soy muy tímido, vamos, más corto que las mangas de un chaleco, jajá.
-No lo creo, leyendo tus cartas, no es precisamente eso lo que pareces.
-Pues sí, lo soy, jaja
-Fumaré un cigarrillo, dijo Amanda, Manuel sabía que ambos fumaban el mismo tabaco, se aprestó para ofrecerle un cigarrillo de su paquete que aún estaba en la mesa, testigo de aquella larga espera.
-Gracias, alargó la mano para abrir su bolso y coger su encendedor.Manuel se levantó, buscó en los bolsillos de su pantalón hasta que encontró lo que buscaba.
-Tengo algo para ti, si eres capaz de encenderlo, jaja,
Sacó aquél encendedor que le regalasen por la mañana, era todo lo que le había llevado por regalo, aún le dolía pensarlo.Una sonrisa picarona asomó en Manuel. Observaba cuidadosamente a Amanda, su reacción, si sería capaz o no de arrancarle una llama a aquel encendedor con más colores que de indio en pie de guerra, cuanto tiempo tardaría o intentos haría. Ella lo tomó en su mano, lo miró, y ¡!Zas!!, lo encendió, a la primera.
-¡¡Leshe!! si he estado a punto de devolvérselo a la chica del estanco que me lo regaló porque no encendía, jaja, dijo Manuel.
-Jajaja, si es muy fácil, además lo pone aquí, fíjate. Efectivamente, en el cuerpo del encender, dos viñetas explicaban el mecanismo combinado de aquél extraño artilugio del demonio.
Sonó un móvil, Amanda inclinó su cuerpo hasta la silla de al lado donde tenía su bolso. Comenzó a rebuscar por ese batí burrillo de variopintas cosas que casi le ocupaban los intestinos de aquél ser de piel hueca. Lo descolgó y comenzó a hablar. De cuantos días libres pediría en el trabajo y cuando los disfrutaría, se aproximan las vacaciones y quizás las estaban haciendo coincidir para disfrutarlas juntos.Fueron los momentos más difíciles para Manuel, se sentía un invasor de la intimidad de ella, sin ningún derecho a presenciar esa conversación; si no fuese por la impresión que hubiese dado, se habría levantado y alejado de la mesa hasta que terminase.
Entonces se dio cuenta de lo que ya sabía, era un extraño en la estructurada existencia de ella. Por unos momentos mirando a Amanda mientras hablaba por el móvil pensó “¿Qué pinto yo aquí?”, se sintió un extraño fuera de su lugar, del de ella, en el lugar equivocado, en un tiempo equivocado, quizás hasta con la mujer equivocada, la escena le hubiese parecido grotesca o esperpéntica si no fuese por la amarga realidad.Sin embargo, aquella situación sabía que no la había provocado Amanda, ella nunca hubiese descolgado su móvil mientras durase el encuentro. Ella era un ser de un tacto y una educación exquisita, y aguantaría estoicamente con una sonrisa pintada en su rostro hasta que nos despidiésemos.
Manuel en el fondo se sentía agradecido por el esfuerzo que le intuía a Amanda, por aquella mentirillilla piadosa de hacer que se sintiese en la gloría, en compañía de un ángel.
Al terminar con el móvil, Amanda le regaló su mirada verde y transparente, su mejor sonrisa, por unos momentos a Manuel se le disiparon aquellos negros presentimientos.
-¿A que no sabes que me ha pasado esta tarde? , dijo Amanda sonriendo
-No, dime
-Al entrar en el Aparcamiento, el coche se me ha parado y no he podido arrancarlo, me han tenido que empujar tres hombres para aparcarlo, claro que o me empujan o no podían pasar, y yo dentro al volante, jajaja.
-Tengo los cables en el maletero de mi coche, ahora si quieres lo pongo junto al tuyo y lo arrancamos, seguramente será un problema con la batería.
-No, no te preocupes, creo que intentando arrancarlo, lo he ahogado, jaja.
Sin darse cuenta las tazas de ambos se habían vaciado, el tiempo había pasado sin piedad. Manuel había tenido tiempo para llevarse robada la imagen de Amanda, a partir de ese momento nadie, ni incluso ella, podría disolverla de su memoria. Guardaría aquellos momentos, su imagen, sus palabras, su risa, sus ojos, todo, en su corazón, en ese sagrado rincón de lo imperecedero. Nunca olvidaría como iba vestida. Una blusa con cuello de pico que dejaba ver el angosto paso entre sus pechos, dos esperanzas de vida y pasión. Un pantalón blanco dibujaba sus caderas, las enmarcaba en una sinfonía de suaves curvaturas. Las botas de tacones le daban la esbeltez de la garza, caminando dejaba el rastro de una estela de delicados vaivenes.
-Yo no tengo prisa, pero creo que se te está haciendo tarde para volver a tu pueblo, dijo Amanda.
-Si, es está haciendo tarde, creo que será mejor que me marche ya.
-En serio, ¿quieres que vaya por mi coche para arrancar el tuyo?, reiteró Manuel.
-No, que va, si no arranca, me voy caminando, si vivo muy cerca, ya ves, muchos días vengo caminando, muchas gracias.
Manuel hubiese querido ofrecerse para llevarla a su casa, pero desitió ante las anteriores negativas, quizás, pensó, no se sintiese cómoda con el ofrecimiento.
-Deja que te invite, dijo amablemente Amanda.
-No, claro que no, ¡¡hasta ahí podíamos llegar!!,jaja, Manuel llamó la atención de una camarera que se acercó con prontitud.
-Por favor dígame que le debo.
-Nada, dijo esta, les han invitado el chico que estaba con su novia en la mesa de atrás.“Menos mal que ha sido poco”, pensó Manuel sorprendido.
Ambos se levantaron, Amanda echó un último vistazo a la superficie de la mesa.
–Ahh, mira se me olvidaba, mientras cogía aquél objeto que más parecía un papagayo reventado que un encendedor y lo dejaba en su bolso. “No me extraña que se le olvide, joé , vaya ocurrencia de regalo” se dijo a sí mismo Manuel.
Se pusieron sus abrigos y salieron a la calle. Allí dio dos besos a Amanda en sus cálidas y tersas mejillas antes de cruzar la ancha Avenida.
-Hasta pronto.
- Adiós cielo.
Manuel enderezó sus pasos por la acera de aquella calle en busca del coche.Mientras caminaba, sintió un alivio como si le hubiesen levantado un gran peso que le oprimiese. Pensar que aquella mujer le habría estado soportando todo aquél rato, que solo por educación podría haber estado aguantando su torpeza, su sosez, su grisácea persona, le reventaba sus sentidos.“Bueno, se dijo, al menos a Amanda le ha servido para algo, ahora sabrá apreciar mejor a su pareja, al compararlo conmigo se habrá dado cuenta del valor de lo que tiene.”, y eso le produjo un alivio de consuelo, una inmensa paz interior.
A medida que se alejaba se iba disipando la atmósfera, para él, casi irreal en la que todo se había desenvuelto.
Mientras conducía a su casa, Manuel iba saboreando cada segundo, cada fragmento, cada palabra, cada fotograma de aquella maravillosa película.

Carta a un amigo

Aquél dia me lo advirtió su hermano.
-Antonio ya no es aquel que tú conociste.
No lo quise creer, aunque hacia muchos años que no nos veíamos no lo quise creer.
Hace unos dias me respondió a un mensaje.
Como le recriminaba en nuestra juventud, ha vuelto a emplear frases aprendidas, hechas, y lo peor, por otro. Como hacia entonces las soltaba a menudo fuera de contexto, sin venir a cuento, sin sentido.
-Antonio, eres como los loros, tío, así le recriminaba esa costumbre cuando me sacaba de mis casillas.
Siempre le admiré por su inteligencia, por su facilidad para las matemáticas, la física y sobre todo para la química, literalmente se la bebía, la degustaba, la digería.
A mi eso de las soluciones únicas, del resultado inequívoco se me atragantaba, siempre he sido partidario de dar una oportunidad a la imaginación, a la iniciativa personal capaz de encontrar varias soluciones a un mismo problema.
¿Recuerdas Antonio aquellas largas noches de invierno que nos quedábamos toda la noche estudiando a base de café para preparar el examen del día siguiente?Yo si recuerdo tu infinita paciencia para explicarme aquellas jodidas matrices, aquellas integrales del demonio o eso de la química orgánica, la inorgánica, las valencias y los electrones danzantes , sin mencionar los cálculos de pesos moleculares y el ajuste de ecuaciones.
¿Recuerdas Antonio aquellas largas noches de invierno, cuando a eso de las tres o las cuatro de la madrugada, salíamos a pasear por las calles semi oscuras y desiertas para despejarnos?¿Recuerdas Antonio aquella noche en que regresamos a mi casa cansados de correr después de ese rato de relax? Habíamos conseguido sacar de sus casillas a aquel guardia municipal, con esa especie de salakov blanco como su porra, que nos llamaba desde lejos y vino hacía nosotros para preguntar que hacíamos a esa hora de la noche, a esa en que trabaja la gente te intenciones poco claras.Seguro que recuerdas aquel espíritu inconformista que compartíamos, aquellos autores prohibidos y como nos pasábamos sus canciones, estudiábamos sus letras revolucionarias.
¿Recuerdas Antonio ese bar donde hacíamos la parada obligatoria antes de subir a casa?
Seguro que recuerdas aquellos sermones reivindicativos con que acogotábamos a los pobres feligreses que tenían la desgracia de coincidir con nosotros en el bar. A aquellos pobres jornaleros que a lo más que aspiraban era a tomarse un par de vinos, a hablar de fútbol, de mujeres o del caprichoso tiempo, ese tiempo que a veces les hacia regresar a casa con las manos vacías y soportar la cara de desesperación de sus mujeres e hijos porque apenas tenían ni para comer.
¿Recuerdas como los arengábamos en contra del señoriíto de turno? De ese que los explotaba sin misericordia, de ese que encima de darles trabajo les daba la limosna del sueldo y les exigía silencio, sacrificio, sudor y complacencia.¿Recuerdas como preguntaban al dueño del bar?...-¿Quiénes son esos?
- Estudiantes.
-Se nota que están leídos, ellos si saben de las cosas, yo a los 12 años ya me había puesto mi padre a segar, así nos ha lucido el pelo.
Nosotros si que éramos salvapatrias, pero con la barriga llena, sabiendo que nos esperaban en casa para comer, no como aquellos infelices que tenían detrás de cada uno una familia que alimentar y no siempre lo conseguían. Que fácil es tirar con pólvora ajena.
Nosotros nos habíamos jurado que saldríamos de aquel pueblo. Intuíamos que al final de la última calle, de la última casa, el mundo seguía y se extendía hasta horizontes mucho más amplios.
Te fuiste a la Universidad Laboral, te marchaste unas semanas antes que yo.
¿Recuerdas Antonio, ese último día que partías? Si hombre, llegaste a mi casa con tu maleta, cogí la moto de mi padre para llevarte a la Estación y ahorrarte esperar autobuses. ¿Recuerdas como acabamos rodando por el suelo al doblar la primera esquina?, si, recuerdalo, recuerda que fue porque cuando te llevaba detrás decidiste cambiarte, ya en marcha, la maleta de una mano a otra.
¿Y como las cartas que nos enviabamos, ya estudiando fuera, las recibíamos abiertas? Alguien había a quien le escamaba nuestra posible revolucionaria amistad.
Un día de aquellas cortas vacaciones otro amigo me dijo..
-Antonio se ha echado novia
-¿Antonio?, anda ya, respondí atónito
- Lo que yo te diga, creeme que es verdad
-¿Quién es la novia?Era verdad, quizás fue el primer síntoma del cambio.Recuerda como decidimos no echarnos novia hasta no terminar los estudios.
Recuerdo aquella chica que lloraba desconsolada porque quería ser mi novia y le explicaba que pronto me marcharía, que no tenia sentido. De cómo para acompañarla a su casa anduvimos por las calles mas apartadas y solitarias, por vergüenza de que me viese alguien con una chica llorando a mi lado.
Él terminó su Ingeniería Técnica en Química.
Desde ese momento estaba seguro que pronto encontraría trabajo, conociendo su inteligencia, un buen trabajo.
Por esas cosas de la vida estuvimos algunos, pocos, años sin tener contacto. Al regresar a casa en unas de esas ocasiones especiales, pregunté por ti, donde habías encontrado trabajo, en que empresa o complejo químico, quizás en cualquier refinería o laboratorio de cualquier cosa.Te habías presentado y aprobado las oposiciones para Interventor del AVE, ¿y la Química? , segunda traición.
Con la cantidad de veces que habíamos hablado sobre aquellos amigos que habían desperdiciado sus ilusiones, a veces solo por quedarse allí donde nacimos.
Aquel que le encantaba la electrónica, que fabricó una radio con poco más que dos alambres y además con ella escuchábamos Radio Moscú, y acabó de fontanero, gracias a Dios un gran fontanero. O de aquél otro que comenzó en la Notaría de chico de los recados y acabó de Oficial de Notaría, hoy uno de los más prestigiosos, el mismo que comenzó a estudiar Derecho en la Universidad a Distancia y por aburrimiento no terminó la última asignatura de la carrera. O como compadecíamos a aquel que su padre lo sacó de la escuela a los 14 para trabajar en un taller de mecánica, hoy de los mejores mecánicos.
¿Recuerdas Antonio cuando te pregunté porque no habías buscado trabajo de químico?
-Es mejor tener la olla segura, me respondiste. Sí, eso seguro que lo dijiste al recordar aquel vagón aparcado en via muerta, Economato de la Renfe, donde por ser tu padre de Renfe iba tu familia y nosotros , los amigos, a comprar viandas y bebidas mas baratas para aquellos saraos que montabamos casi todas las semanas.
Aquellos donde conocimos por primera vez en aquella oscura habitación con una improvisada piesta de baile lo que era el calor de un cuerpo femenino.
En ese momento comencé a pensar que ya no eras el mismo de antes.
-Antonio ya no es aquel que tú conociste, ahora solo le interesa el dinero, me dijeron.
Se me vino a la memoria un viejo refrán, “era tan pobre, tan pobre, que solo tenía dinero” y me acordé de ti.
Te has ido separando de tus amigos, de tus hermanos, te has ido sacudiendo tu pasado. Ahora frecuentas amistades más selectas, más interesadas.
Seguro que recuerdas aquella vez que regresamos de una excursión con las bicicletas de nuestros padres, el único vehículo que tenían para ir a trabajar. De cómo llorabas al ver como a tu bicicleta se le habían partido dos radios porque metiste un pie accidentalmente entre ellos y temías lo que te esperaba al llegar a casa. De cómo desmonté la mía y con dos de mis radios te reparé la tuya. Y tu cara y tus palabras de agradecimiento. Eso Antonio no fue por dinero.Ayer cuando contentaste a mis mensajes, después de tantos años de no tener noticias tuyas, comprendí que tu hermano tenía razón.
Hace muchos años que dejaste de ser salvapatrias, tu, que no usabas ese apellido de tu abuelo porque fue uno de los miles y miles de salvapatrias que perdieron, que dieron su vida por eso, por salvar su patria.
Antonio, yo te creía inteligente, con inquietudes, con valores en definitiva. Antonio, yo todavía guardo un poquito de todo aquello. Yo, Antonio, aun soy capaz de sentir la obligación, la necesidad de hacer algo por lo demás, pero no por dinero Antonio.
Ahora siento un gran vacío, como cuando se pierde un amigo.
Ojalá Antonio, la vaca sagrada de piel dorada te aporte algo por lo que te merezca la pena perder lo que has ido perdiendo, lo que te has ido dejando atrás, permíteme que lo dude.
Yo Antonio tengo una fortuna mucho más grande que la tuya, y no he presumido nunca de ella hasta ahora, si, yo mantengo aquellos amigos, después de tantos años, de tanta vida pasada, ellos son mi fortuna, los mantengo, y me siento orgulloso de ellos, de cada uno, de todos, de los que según tu rasero, tienen más o menos riquezas, pero para mí son todos iguales, cada uno me aporta unas virtudes que tu has perdido, y me das pena.
Siento en mi interior un gran vacío, como cuando se pierde un amigo.
Si algún día coincidimos procuraré haberme enterado antes de todos los índices bursátiles, de las perspectivas de mercado, de los mercados de futuros, porque de los del pasado, de ese ya no te interesa.
Adiós Antonio, gracias por haber compartido conmigo lo mejor de ti.

Y no te quejes

Típica escena de peli yanki … baquero a toda pastilla por carretera de mala muerte con su destartalá camioneta. Adornando el radiador los cuernos de un Long Horn, sease de una vaca , vaca, no piedra de mechero. Sombrero al uso y una escopeta con mira telescópica, pa pegarle tiros a una lata, colgada a su espaldas atravesaba de lado a lado la ventanilla trasera de la cabina. El tubo de escape echando más humo que la chimenea de un nazi. Por la velocidad y el empeño del cow-pisha en medir la vía, era señal de haber estado destilando alcohol a destajo.
Ya se alejaba cagando leshes, cuando apareció por arte de magia un platillo volante. Sí, me muera que aquél coche de policía parecía más, nave nodriza por tanta lucecita de colores, que vehiculo bien nacido. Su sirena a todo trapo, martillo de confiados e incautos, pregonaba a las cuatro esquinas de la pradera quien mandaba en aquellos parajes.
Pues sí, así, de repente, de sopetón, como el que no quiere la cosa, de detrás de una caseta como de aperos o de herramientas al borde de la carretera, apareció el sheriff de aquél condado comido de moscas en persecución del intrépido astado.
“Jóe, que cabrones, se esconden y asechan como las arañas a las moscas”, pensé.
Me reconfortó que al menos en eso tendrían que aprender de nuestros Agentes de Trafico.
Ellos no se escondían, no se escondian, antes.
Aquellos nuestros ángeles de la guarda y de la Guardia anunciaban de lejos su presencia, es más, colocados en lugares estratégicos como cambios de rasantes, etc, con su sola visión ya enderezaban al más pintao.
Si te pasabas de listillo y no te tocaba uno que hiciese tiempo que no visitaba al Roca, todavía podías echar mano del arsenal de excusas e intentar salvar los muebles. Si lo lograbas… “ no, si en el fondo llevaba razón el señó guardia, menos mal que he topado con uno bueno” y si no conseguías librarte de la papela… “cago en tó, mala suerte oño, me ha tenido que tocar el estreñío.”
Pero desde que el Director General de la Benemérita es cualquier Roldán de la vida, marioneta del Gobierno de turno, la cosa ha cambiado.
“Tios, que la cosa tá mu mal, hay que recaudar más dinero”, dice el de Economía y Hacienda (que no somos todos ni leshes). ¡¡”¿Y como?”!!, ¡¡”¿de donde,jóe?!! si tenemos al personá mas seco que una mojama”, se solivianta la concurrencia al Consejo.
Hasta que levanta la mano el listillo de turno, “ de las multas de Trafico”, claro, ¿como no habían caído antes?, solución perfecta.
Con las multas de trafico pasa lo que pasa, además de la cara de haba, descompuesta y descolgá por sacarte las perras, te queda un sentimiento de culpabilidad que arrastrarás toda tu vida, ya se encargarán ya, la parienta y los niños de recordártelo a la primera de cambio pa que no se te olvide.
Y para que la cosa sea efectiva e inmisericorde y no deje posibilidad de perdón al señó Agente, se minarán de artilugios las carreteras de forma que trabajen día y noche repartiendo collejas a diestra y siniestra.
Aumentaron el Parque Móvil con la 5ª Flota en coches.
Los más leidos tenían carné de conducir , eah, pa los coches, los que no, se joan y apenquen en sus relucientes motos con las inclemencias del tiempo.
Y comenzaron emplazando sobre unos trípodes, un hibrido entre cámara de fotos de turista japonés, rádar de vigilancia costera y flash de paparachi para las noches, y el coche al lado con los listillos esperando dentro.
Así que cuando menos te lo esperabas te sacaban una foto la más de salá, con tu cochecito, su matricula, la hora, el día, la carretera y el peinado de la parienta, eso si, podías elegir entre papé brillo o satinao, digo si era atinao.
Pero debido a las bajas causadas entre los usuarios del marcapasos por el sobresalto de los fogonazos en la oscuridad de la noche, que la parienta que aparecía en la fotito, a veces no era la parienta, y que el interfecto negaba que fuese él el que conducía, que era su aguelo materno que iba de picos pardos, hubieron de cambiar la táctica.
Bueno, leshe, hecho ya el gasto, vamos a aprovechar lo que podamos, le quitamos el flash pa evitar más sustos, y pa que nadie niegue la mayor, una pareja de motoristas dará apoyo al coche reconociendo al conductor, ahh, nada de trípode, la cámara dentro del coche, que fuera se moja.
Como eso de esperar que caiga el incauto conductor es aburrido, monótono y poco rentable, y además, que se avisan los unos a los otros, pues hay que mejorar el método.
Primero, al que se coja haciendo señales a otro avisando de la emboscada, se caga vivo, y jóe, cuando se cansen de esperar, que patrullen, totá si el radar lo hemos adaptado de tal forma que caza a la espera y en movimiento la presa.
Hecho, comitivas de cazadores errantes recorrían las carreteras disparando, interceptando, identificando y marcando a fuego con multas las inmaculadas conciencias del respetable.
Pero como la recaudación no alcanzaba lo estimado, vuelta a devanarse los sesos, ¿Porqué?.
¡¡”Claro, si parecemos tontos !!, hasta un ciego ve de lejos nuestros coches, nos delata la pintura.”.
“Pues nada, se camuflan y me fumo un puro, ¡¡ hay que joerse, Martinez deme fuego oño!!” dijo el señó Dtor. Gral.
Je,je, la cosa funciona, el camuflao te enchufa a traición con su cámara y más palante te espera otro sin camuflar pa que firmes la sentencia.
Hay que optimizar medios, recursos humanos y materiales, de tal forma que la cuenta de resultados arroje un balance tan escandalosamente positivo que podamos emplear fondos en campañas publicitarias para hacer creer al currito que todo es por su bien, que mientras más palos le demos, mejor para él, que él es el culpable de sus desgracias y que se sienta afortunado de tener un ojo de Gran Hermano que le vigila por tierra y aire.
Así que a minar todo bicho viviente con cámaras saca perras, desde indicadores de dirección hasta postes kilométricos, desde los camuflados utilitarios hasta los de gama alta y de paso colocamos las de precisión con infrarrojos de los Apache en los helicópteros de toda la vida.
Ahora los señores Agentes de Tráfico te los puedes encontrar donde menos imaginas, escondidos tras una curva, agazapados en cualquier camino que desemboque en la carretera o paseando mezclados con los domingueros, si los sufridos conductores pudiesemos escondernos como ellos, jóe, todavía, pero no, ¿Dónde te vas a esconder?. Y además, si te escondes es peor, te enchufan un tubo por la boca que te llega a la campanilla y cuando te ven con los ojos saltones como un sapo…¡¡sopla!!.
Al menos aquél patrullero asaltaba al vaquero después de esperar pacientemente, a piñón fijo, con los sentidos puestos en su vigilancia.
Hoy esperan pero sufriendo los rigores de la calefacción y el aire acondicionado, mientras dormitan escuchando la Kiss FM, “ pa eso está en automático el radar”, él solo se lo guisa y se lo come, y al acabar la jornada sale un papelito entre las fauces de la cámara indicando el numero de presas, la cantidad recaudada, los puntos perdidos, felicitando al equipo y despidiéndose hasta el día siguiente.
Los han convertido en agentes al servicio del Torquemada de turno, en cuadrilleros y salteadores de caminos que se aprovechan de la nocturnidad, de los parajes solitarios o del anonimato del francotirador, todo vale con tal de aligerarte la bolsa.
Ya no te puedes fiar ni de tu sombra, no sería el primer caso que de ella saliese de repente el agente justiciero con su cámara en ristre, alcohólimetro y boli amenazador.
Y nos quejábamos de aquellas parejas de motoristas, con su toque de románticos jinetes bienhechores de viajeros y peregrinos, esos si que se ganan todo, mi respeto, mi admiración y mis suplicas, por si hay suerte y me escapo de la escabechina.

Las claves de mi vida

¡¡Yaaaaa, yaaaaa, para yá casho perro, joio despertador!!, todas las mañana lo mismo, si no fuera porque no tengo otro móvil ya le hubiese dado un par de pescozones.
Ahora bloquéalo para que no te marque en el bolsillo, con el ajetreo, el numero del jefe de la tribu los “come-cocos” de la isla de Papua-Nueva Guinea, como me pasó la ultima vez.. Por cierto, el trabajito que me costó de convencer al sujeto de que no quería huesos pa atravesar narices, que todo era un mal entendido.
Lo dicho, bloquéalo no seas tonto…”Introduzca la clave de bloqueo”, es verdad, leshe, la clave.
Salgo de casa, con la hora pegá al culo pa variar, me monto en el coche, otia, la alarma, bajo , me voy pa la centralita…”Introduzca la clave de seguridad”, otra, me digo.
Vuelta al coche, el “blutú”, por si me llama alguien, que siempre hay alguno que pa incordiar no tiene horario..”Introduzca la clave para activar el dispositivo”, oño, oño, tanta clave.
Llego a la oficina, me siento en mi mesa, botoncito del ordenador, al poco…” Nombre de Usuario”, bueno por lo menos no tengo que pensar mucho, acto seguido.. “Introduzca su clave personal”, ya me parecía mu fácil la cosa, toma clave.
Al poco, tengo que entrar en la Intranet sin más cáscaras si quiero dar hoy un palo al agua, …”Nombre de Usuario”, repetío es el joío, ..”Dominio”, ya me tas tocando los cataplines y….”Introduzca clave”, cago en tó lo que se menea, otra puñetera clave, sea.
“Illo, un día de estos voy a coger y voy a poner la misma clave para todo, leshe, que tenemos más claves quel Código da Vinci ese”, le comenté a un compañero. ¿Pa qué le dije nada?, se llevó las manos a la cabeza cual hubiese escuchado una herejía. “Ni se te ocurra, está prohibido por las Normas de Seguridad en la Información, Orden Ministerial 5438/90 de 12 de Julio”, oño, pasmao, una maquina el tio, a joerse tocan.
Después de pagar mi café y el del gorrón de siempre me he quedao más tieso quel as de bastos, así que antes de regresar a casa tengo que sacar perras de ese cajero que nunca está donde tu quieres.
Meto la sufrida tarjeta por la boca de la maquina y…. “Introduzca clave personal” , otra clave, eran pocas y parío la aguela. Pa colmo dice el chino que trabaja dentro de la caja metálica que no hay ni un chavo, que me joa, tie narices la cosa.
Repito la operación con otra tarjeta a ver si hay suerte…”Introduzca clave personal”, leshe, ¿cuál era la clave?, ahh si, …”Clave errónea, vuelva a Introducir su clave personal”, seríaaa, a ver…”Clave errónea, vuelva a Introducir su clave personal”, me tá subiendo la malaleshe, lo noto, entonces tiene que ser esta….…”Clave errónea, tarjeta retenida, para su devolución persónese en esta Oficina en horario laboral”, ¡¡¡ “me cago en tó, en los cajeros, los chinos, la pólvora, los palillos y la gran muralla”!!!.
A casa jodío, sin tarjeta, sin dinero y lo peor, a saber cuando podré ir a recoger el trozo de plástico, manda huevos, dijo el Trillo.
Jeje, en la caja fuerte seguro que queda algo de dinero de la última Glaciación, si, de cuando era capaz de ahorrar.
Me mira, la miro, nos miramos, ella espera impasible, yo ansioso por abrirle su intimidad.
¿Cuál era la claveeeeeeeeee? aggggggggggg.
No quiero ni pensar cuando el Pedro se asome por la mirilla de la puerta y me diga…”Introduzca su clave personal, para acceder al cielo”. ¡¡¡¿Otra clave?, ¿más claves?!!, vete al carajo y metete tu clave por semejante sitio, me voy a la puerta de al lado, que la abren a todo el que llega, sin tantos miramientos.