Erase una vez una serpiente que intentaba resguardarse de los cazadores en una cueva, pero era esta tan pequeña la hoquedad, que la mitad de su cuerpo quedaba fuera, así que tuvo que seguir huyendo hasta encontrar sitio seguro.
Un día que paseaba por el lugar pasó por delante de aquella cueva y volvió a entrar por curiosidad en su interior, encontró un topo que con su esfuerzo había conseguido alargar la cueva un poquito más.
Ya iba a servirle de comida cuando el topo asustado le dijo, "si no me matas, yo agrandaré la cueva para que te sirva de cobijo y te puedas esconder cuando te haga falta", la serpiente recordando lo apurada que se vio la ultima vez, aceptó.
De esta manera ambos se aseguraban su propio futuro, pues el topo estaría seguro de no ser devorado por la serpiente.
Cuando el topo contó lo ocurrido a sus amigos, estos le dijeron que no se fiase de la serpiente, ya que por su carácter traicionero, había devorado anteriormente a otros topos confiados, pero este convencido de la palabra de la serpiente hizo caso omiso de los consejos.
Cada día el topo agrandaba un poquito más el refugio para la serpiente.
A veces el topo paseaba por el campo junto a la serpiente, lo cual extrañaba mucho a sus amigos topos y en repetidas ocasiones volvieron a avisarle de la naturaleza de la serpiente y del peligro que corría con aquella amistad, era inutíl , el topo seguía confiando en la serpiente.
Los amigos del topo seguían desconfiando de la serpiente y de sus intenciones, no veían con claridad aquella extraña asociación, pero cuantos consejos daban al topo, este hacía oídos sordos pensando que aquellos le tenían envidia por tener como aliado tan poderoso animal.
Y así fueron pasando los días y las semanas, y cada día la cueva era un poquito más grande..y más..y más.
Un día el topo llamó a la serpiente, creyó que ya podría entrar completamente en su interior y que no volvería a correr peligro a causa de los humanos, esta fue a la cueva y entró completamente en ella, pero aún así le dijo, "Topo, está bien, pero necesitaría un poquito más ancho el final para poder pasar allí el Invierno cómodamente", el topo aceptó las razones de la serpiente y continuó trabajando.
La serpiente mientras tanto, cuando el topo necesitaba alguna fruta exótica del campo, se la traía en señal de su amistad con el ciego animal.
Y así siguieron pasando los días, el topo trabajando en la cueva, la serpiente proporcionando al topo cuanto necesitaba y este desoyendo los continuos avisos de sus amigos.
El topo fue envejeciendo y cada vez le costaba más seguir agrandando la cueva, hasta que llegó el día en que debido a su edad ya no tenia fuerzas para terminar la tarea, así que llamó a la serpiente y le dijo "Serpiente, lo siento pero ya no tengo las fuerzas de antes y no puedo seguir horadando la tierra, espero que después de tanto tiempo nuestra amistad continúe".
Entonces la serpiente le dijo "no te preocupes amigo Topo, aunque ya no puedas trabajar seguiremos siendo amigos y para que veas que es cierto, acompáñame al fondo de la cueva donde te tengo unas suculentas frutas de regalo"
El topo acompañó a la serpiente hasta el final de la cueva y al llegar, se sorprendió de que estaba vacía, entonces preguntó a la serpiente"¿donde están las frutas?, no hay nada" a lo que la serpiente le respondió," Ya eres viejo, ya no sirves para mis propósitos, así que pronto llegará el Invierno y necesito comida, tu serás mi comida", se acercó lentamente al topo y este asustado rogó por su vida. Le imploraba y recordaba tantos años juntos, tantos paseos, tantas comidas compartidas, pero todo fue inútil.
La serpiente en un rápido movimiento abrió su enorme boca y se lo tragó.
Moraleja: Madera y metal no pueden ser parte de un mismo árbol.
domingo, 25 de mayo de 2008
domingo, 18 de mayo de 2008
Un jardín en el asfalto.
Aquella tarde regresábamos a casa como todas las tardes que tenía entrenamiento, del pabellón de deportes de mi ciudad, de la ciudad donde mi hermano y yo habíamos nacido. Dábamos un pequeño rodeo, como siempre, para que mi padre me comprase un helado.
Él llevaba mis patines, mi "stick" de hockey y mi bolsa de deporte, yo con una mano sujetaba la suya y con la otra aguantaba aquel cucurucho haciendo malabares con las bolas de helado que a duras penas se mantenian en su sitio.
El sol ya cansado de la larga jornada apenas ponía mucho interés en seguir calentando las calles y los arboles que nos acompañaban por la acera nos regalaban sus sombras atenuadas por la suave brisa de una tarde de Abril.
Entre bocado y bocado, levantaba mi cabeza y miraba hacia arriba, lo veía alto, muy alto sobre mí y él me devolvía la mirada cosida a una enorme sonrisa.
Íbamos hablando como dos adultos, de sus partidas de mus,( del que era campeón del barrio), del partido recién acabado, del paseo de todos los domingos en bicicleta por el campo.
"Anda más ligerooo, tu madre nos espera, tenemos que ir de compras". Aunque él acomodaba sus pasos a los míos, yo me retrasaba sabiendo que cogido de su mano nunca me quedaría rezagado.
Siempre que iba asido a esa mano fuerte y cálida me sentía orgulloso, hoy era especial, en el partido había marcado dos goles y aunque él era el entrenador de mi equipo, del equipo infantil del pueblo, era imparcial.
Mientras jugueteaba con mi lengua dando formas diferentes al helado, iba pensando que una vez más había podido demostrar a los demás jugadores de mi equipo que si yo jugaba, no era por ser el hijo del entrenador, sino por mi propia valía y me sentía feliz de ver la cara de mi padre al verlo saltar con cada uno me mis goles.
De repente sonó un trueno, cerca, muy cerca de mí, tanto que del susto, un movimiento reflejo encogió mis hombros como un repentino escalofrió, y el helado cayó al suelo.
Miré para arriba y vi como caía, vi como se derrumbaba como una enorme torre de arena, como un roble centenario cercenado por el pie. En la caída, al pasar su cara junta la mía, sus ojos miraban fijos los míos y una sonrisa borrosa le acompañaba.
Con un golpe seco su cuerpo se estrelló contra la acera, como un pájaro alicortado, su mano aun sujetaba la mía.
Todo esparramado, stick, bolsa y patines, todo por el suelo, todo desordenado.
No alcanzaba a comprender que estaba ocurriendo, !!Papá..Papá!!, las lagrimas me invadieron, tirando con las mías intentaba levantarlo.
Llorando con el alma encogida, pedía ayuda desconsolado y al volver la cabeza buscando socorro y amparo, dos hombres corrían... dos encapuchados.
De su cabeza manaba un rio de vida a borbotones, encabritado, y pronto la acera y el asfalto se convirtió en un jardín de amapolas, de rosas rojas y geranios.
Su mirada seguía fija y su sonrisa borrado, seguía sin comprender porqué me hacia aquello, porque me había soltado.
Tiempo, mucho tiempo después, ya de su ausencia cansado, me dijo mi madre un día, entre dolor y llanto, "Hijo, Papá..no va a volver, a Papá....le han matado". "Alguno de los padres de tu amigos o algun Judas amargado, le puso un cruz en la espalda, como a Cristo crucificado".
Fue Txapote, el mismo que a tantos, el mismo que a Miguel Ángel Blanco, él fue el encargado.
Ya basta del silencio de los borregos asustados.
Ya basta del que mata con su silencio inmaculado.
Ya basta de mentiras, de politicos miserables que se atusan el traje para el entierro del desgraciado, de esos que navegan entre dos aguas recalando en la orilla que más engorde su mandato.
¿Quien pondrá cordura?, ¿Quien curará las heridas de esta España desangrada?.
Él llevaba mis patines, mi "stick" de hockey y mi bolsa de deporte, yo con una mano sujetaba la suya y con la otra aguantaba aquel cucurucho haciendo malabares con las bolas de helado que a duras penas se mantenian en su sitio.
El sol ya cansado de la larga jornada apenas ponía mucho interés en seguir calentando las calles y los arboles que nos acompañaban por la acera nos regalaban sus sombras atenuadas por la suave brisa de una tarde de Abril.
Entre bocado y bocado, levantaba mi cabeza y miraba hacia arriba, lo veía alto, muy alto sobre mí y él me devolvía la mirada cosida a una enorme sonrisa.
Íbamos hablando como dos adultos, de sus partidas de mus,( del que era campeón del barrio), del partido recién acabado, del paseo de todos los domingos en bicicleta por el campo.
"Anda más ligerooo, tu madre nos espera, tenemos que ir de compras". Aunque él acomodaba sus pasos a los míos, yo me retrasaba sabiendo que cogido de su mano nunca me quedaría rezagado.
Siempre que iba asido a esa mano fuerte y cálida me sentía orgulloso, hoy era especial, en el partido había marcado dos goles y aunque él era el entrenador de mi equipo, del equipo infantil del pueblo, era imparcial.
Mientras jugueteaba con mi lengua dando formas diferentes al helado, iba pensando que una vez más había podido demostrar a los demás jugadores de mi equipo que si yo jugaba, no era por ser el hijo del entrenador, sino por mi propia valía y me sentía feliz de ver la cara de mi padre al verlo saltar con cada uno me mis goles.
De repente sonó un trueno, cerca, muy cerca de mí, tanto que del susto, un movimiento reflejo encogió mis hombros como un repentino escalofrió, y el helado cayó al suelo.
Miré para arriba y vi como caía, vi como se derrumbaba como una enorme torre de arena, como un roble centenario cercenado por el pie. En la caída, al pasar su cara junta la mía, sus ojos miraban fijos los míos y una sonrisa borrosa le acompañaba.
Con un golpe seco su cuerpo se estrelló contra la acera, como un pájaro alicortado, su mano aun sujetaba la mía.
Todo esparramado, stick, bolsa y patines, todo por el suelo, todo desordenado.
No alcanzaba a comprender que estaba ocurriendo, !!Papá..Papá!!, las lagrimas me invadieron, tirando con las mías intentaba levantarlo.
Llorando con el alma encogida, pedía ayuda desconsolado y al volver la cabeza buscando socorro y amparo, dos hombres corrían... dos encapuchados.
De su cabeza manaba un rio de vida a borbotones, encabritado, y pronto la acera y el asfalto se convirtió en un jardín de amapolas, de rosas rojas y geranios.
Su mirada seguía fija y su sonrisa borrado, seguía sin comprender porqué me hacia aquello, porque me había soltado.
Tiempo, mucho tiempo después, ya de su ausencia cansado, me dijo mi madre un día, entre dolor y llanto, "Hijo, Papá..no va a volver, a Papá....le han matado". "Alguno de los padres de tu amigos o algun Judas amargado, le puso un cruz en la espalda, como a Cristo crucificado".
Fue Txapote, el mismo que a tantos, el mismo que a Miguel Ángel Blanco, él fue el encargado.
Ya basta del silencio de los borregos asustados.
Ya basta del que mata con su silencio inmaculado.
Ya basta de mentiras, de politicos miserables que se atusan el traje para el entierro del desgraciado, de esos que navegan entre dos aguas recalando en la orilla que más engorde su mandato.
¿Quien pondrá cordura?, ¿Quien curará las heridas de esta España desangrada?.
lunes, 12 de mayo de 2008
Grandes Batallas, La Plazuela
Estábamos con las canicas, jugándonos los cromos de futbolistas de aquella temporada.
Como ya habían "espeluchao" a Franci, el cabecilla de nuestra pandilla, a falta de poder seguir jugando porque había perdió hasta las alpargatas del utillero , este, encontró un palo tirado Dios sabe donde, y comenzó a darle el coñazo a los demás gesticulando con el palo a modo de "tizona" estoqueando y destripando a unos y otros.
Yo, pendiente de que el contrario no me hiciese la pirula y alegase que había golpeado mi bola con la suya para sacarme a "Iribar" que era de los más valiosos, no tenia mucha gana de participar en la jarana.
"Juer, Franci, no seas pesao tío y vete ar carajo con el palo", "Illo tate quieto o te doy una hostia", "Franci, ojones con el palo, que me has hecho daño", y así iba de uno a otro dándonos la tabarra, hasta que se" lió er taco".
Había lanzado Ángel su canica con tan buena fortuna que de un "tiro" mandó la canica de otro al extremo opuesto del "llanete", que era una inmensa calva en el empedrado de la calle, y estaba reclamando su justo premio, cuando Franci pintando cabriolas en el aire con su "acero desnudo" invadió el terreno de juego, desperdigando las canicas de todos y poniéndolas en desbandada.
Se acabó el juego, cada canica a su bolsillo y el que encontró otra "espada" se fue en busca del insolente y el que no, a pecho descubierto, también, para hacerle pagar la fechoría.
Aquél que se vio rodeado de sus propios acólitos, mas mosqueaos que un cura en el paro, se defendía repartiendo mandobles a diestro y siniestro, pero viendo la cosa muy negra y sin posible salvación, se le ocurrió una idea, porque solo a Franci se le ocurrían ideas en los momentos decisivos, por algo era el "cabecilla", y dijo "!!Un momento, un momento!! vamos a echarle una guerra a los de la Plazuela Lara", la turba sedienta de venganza se detuvo,"¿Einn?", "¿Y esos que nos han hecho?" preguntó el clásico mucha leyes, " !!Porque no nos dejan jugar al futbol!!, buena razón, nos convenció a todos, "!!Valeee!!", "A por espadas,engaaa" .
Fui a mi casa, tabla de una caja de tomates, y a la calle, al Cantillo, nuestro reino y lugar de concentración, pero..un momento, recordé de anteriores lides, los palos que me llevaba en la mano que aguanta la espada, así que ...un clavo, otro trozo de madera y lista la "cruz de guerra", por algo le pusieron a ese invento "guardamanos".
Espadas más largas, más cortas, más delgadas e incluso "tarugos" como los del "Rey de Bastos", uno, con la tapa redonda de la tinaja de las aceitunas se había improvisado un escudo, otros a falta de pan, sacaron los arcos y flechas de varas de olivo, el más radical, traía consigo su arco y flechas hechas con las varillas de un viejo paraguas, "Illo, ¿tas chalao? ¿que quieres dejar un tío tuertooo?", "Juer, si es que no tengo otra cosaaa", "Deja eso anda, que tás lipollas, te dejo er bastón de mi ágüelo que tá durmiendo, pero ten cuidao con él, otia, que me maja mi madre como se dé cuenta", "Venga vale que no le pasa ná, leshe".
Reunida la tropa con su variopinto armamento, una arenga del "general don Franci" enardeció tanto a los reunidos que apostábamos por quien incrementaría con más rapidez el colegio cardenalicio o quien plantaría más bollos en las cabezas de los enemigos.
Dispuestos ya para partir hacía la gloría, salta una voz desde el pelotón.."¿ Oyeeee...y si no hay nadie en la Plazuela Laraaa?", oño, es verdad, tendría guasa tanto ruido para no cascar ni una nuez. "Yo voy a asomarme a la esquina y si están hago una señal, ¿valeee?", jejeje, el espía, "Valeee, corre, aquí esperamos".
El observador avanzado corría calle abajo por el "Cerrillo Largo", calle que en un extremo estaba "el Cantillo", nuestro irreductible campamento y por el otro desembocaba en la Plazuela Lara, el campamento enemigo, nuestro objetivo y reino de "infieles".
Todos le seguíamos con la mirada mientras se alejaba, impacientes, algunos, los nervios le aflojaban los esfínteres y apartándose unos pasos aliviaban su ansiedad, "Niñoooooo, híjoooooo, ¿porqué no te meas en la puerta tu casaaa, habrase visto la poca vergüenza der niñoo", la vecina.
"Están, mira, la señal", efectivamente, podía comenzar la operación relámpago.
"Tú que tienes escudo, en la primera fila", "Juer, ya tamos"refuñó.
"Todos detrás de mí y sin hacer ruido, cuando lleguemos a la esquina antes de atacar, nos paramos, que no nos vean", "Venga", "Vamos", "Sí, vale”, jeje, todos de acuerdo
Si alguien creyó que aquello iba a ser una maniobra de aproximación ordenada y pulcra, va a apañao, un tropel de piojos descontrolados vociferantes e insubordinados arrollaron al líder quitándole su puesto de vanguardia.
"Jóeeee, hemos dicho en silencio y todos detrás de mí", protestó, "que se van a dar cuenta, oñoo"
Pelotón de "hunos" asomaban escalonadas las cabezas por el ángulo de la esquina observando al enemigo que jugaba confiado un partidillo de futbol entre ellos. Estaban tan ensimismados discutiendo si había sido o no falta, si la sangre de la rodilla del portero era fruto de una mala patada o de uno de los adoquines que sembraban la Plaza, que no se dieron cuenta de lo que se les venia encima.
!!Al ataqueeeee!!, la calle comenzó a vomitar aquel rosario de cafres dispuestos a repartir más palos que el tren de la feria.
Los otros, sorprendidos por el ruido y la avalancha que se les venia encima, giraron la cabeza y al ver la patulea armada, unos optaron por poner adoquines por medio y otros se quedaron petrificados sin saber que hacer.
A los pocos segundos aquello era una maraña de propios y extraños, de empujones, palos, gritos y lamentos.
Me dirigí al primero que estorbaba mi camino, el brazo levantado y la "espada" en alto, dispuesta a partir melones, a medida que me acercaba veía la expresión de sus ojos, su cabeza trataba de parapetarse detrás de sus antebrazos como púgil noqueado, "Este no merece la pena, tá cagao", así que lo deje atrás y seguí a por el próximo. Todo espaldas, una mole me pareció el jefecillo de los otros, nos sobresalía a todos un trecho, tenia sujeto a uno de los nuestros y pugnaba por quitarle el palo pa darle de su propia medicina, viendo que la cosa se le ponía fea y por las ganas con que imploraba el enano insolente, solo se me ocurrió una solución, descargue el mandoble en los costillares del gigante porque más alto no alcanzaba, oño, al otro, lo soltó de inmediato fruto de la impresión y el dolor, pero ahora se revolvió contra mí, y esa era cara de malaleshe y lo demás tonterías.
Ya me veía con menos piños que un arenque y correr, tontería. Por delante de su cara y hasta donde daba de sí mi "Colada" le estuve espantando moscas tanto tiempo como pude, mientras más se acercaba, yo, más reculaba. Se le entornaron los ojos y se echó mano a su espalda, el antes salvado, era ahora mi salvador, un estacazo bien dao entre la oreja y el hombro le hizo desistir de "ajustarme las cuentas". Viendo que uno por un lado y el otro por el reverso le iban a dar más palos que a un pulpo, optó por lo más inteligente en esos casos, "!!Gracias tío!!, "Amos por otrooo".
Los pocos que aguantaron el tipo en la primera embestida, al ver a su "Goliat" corriendo Calzada abajo se les descompuso el animo y "maricón el ultimo".
Resultado de la batalla, nuestros: dos camisas rajadas, tres espadas rotas y el escudo de madera intacto y alguna flecha perdida, el enemigo cautivo y desarmado , leñe esa es otra historia, algunos chichones, dos ojos moraos y unos cuantos de destrozos en la ropa, ahh bueno y aquél que se levantó del suelo con las manos en la cabeza, que no se supo si era chichón o descalabro, más por lo que soltaba por su boquita mientras corría pa su casa, tuvo que ser de todo un poco.
La victoria fue total pero poco tiempo tuvimos de disfrutarla. Ni a una hora llegó cuando un padre con el hijo de la mano, con más vendas que el camillero del Faraón, apareció llamando a la puerta de mi casa.
De nada sirvió el relato épico de aquella gloriosa jornada, ni las justas razones, ni "niños muertos", ni ná de ná, al final, pa mí, que salí perdiendo yo, el culo caliente y el resto del día recluido contando musarañas, ya se encargo mi padre de administrar justicia, leshe.
Al día siguiente en el Cantillo faltaba más gente que de costumbre, lo mío fue un día, pero a otros les duró la condena casi una semana, juer.
"Pa que aprendas a no ser cafre" eah.
Esto solo pospuso la siguiente batalla para unas semanas más tarde, jeje
Como ya habían "espeluchao" a Franci, el cabecilla de nuestra pandilla, a falta de poder seguir jugando porque había perdió hasta las alpargatas del utillero , este, encontró un palo tirado Dios sabe donde, y comenzó a darle el coñazo a los demás gesticulando con el palo a modo de "tizona" estoqueando y destripando a unos y otros.
Yo, pendiente de que el contrario no me hiciese la pirula y alegase que había golpeado mi bola con la suya para sacarme a "Iribar" que era de los más valiosos, no tenia mucha gana de participar en la jarana.
"Juer, Franci, no seas pesao tío y vete ar carajo con el palo", "Illo tate quieto o te doy una hostia", "Franci, ojones con el palo, que me has hecho daño", y así iba de uno a otro dándonos la tabarra, hasta que se" lió er taco".
Había lanzado Ángel su canica con tan buena fortuna que de un "tiro" mandó la canica de otro al extremo opuesto del "llanete", que era una inmensa calva en el empedrado de la calle, y estaba reclamando su justo premio, cuando Franci pintando cabriolas en el aire con su "acero desnudo" invadió el terreno de juego, desperdigando las canicas de todos y poniéndolas en desbandada.
Se acabó el juego, cada canica a su bolsillo y el que encontró otra "espada" se fue en busca del insolente y el que no, a pecho descubierto, también, para hacerle pagar la fechoría.
Aquél que se vio rodeado de sus propios acólitos, mas mosqueaos que un cura en el paro, se defendía repartiendo mandobles a diestro y siniestro, pero viendo la cosa muy negra y sin posible salvación, se le ocurrió una idea, porque solo a Franci se le ocurrían ideas en los momentos decisivos, por algo era el "cabecilla", y dijo "!!Un momento, un momento!! vamos a echarle una guerra a los de la Plazuela Lara", la turba sedienta de venganza se detuvo,"¿Einn?", "¿Y esos que nos han hecho?" preguntó el clásico mucha leyes, " !!Porque no nos dejan jugar al futbol!!, buena razón, nos convenció a todos, "!!Valeee!!", "A por espadas,engaaa" .
Fui a mi casa, tabla de una caja de tomates, y a la calle, al Cantillo, nuestro reino y lugar de concentración, pero..un momento, recordé de anteriores lides, los palos que me llevaba en la mano que aguanta la espada, así que ...un clavo, otro trozo de madera y lista la "cruz de guerra", por algo le pusieron a ese invento "guardamanos".
Espadas más largas, más cortas, más delgadas e incluso "tarugos" como los del "Rey de Bastos", uno, con la tapa redonda de la tinaja de las aceitunas se había improvisado un escudo, otros a falta de pan, sacaron los arcos y flechas de varas de olivo, el más radical, traía consigo su arco y flechas hechas con las varillas de un viejo paraguas, "Illo, ¿tas chalao? ¿que quieres dejar un tío tuertooo?", "Juer, si es que no tengo otra cosaaa", "Deja eso anda, que tás lipollas, te dejo er bastón de mi ágüelo que tá durmiendo, pero ten cuidao con él, otia, que me maja mi madre como se dé cuenta", "Venga vale que no le pasa ná, leshe".
Reunida la tropa con su variopinto armamento, una arenga del "general don Franci" enardeció tanto a los reunidos que apostábamos por quien incrementaría con más rapidez el colegio cardenalicio o quien plantaría más bollos en las cabezas de los enemigos.
Dispuestos ya para partir hacía la gloría, salta una voz desde el pelotón.."¿ Oyeeee...y si no hay nadie en la Plazuela Laraaa?", oño, es verdad, tendría guasa tanto ruido para no cascar ni una nuez. "Yo voy a asomarme a la esquina y si están hago una señal, ¿valeee?", jejeje, el espía, "Valeee, corre, aquí esperamos".
El observador avanzado corría calle abajo por el "Cerrillo Largo", calle que en un extremo estaba "el Cantillo", nuestro irreductible campamento y por el otro desembocaba en la Plazuela Lara, el campamento enemigo, nuestro objetivo y reino de "infieles".
Todos le seguíamos con la mirada mientras se alejaba, impacientes, algunos, los nervios le aflojaban los esfínteres y apartándose unos pasos aliviaban su ansiedad, "Niñoooooo, híjoooooo, ¿porqué no te meas en la puerta tu casaaa, habrase visto la poca vergüenza der niñoo", la vecina.
"Están, mira, la señal", efectivamente, podía comenzar la operación relámpago.
"Tú que tienes escudo, en la primera fila", "Juer, ya tamos"refuñó.
"Todos detrás de mí y sin hacer ruido, cuando lleguemos a la esquina antes de atacar, nos paramos, que no nos vean", "Venga", "Vamos", "Sí, vale”, jeje, todos de acuerdo
Si alguien creyó que aquello iba a ser una maniobra de aproximación ordenada y pulcra, va a apañao, un tropel de piojos descontrolados vociferantes e insubordinados arrollaron al líder quitándole su puesto de vanguardia.
"Jóeeee, hemos dicho en silencio y todos detrás de mí", protestó, "que se van a dar cuenta, oñoo"
Pelotón de "hunos" asomaban escalonadas las cabezas por el ángulo de la esquina observando al enemigo que jugaba confiado un partidillo de futbol entre ellos. Estaban tan ensimismados discutiendo si había sido o no falta, si la sangre de la rodilla del portero era fruto de una mala patada o de uno de los adoquines que sembraban la Plaza, que no se dieron cuenta de lo que se les venia encima.
!!Al ataqueeeee!!, la calle comenzó a vomitar aquel rosario de cafres dispuestos a repartir más palos que el tren de la feria.
Los otros, sorprendidos por el ruido y la avalancha que se les venia encima, giraron la cabeza y al ver la patulea armada, unos optaron por poner adoquines por medio y otros se quedaron petrificados sin saber que hacer.
A los pocos segundos aquello era una maraña de propios y extraños, de empujones, palos, gritos y lamentos.
Me dirigí al primero que estorbaba mi camino, el brazo levantado y la "espada" en alto, dispuesta a partir melones, a medida que me acercaba veía la expresión de sus ojos, su cabeza trataba de parapetarse detrás de sus antebrazos como púgil noqueado, "Este no merece la pena, tá cagao", así que lo deje atrás y seguí a por el próximo. Todo espaldas, una mole me pareció el jefecillo de los otros, nos sobresalía a todos un trecho, tenia sujeto a uno de los nuestros y pugnaba por quitarle el palo pa darle de su propia medicina, viendo que la cosa se le ponía fea y por las ganas con que imploraba el enano insolente, solo se me ocurrió una solución, descargue el mandoble en los costillares del gigante porque más alto no alcanzaba, oño, al otro, lo soltó de inmediato fruto de la impresión y el dolor, pero ahora se revolvió contra mí, y esa era cara de malaleshe y lo demás tonterías.
Ya me veía con menos piños que un arenque y correr, tontería. Por delante de su cara y hasta donde daba de sí mi "Colada" le estuve espantando moscas tanto tiempo como pude, mientras más se acercaba, yo, más reculaba. Se le entornaron los ojos y se echó mano a su espalda, el antes salvado, era ahora mi salvador, un estacazo bien dao entre la oreja y el hombro le hizo desistir de "ajustarme las cuentas". Viendo que uno por un lado y el otro por el reverso le iban a dar más palos que a un pulpo, optó por lo más inteligente en esos casos, "!!Gracias tío!!, "Amos por otrooo".
Los pocos que aguantaron el tipo en la primera embestida, al ver a su "Goliat" corriendo Calzada abajo se les descompuso el animo y "maricón el ultimo".
Resultado de la batalla, nuestros: dos camisas rajadas, tres espadas rotas y el escudo de madera intacto y alguna flecha perdida, el enemigo cautivo y desarmado , leñe esa es otra historia, algunos chichones, dos ojos moraos y unos cuantos de destrozos en la ropa, ahh bueno y aquél que se levantó del suelo con las manos en la cabeza, que no se supo si era chichón o descalabro, más por lo que soltaba por su boquita mientras corría pa su casa, tuvo que ser de todo un poco.
La victoria fue total pero poco tiempo tuvimos de disfrutarla. Ni a una hora llegó cuando un padre con el hijo de la mano, con más vendas que el camillero del Faraón, apareció llamando a la puerta de mi casa.
De nada sirvió el relato épico de aquella gloriosa jornada, ni las justas razones, ni "niños muertos", ni ná de ná, al final, pa mí, que salí perdiendo yo, el culo caliente y el resto del día recluido contando musarañas, ya se encargo mi padre de administrar justicia, leshe.
Al día siguiente en el Cantillo faltaba más gente que de costumbre, lo mío fue un día, pero a otros les duró la condena casi una semana, juer.
"Pa que aprendas a no ser cafre" eah.
Esto solo pospuso la siguiente batalla para unas semanas más tarde, jeje
martes, 29 de abril de 2008
El Gavilán y la Paloma
Había a un tío que estaba como una regaera, amos, con menos tornillos que una esponja y cuando le parecía al primer coche que pasaba cerca de la acera, él se ponía sobre el bordillo de esta , y se arrojaba sobre el vehículo. Así, entre pitos y flautas se sacaba unas perras a costa del incauto conductor o de su Seguro (al principio). Llegó a tener tanta fama de caza- coches que le pusieron por mote” El Gavilán “ , que como er pajarraco caza sus presas en movimiento.
Un día paseando tuve ocasión de contemplar lo refinado de su técnica.
Calle céntrica, semáforo en rojo, coches a punto de parar por el semáforo, el tío en el bordillo, calculando velocidad de aproximación, trayectoria y punto de impacto, un maquina, vamos. Victima, un Renault Clío verde, ya viene..ya viene…!!ahora!!, el Gavilán despliega las alas de la raída chaqueta y vuela por los aires camino del pajarillo verde …jejeje este ya no se me escapa. El tío del Clío, que ve un transeúnte a punto de ser espachurrado por su culpa, da un repentino volantazo a su izda. para alejarse de la acera y su victima.
Como resultado de la maniobra de alejamiento, el Clío casi atravesao en la calle, el Gavilán, en el asfalto cual largo era, brazos y piernas abiertos parecía una calcomanía, la napia en el cogote, la frente magullada y si no perdió algún piño, fue de milagro.
En sus comienzos le sacaba al Seguro del coche algún dinerillo o al conductor porque la cosa no fuese a más, pero es lo malo que tiene la fama, se le acabó el chollo, jaja.
Aquella interceptación fallida le costó la mofa de la concurrencia y casi otro piño por parte de conductor hecho un energúmeno “oño, si yo lo estaba viendo, si ya lo conozco, no es por pillarlo, si lo pillo le den ..(por la retaguardia) es el bollo que te hace en el capó, el tío sinvergüenza”
Un día paseando tuve ocasión de contemplar lo refinado de su técnica.
Calle céntrica, semáforo en rojo, coches a punto de parar por el semáforo, el tío en el bordillo, calculando velocidad de aproximación, trayectoria y punto de impacto, un maquina, vamos. Victima, un Renault Clío verde, ya viene..ya viene…!!ahora!!, el Gavilán despliega las alas de la raída chaqueta y vuela por los aires camino del pajarillo verde …jejeje este ya no se me escapa. El tío del Clío, que ve un transeúnte a punto de ser espachurrado por su culpa, da un repentino volantazo a su izda. para alejarse de la acera y su victima.
Como resultado de la maniobra de alejamiento, el Clío casi atravesao en la calle, el Gavilán, en el asfalto cual largo era, brazos y piernas abiertos parecía una calcomanía, la napia en el cogote, la frente magullada y si no perdió algún piño, fue de milagro.
En sus comienzos le sacaba al Seguro del coche algún dinerillo o al conductor porque la cosa no fuese a más, pero es lo malo que tiene la fama, se le acabó el chollo, jaja.
Aquella interceptación fallida le costó la mofa de la concurrencia y casi otro piño por parte de conductor hecho un energúmeno “oño, si yo lo estaba viendo, si ya lo conozco, no es por pillarlo, si lo pillo le den ..(por la retaguardia) es el bollo que te hace en el capó, el tío sinvergüenza”
miércoles, 16 de abril de 2008
Comed....Comded, malditos
La verdad, estaba impaciente, inquieto a medida que se acercaba la fecha, sentía curiosidad por volverlos a ver, por saber de ellos, sobre todo de los que hacia treinta años que perdí su rastro, por saber que derroteros habían tomado sus vidas, si sus expectativas se habían cumplido. Por renovar aquellos pactos de amistad eterna hoy enmohecidos por el paso del tiempo, por llorar con ellos por los ausentes, por esos a los que el destino les "puso los cuernos" y acabaron divorciados de la vida.
Gracias a la ardua labor del clásico que le va la marcha o a ese que le sobra tiempo como para organizar lo inorganizable, al caos, nos reuníamos los compañeros de Promoción, de aquella que hacía treinta años nos conjuramos para vencer el torrente furioso de la Providencia.
Treinta años, leche, dicho así hasta parece..nada, treinta años que terminamos la carrera, treinta años que se iniciaba otra más cruel, la más difícil,.Otra carrera totalmente diferente a aquella donde siempre encontrabas una mano dispuesta a sacarte del pozo de la desesperación, lejos de ese hombro dispuesto a cargar con tu cuerpo inerte, fruto del agotamiento y cercano a la deserción.
En esta hemos tenido que sortear la envida del igual, la negligencia e insensatez del de abajo y las arbitrariedades del de arriba, unas veces con éxito y otras revolcados y con la taleguilla desgarrada.
El primer punto de contacto, el bar del restaurante, primeros momentos de duda, primeros abrazos y primeras decepciones.
Aquel que el pelo le caía a chorros por los cuatro costados de la testa, ahora era un inmenso lago flanqueado por las recién descubiertas orejas. Ay de aquel que se partía los pectorales haciendo flexiones hasta debajo la cama, ahora lucia un pecho descolgado y prominente, culminado por un insultante ombligo. Y ¿que me dices de aquel que se ligaba hasta las taquilleras del cine?, juer, vaya estomago el de su parienta.
Oño, ¿tanto hemos cambiado?, de mí, por aquello de la cortesía, como yo, todos callaban, de lo que pensasen para sus adentros me lo puedo suponer, jaja.
A algunos los reconocía por el característico color de sus ojos, los azules..tienen que ser de fulanito, esos verdes intensos, de menganito, oño, el medio bizco, sutanito y aquel que miraba al mismo tiempo con uno a poniente y el otro al gobierno...el tal.
Creo que es lo único que no cambia con el tiempo, el color de los ojos, cambia todo lo que los rodea, pero el color, el color es el oasis inmune al paso del calendario, gracias a ellos algunos me recordaron, imagino que por el resto hubiese sido imposible.
Pasados los primeros momentos del reconocimiento y calurosos achuchones, alguien gritó aquello de "chicos, maricón el último" señalando a una interminable mesa en el interior del comedor. Plantada de hileras de botellas perfectamente alineadas como fila de penitentes, el variopinto bosque de copas , como arbustos, rodaban los innumerables lagos de platos, los cubiertos parecían legiones de domingueros playeros tumbados al dorado sol de las lámparas. Todo estaba dispuesto y bien dispuesto, solo faltaba que estos amigos desconocidos y olvidados tomasen sus puestos para el combate, se embozarán sus respectivas servilletas y..eah!! al lío.
Tomé asiento después de que lo hiciese el anfitrión, como tá mandao, y para que no me pase como siempre, que se me olvida, saqué del bolsillo del pantalón la jóia cajita de pastillas, Ebastel pa más señas, que se me estaba clavando inmisericorde en la ingle., la pastilla de la condena, la de la perpetúa alergia, y la puse en la mesa.
Es que meses atrás el galeno alergoporculizante me detectó una de esas. Alergia a un japonés que ni conozco, aunque seguramente me lo habré cruzado con su cámara en ristre y que se llama Anisaky, y mira que casualidad, también al perro, joputa bodeguero Pancho, desde que llegó me está matando a disgustos y enfermedades, con lo santo que era mi Collie, Aries.
El comensal de mi izquierda, saca un sobre y lo pone frente a él, también en la mesa. El de mi derecha saca una cajita pequeña de pastillitas diminutas, el de más allá una tira de cápsulas, el siguiente otras efervescentes y así...uno tras otro.
Eché un vistazo a la exposición farmacológica y parecía aquello una reunión de farmacéuticos hambrientos.
Después lo típico, oye ¿para que son esas pastillas?, me preguntan, "pa la joia alergia" ¿y ese sobre?, "para el estomago", "ahhhh" . Giro la cabeza y por inercia..misma pregunta, " para la tensión", "yo también para la tensión" anunciaba otro, cuatro más allá. "Lo mío es migraña" , " yo, lumbalgia", " el corazón, oño", " dolor de espalda" etc....etc...etc, "leñe"me dije, "un poco más y nos vemos todos asando chorizos a la lumbre del tío er tridente".
Terminadas las viandas...comienza el proceso de la destilación de alcoholes. A la tercera o cuarta ronda de coca cola rebajada con escoceses, ginebras y otras yerbas, la olla comienza a destaparse y a brotar las esencias.
!! "Illo, te cambio dos de alergia por una de alopecia"!!, "valeee, pero conste que sales ganando". "Ehhh, Cristóbal, anda pishita, cambiame una de esas azules por un sobrecito pal estomagooo", "¿Que dices, tío?, estas son pa levantar el animooo", "juer, andaaa, que es la única que me faltaaa". "Yo cambio dos para la espalda, por una pa los gases, que tío reventando", "pos te joes, que las tengo repes", !!cachiss!!.
Un mercaillo persa, un tenderete de oportunidades, un puesto del Rastro, todo se compra y se vende, pastillas de colores y supositorios celestes.
Al final como siempre, pagan justos por pecadores, el camarero, simpatizando con la reunión, también pidió, pidió algo pal sudor de pinrreles a cambio de una copa gratis y como siempre hay alguno que se bebe hasta el agua la cisternaaa, no tuvo otra ocurrencia que darle un par de pastillas pal estreñimiento que llevaba pa su jaca torda.
Todos avisados de la jugada y pendientes del pobre desgaciado, cronometrando el tiempo restante para la reacción de los diarreicos, risa contenida y sonrisa forzada poco se hizo esperar.
!!!"Me cago...otia, que me cagooo"!!!,saltó por encima de la barra como una cabra en celo, !!me cago!!..!"me cago"!...."me cagoooo", se perdió escaleras arriba con una mano en el culo aguantando algo abultado.
Al rato regresó, !!!me cagooo, en la mae que parió al gracioso"!!!," a ver quien limpia ahora er water y los últimos escalones", "oño, y lo peor", "¿como le explico lo de los pantalones a la parienta?"
"Ufff, que pesteeeee", recochineo de algún desalmado, "juer, si tá podrio" saltaba otro, "eso ha sido que te ha sentado algo mal", el que lo intentaba arreglar.
Pasadas las horas cuando las estrellas comienzan a bostezar y después de los cantos regionales de rigor, cada mochuelo a su olivo, no sin antes conjurarnos para la próxima dentro de otros treinta años, eso sí, paga el primero que llegue.
Gracias a la ardua labor del clásico que le va la marcha o a ese que le sobra tiempo como para organizar lo inorganizable, al caos, nos reuníamos los compañeros de Promoción, de aquella que hacía treinta años nos conjuramos para vencer el torrente furioso de la Providencia.
Treinta años, leche, dicho así hasta parece..nada, treinta años que terminamos la carrera, treinta años que se iniciaba otra más cruel, la más difícil,.Otra carrera totalmente diferente a aquella donde siempre encontrabas una mano dispuesta a sacarte del pozo de la desesperación, lejos de ese hombro dispuesto a cargar con tu cuerpo inerte, fruto del agotamiento y cercano a la deserción.
En esta hemos tenido que sortear la envida del igual, la negligencia e insensatez del de abajo y las arbitrariedades del de arriba, unas veces con éxito y otras revolcados y con la taleguilla desgarrada.
El primer punto de contacto, el bar del restaurante, primeros momentos de duda, primeros abrazos y primeras decepciones.
Aquel que el pelo le caía a chorros por los cuatro costados de la testa, ahora era un inmenso lago flanqueado por las recién descubiertas orejas. Ay de aquel que se partía los pectorales haciendo flexiones hasta debajo la cama, ahora lucia un pecho descolgado y prominente, culminado por un insultante ombligo. Y ¿que me dices de aquel que se ligaba hasta las taquilleras del cine?, juer, vaya estomago el de su parienta.
Oño, ¿tanto hemos cambiado?, de mí, por aquello de la cortesía, como yo, todos callaban, de lo que pensasen para sus adentros me lo puedo suponer, jaja.
A algunos los reconocía por el característico color de sus ojos, los azules..tienen que ser de fulanito, esos verdes intensos, de menganito, oño, el medio bizco, sutanito y aquel que miraba al mismo tiempo con uno a poniente y el otro al gobierno...el tal.
Creo que es lo único que no cambia con el tiempo, el color de los ojos, cambia todo lo que los rodea, pero el color, el color es el oasis inmune al paso del calendario, gracias a ellos algunos me recordaron, imagino que por el resto hubiese sido imposible.
Pasados los primeros momentos del reconocimiento y calurosos achuchones, alguien gritó aquello de "chicos, maricón el último" señalando a una interminable mesa en el interior del comedor. Plantada de hileras de botellas perfectamente alineadas como fila de penitentes, el variopinto bosque de copas , como arbustos, rodaban los innumerables lagos de platos, los cubiertos parecían legiones de domingueros playeros tumbados al dorado sol de las lámparas. Todo estaba dispuesto y bien dispuesto, solo faltaba que estos amigos desconocidos y olvidados tomasen sus puestos para el combate, se embozarán sus respectivas servilletas y..eah!! al lío.
Tomé asiento después de que lo hiciese el anfitrión, como tá mandao, y para que no me pase como siempre, que se me olvida, saqué del bolsillo del pantalón la jóia cajita de pastillas, Ebastel pa más señas, que se me estaba clavando inmisericorde en la ingle., la pastilla de la condena, la de la perpetúa alergia, y la puse en la mesa.
Es que meses atrás el galeno alergoporculizante me detectó una de esas. Alergia a un japonés que ni conozco, aunque seguramente me lo habré cruzado con su cámara en ristre y que se llama Anisaky, y mira que casualidad, también al perro, joputa bodeguero Pancho, desde que llegó me está matando a disgustos y enfermedades, con lo santo que era mi Collie, Aries.
El comensal de mi izquierda, saca un sobre y lo pone frente a él, también en la mesa. El de mi derecha saca una cajita pequeña de pastillitas diminutas, el de más allá una tira de cápsulas, el siguiente otras efervescentes y así...uno tras otro.
Eché un vistazo a la exposición farmacológica y parecía aquello una reunión de farmacéuticos hambrientos.
Después lo típico, oye ¿para que son esas pastillas?, me preguntan, "pa la joia alergia" ¿y ese sobre?, "para el estomago", "ahhhh" . Giro la cabeza y por inercia..misma pregunta, " para la tensión", "yo también para la tensión" anunciaba otro, cuatro más allá. "Lo mío es migraña" , " yo, lumbalgia", " el corazón, oño", " dolor de espalda" etc....etc...etc, "leñe"me dije, "un poco más y nos vemos todos asando chorizos a la lumbre del tío er tridente".
Terminadas las viandas...comienza el proceso de la destilación de alcoholes. A la tercera o cuarta ronda de coca cola rebajada con escoceses, ginebras y otras yerbas, la olla comienza a destaparse y a brotar las esencias.
!! "Illo, te cambio dos de alergia por una de alopecia"!!, "valeee, pero conste que sales ganando". "Ehhh, Cristóbal, anda pishita, cambiame una de esas azules por un sobrecito pal estomagooo", "¿Que dices, tío?, estas son pa levantar el animooo", "juer, andaaa, que es la única que me faltaaa". "Yo cambio dos para la espalda, por una pa los gases, que tío reventando", "pos te joes, que las tengo repes", !!cachiss!!.
Un mercaillo persa, un tenderete de oportunidades, un puesto del Rastro, todo se compra y se vende, pastillas de colores y supositorios celestes.
Al final como siempre, pagan justos por pecadores, el camarero, simpatizando con la reunión, también pidió, pidió algo pal sudor de pinrreles a cambio de una copa gratis y como siempre hay alguno que se bebe hasta el agua la cisternaaa, no tuvo otra ocurrencia que darle un par de pastillas pal estreñimiento que llevaba pa su jaca torda.
Todos avisados de la jugada y pendientes del pobre desgaciado, cronometrando el tiempo restante para la reacción de los diarreicos, risa contenida y sonrisa forzada poco se hizo esperar.
!!!"Me cago...otia, que me cagooo"!!!,saltó por encima de la barra como una cabra en celo, !!me cago!!..!"me cago"!...."me cagoooo", se perdió escaleras arriba con una mano en el culo aguantando algo abultado.
Al rato regresó, !!!me cagooo, en la mae que parió al gracioso"!!!," a ver quien limpia ahora er water y los últimos escalones", "oño, y lo peor", "¿como le explico lo de los pantalones a la parienta?"
"Ufff, que pesteeeee", recochineo de algún desalmado, "juer, si tá podrio" saltaba otro, "eso ha sido que te ha sentado algo mal", el que lo intentaba arreglar.
Pasadas las horas cuando las estrellas comienzan a bostezar y después de los cantos regionales de rigor, cada mochuelo a su olivo, no sin antes conjurarnos para la próxima dentro de otros treinta años, eso sí, paga el primero que llegue.
viernes, 28 de marzo de 2008
Caños
La primera vez que me espeloté en aquella playa de Caños de la Meca.
Chorro kilómetros, madrugón pa aprovechar el día y allí estábamos.
Miro pa un lado...pa el otro..”aquí, aquí que no nos ve nadie”, nos espelotamos, amontonamos todos la ropa pa que se viera de lejos, no sea que algún gracioso nos mande de vuelta con la hojita de parra, y.. pinganillos fueraaa, maricón el últimoooo, al aguaaaaaaaaa.........plasssssss.
Ya salíamos del primer remojón cuando vimos un tío que, por los goterones de sudor que corrían por su cuerpo serrano, venia corriendo por lo menos de Cádiz. Traía los ojos desencajados, corriendo con una mano en la pisha y la otra braceando como un legionario en la Castellana. Mientras corría, entre dientes decía... "japuta, la perra" ......"japuta, la perra”, " oño, ¿de quien corre el pavo?", me preguntaba.
A lo lejos, venia una chica con un perro, en el perro ni me fijé, pero la dueña, con unas largas trenzas que le caían como un torrente por el pecho, pa mojar sopitas. En seguida con la excusa de acariciar el perrito me acerqué a ella, me agaché y en pelotas como estaba, la joia perra sintió atracción por lo que cuelga, comenzó acercando su hocico, la chica decía "No,Testa ..otra vez no", "no te preocupes, si no hace nada" me decía.
Viendo que la cosa iba a más y que a la perra le había dado por mi "muñeco", disimuladamente me puse en pié, me di la vuelta y "¿pies pa que os quiero?".
Mientras más corría yo , más corría el bicho, no había manera de dejarla atrás. A lo lejos la chica gritaba "!!Testaaaaa!!"..."!!Testaaa"!!, y una leche pa la Testa, estaba obsesioná.
En la mili me decían , "correr en línea recta, es muerte segura" así que comencé a zigzaguear, tampoco se despistaba, subía playa arriba, la perra detrás, apunté para el agua y entré como un torpedo, nadé mar adentro como un condenao, la perra, también.
Menos mal que el agua fría, le calmó el instinto y se dio la vuelta. En esto llegó la dueña, el ángel de la guarda, la cogió entre sus brazos sujetándola, y ya puede respirar tranquilo. Salí del agua sin perder de vista el perrito, me reuní con mis amigos, cogimos la ropa y mientras regresábamos les decía..."Illos, ahora sé porque aquel desesperado decía lo de !!"japuta, la perra"!!
Chorro kilómetros, madrugón pa aprovechar el día y allí estábamos.
Miro pa un lado...pa el otro..”aquí, aquí que no nos ve nadie”, nos espelotamos, amontonamos todos la ropa pa que se viera de lejos, no sea que algún gracioso nos mande de vuelta con la hojita de parra, y.. pinganillos fueraaa, maricón el últimoooo, al aguaaaaaaaaa.........plasssssss.
Ya salíamos del primer remojón cuando vimos un tío que, por los goterones de sudor que corrían por su cuerpo serrano, venia corriendo por lo menos de Cádiz. Traía los ojos desencajados, corriendo con una mano en la pisha y la otra braceando como un legionario en la Castellana. Mientras corría, entre dientes decía... "japuta, la perra" ......"japuta, la perra”, " oño, ¿de quien corre el pavo?", me preguntaba.
A lo lejos, venia una chica con un perro, en el perro ni me fijé, pero la dueña, con unas largas trenzas que le caían como un torrente por el pecho, pa mojar sopitas. En seguida con la excusa de acariciar el perrito me acerqué a ella, me agaché y en pelotas como estaba, la joia perra sintió atracción por lo que cuelga, comenzó acercando su hocico, la chica decía "No,Testa ..otra vez no", "no te preocupes, si no hace nada" me decía.
Viendo que la cosa iba a más y que a la perra le había dado por mi "muñeco", disimuladamente me puse en pié, me di la vuelta y "¿pies pa que os quiero?".
Mientras más corría yo , más corría el bicho, no había manera de dejarla atrás. A lo lejos la chica gritaba "!!Testaaaaa!!"..."!!Testaaa"!!, y una leche pa la Testa, estaba obsesioná.
En la mili me decían , "correr en línea recta, es muerte segura" así que comencé a zigzaguear, tampoco se despistaba, subía playa arriba, la perra detrás, apunté para el agua y entré como un torpedo, nadé mar adentro como un condenao, la perra, también.
Menos mal que el agua fría, le calmó el instinto y se dio la vuelta. En esto llegó la dueña, el ángel de la guarda, la cogió entre sus brazos sujetándola, y ya puede respirar tranquilo. Salí del agua sin perder de vista el perrito, me reuní con mis amigos, cogimos la ropa y mientras regresábamos les decía..."Illos, ahora sé porque aquel desesperado decía lo de !!"japuta, la perra"!!
martes, 18 de marzo de 2008
Mi amiga soledad
En las noticias, como va siendo de un tiempo atrás casi corriente, "una anciana aparece en su piso, muerta desde hacia varios días", joder, me dije, vaya putada, toda la vida siendo útil para todo, para criar hijos, para ayudar en la construcción de un hogar, para mantenerlo en pie y al final del viaje te ves solo en el ultimo anden de ultima estación, la del olvido.
Y es que hay soledades y soledades. La física, la de ni un alma a tu alrededor, la que siente el perdido en el desierto, la del naufrago, la que a veces me ha rondado cuando era pequeño por no tener hermanos y no tenia con quien jugar, sobre todo en aquellas largas horas de la sagrada siesta, cuando todos mis amigos eran recluidos por sus padres, como yo, para que no diésemos la paliza al sufrido vecino que si estaba empeñado en dormirla, "si no quieres dormir, no duermas, pero no se sale hasta después de la siesta", es que eso de la siesta era de obligado cumplimiento en aquellos pueblos, claro que a mas de 40 a la sombra ¿que leche ibas a hacer mejor?.. jugar, joé.
Después de hacernos amigos la soledad y yo, me ha sido fiel toda la vida, es más creo que es la única amiga que aunque te enfades con ella no te abandona, ni aunque le pongas los cuernos, y mira que eso es grave.
Hay otra soledad, la del alma, aquella que aunque desbordado de gente, de sonrisas y saludos sin embargo no encuentras a nadie para compartir un secreto o una pena, porque la cosa no es eso de contar por contar, eso es tontería, cuando cuentas algo, algo de muy adentro, tienes que tener la certeza de que es la persona adecuada, como si buscases padre para tu futuro hijo, tienes que estar seguro de que sabrá guardar tu herida, que intentará suavizártela y que no se le escapará una carcajada cuando termines. Es la más joía, buscar a ese alguien es como buscar el zapato que te falta de entre un inmenso montón. Aunque también es cierto que ese alguien en quien puedes confiar, que te sabrá escuchar, esa persona no tiene porque estar en tu círculo más cercano, incluso a veces le conoces un día y descubres que es especial, que has encontrado terreno fértil para plantar tus inquietudes y no tiene nada que ver con el sexo, para nada.
Luego hay otra soledad, la terapéutica, la que te auto-recetas para que te ayude a aclarar sombras en el camino de la vida, claro que esta es la más divertida, las mas "light", esta cuando quieres la coges y cuando no la sueltas, como un paraguas. Unos se automedican con ella para inspirarse, para estos las musas habitan en la soledad, otros la buscan para que les cubra con su oscuro manto y a su sombra jugar lo prohibido.
En fin, es tan polifacética, tan voluble, tan variopinta, que cada uno tenemos nuestra propia soledad, como traje hecho a la medida.
La mía, la del alma, la regalo, no creo que haya disfrutado tanto de ella como me cuesta mantenerla.
Y es que hay soledades y soledades. La física, la de ni un alma a tu alrededor, la que siente el perdido en el desierto, la del naufrago, la que a veces me ha rondado cuando era pequeño por no tener hermanos y no tenia con quien jugar, sobre todo en aquellas largas horas de la sagrada siesta, cuando todos mis amigos eran recluidos por sus padres, como yo, para que no diésemos la paliza al sufrido vecino que si estaba empeñado en dormirla, "si no quieres dormir, no duermas, pero no se sale hasta después de la siesta", es que eso de la siesta era de obligado cumplimiento en aquellos pueblos, claro que a mas de 40 a la sombra ¿que leche ibas a hacer mejor?.. jugar, joé.
Después de hacernos amigos la soledad y yo, me ha sido fiel toda la vida, es más creo que es la única amiga que aunque te enfades con ella no te abandona, ni aunque le pongas los cuernos, y mira que eso es grave.
Hay otra soledad, la del alma, aquella que aunque desbordado de gente, de sonrisas y saludos sin embargo no encuentras a nadie para compartir un secreto o una pena, porque la cosa no es eso de contar por contar, eso es tontería, cuando cuentas algo, algo de muy adentro, tienes que tener la certeza de que es la persona adecuada, como si buscases padre para tu futuro hijo, tienes que estar seguro de que sabrá guardar tu herida, que intentará suavizártela y que no se le escapará una carcajada cuando termines. Es la más joía, buscar a ese alguien es como buscar el zapato que te falta de entre un inmenso montón. Aunque también es cierto que ese alguien en quien puedes confiar, que te sabrá escuchar, esa persona no tiene porque estar en tu círculo más cercano, incluso a veces le conoces un día y descubres que es especial, que has encontrado terreno fértil para plantar tus inquietudes y no tiene nada que ver con el sexo, para nada.
Luego hay otra soledad, la terapéutica, la que te auto-recetas para que te ayude a aclarar sombras en el camino de la vida, claro que esta es la más divertida, las mas "light", esta cuando quieres la coges y cuando no la sueltas, como un paraguas. Unos se automedican con ella para inspirarse, para estos las musas habitan en la soledad, otros la buscan para que les cubra con su oscuro manto y a su sombra jugar lo prohibido.
En fin, es tan polifacética, tan voluble, tan variopinta, que cada uno tenemos nuestra propia soledad, como traje hecho a la medida.
La mía, la del alma, la regalo, no creo que haya disfrutado tanto de ella como me cuesta mantenerla.
domingo, 16 de marzo de 2008
Como cambian los tiempos.
Hoy alguien me ha mandado un correo que tiene adjunto un artículo de Carlos Herrera para alguna revista. Básicamente este artículo está basado en la reclamación de algunos colectivos de emigrantes musulmanes establecidos en pueblos catalanes. La reclamación o solicitud mejor dicho, es que se dividan las zonas de baño en la piscina publica del pueblo para evitar que sus mujeres compartan instalaciones con varones y en todo caso, si esto pareciese excesivo (menos mal) implantar horarios separados para que sus mujeres puedan disfrutar del baño, como el resto de los humanos, pero sin la molesta presencia de ningún hombre.
Creo que la cosa está pasando de castaño oscuro. Las medias tintas, las medias palabras, los pañitos calientes, al final se tornan en desagradables incidentes.
Eso de la Alianza de Civilizaciones no lo termino de digerir.
¿Significa eso que nos aliamos civilizadamente para que por medio de esa alianza civilizada cada aliado civilice al aliado más próximo con su propia civilización?, porque esto es lo que yo creo que se ha acordado. Están intentando civilizarnos nuestros vecinos aliados del otro lado, siempre del otro lado, ¿porque los que nos quieren joder, siempre estan al otro lado?,curioso, del otro lado del mar, del otro lado del mundo, del otro lado de las luces, de las sombras, etc.
Otra cosa que hacia mención el artículo era al silencio de las feministas. Claro no habrían feministas en esos pueblos, jóe, ni que fuesen champiñones
Me imagino a esa feminista, tó emperifollá, tetas en ristre amenazando los puntos de vista del tio de turno, pintada, bien pintada, esos ojos saltones y esa vena en el pescuezo que le va a reventar como a un cantaor, fea, porque, que casualidad, son feas coño, esas que salen por la tele, son feas con avaricía, jóe. Me la imagino llamando a la puerta del jalufo, este abriendo la puerta y soltandole la retahila ..tiene que ayudar a la jalufeña a hacer las camasss, lavarrrr, plancharrrr, quitar el polvooooo ,y tambien me imagino los piños feministas pegados en la puerta.
¿Donde está la ONG, Féminas Mundi?.
Se me ocurre que pueden tener trabajillo en Arabía Saudita.
Un amigo por motivos de trabajo tuvo que partir a ese país por un periodo de 5 años, la mujer, como buena mujer que se precie al mes siguiente ya estaba allí, con él. Y a los dos meses ya estaba de regreso en España, sin él.
Que cosas contaba esa mujer, vamos a mí me va a engañar, pues decía que no podía conducir, jeje, ni ir sola por la calle paseando o de compras, se cree que soy tonto, o cuidadito con la longitud de la faldaaa que si te cruzas con el pavo de la varita , leñazo que te arrea, no vayas al cine porque no podrás compartir palomitas con tu pariente y lo del pelooo, recogiditoooo y si lo envuelves como al kilo de higadillas mejor. Para rematar la trola me dijo que había estado recibiendo ayuda sicológica a su regreso, no sería para tanto.
¿Donde estarán las feministas? Esas que han conseguido que el albañil del 5º después de una plácida jornada de trabajo al llegar a su casa le toque compartir las arduas tareas del hogar, ¡¡¡a quitar el polvo, encima la mesa tienes la bayeta!!! Y si le entra ganas de visitar al amigo Roca, aguanta impertérrito hasta terminar la faena y hacerlo en el bar de la esquina, cuando baje la basura, sino le toca también limpiar el cuarto de baño, porque una vez el meato traviesum se salió del perímetro autorizado y pa una vez que mató un gato..matagatos a balletazos.
Mi amigo Emilio, ese si que ha sabido entender el tema.
Dado que la parienta prefiere la dura lucha fuera del hogar, este ha dicho que si hace falta, antes que pagar a nadie, seis meses de excedencia pueden aclarar conceptos, y él se auto proclama" amo de su casa", casi ná.
Bueno, killo ¿y a que hora te levantas? entre la 9:30 y 10, dice, te vayas a escoñar pishita,¿no te levantas para hacerle el café a la parienta antas de irse?, le pregunté,"que dices compadre, ¿la tuya lo hace? , no, le dije, "ni la mía lo hizo tampoco nunca", continuó Emilio, "así que temporizador a la cafetera y café calentito cuando se levanta".¿Y después que haces? "lo primero desayunar, tranquilamente que no hay prisas". "Después hacer la cama, me visto y voy a hacer algunas compras, de camino tomo otro café en el centro comercial con mis compañeras de rutina, por cierto, hay una que veremos como acaba la cosa, jeje". "Ya sobre la 1:30 regreso a casa, la parienta llega a las 2:30, hago una ensalada y preparo unos sufridos espaguetis, un taco difícil", abro una botella vino, pinto una sonrisa y descuelgo la cara de cansancio. Si intenta contarme algo, la interrumpo, así se da cuenta que mis problemas son mas importantes y cuando terminamos de comer, ella mete los platos en el lavavajillas y recoge la mesa. ¡¡Como han avanzado las mujeres en esto de la igualdad!!, que cosas. Si todavía no se me han despintado los colores, de aquel día que coincidíamos a la hora de salir por la única puerta de aquel edificio público una mujer de mediana edad y un servidor. " ¿Ud. que se cree, que las mujeres necesitamos que nos abran las puertas los hombres"?, se me debió de quedar la misma cara que el que asó la manteca,"pues no" dije tímidamente, casi pidiendo perdón. Acto seguido, ya que tenia la puerta sujeta por el pomo, enorgullecí el cuerpo y levanté la cabeza, me adelanté en la intención de la cotorra y pasé yo primero, solté la puerta que ayudada por ese mecanismo se cerró de inmediato y estuvo apunto de noquearla. Creo que me increpó desde el otro lado, no la entendí muy bien, por si acaso, con todo el respeto que se merecía le dije algo de un pez espada, pero no lo recuerdo con detalle.
Creo que la cosa está pasando de castaño oscuro. Las medias tintas, las medias palabras, los pañitos calientes, al final se tornan en desagradables incidentes.
Eso de la Alianza de Civilizaciones no lo termino de digerir.
¿Significa eso que nos aliamos civilizadamente para que por medio de esa alianza civilizada cada aliado civilice al aliado más próximo con su propia civilización?, porque esto es lo que yo creo que se ha acordado. Están intentando civilizarnos nuestros vecinos aliados del otro lado, siempre del otro lado, ¿porque los que nos quieren joder, siempre estan al otro lado?,curioso, del otro lado del mar, del otro lado del mundo, del otro lado de las luces, de las sombras, etc.
Otra cosa que hacia mención el artículo era al silencio de las feministas. Claro no habrían feministas en esos pueblos, jóe, ni que fuesen champiñones
Me imagino a esa feminista, tó emperifollá, tetas en ristre amenazando los puntos de vista del tio de turno, pintada, bien pintada, esos ojos saltones y esa vena en el pescuezo que le va a reventar como a un cantaor, fea, porque, que casualidad, son feas coño, esas que salen por la tele, son feas con avaricía, jóe. Me la imagino llamando a la puerta del jalufo, este abriendo la puerta y soltandole la retahila ..tiene que ayudar a la jalufeña a hacer las camasss, lavarrrr, plancharrrr, quitar el polvooooo ,y tambien me imagino los piños feministas pegados en la puerta.
¿Donde está la ONG, Féminas Mundi?.
Se me ocurre que pueden tener trabajillo en Arabía Saudita.
Un amigo por motivos de trabajo tuvo que partir a ese país por un periodo de 5 años, la mujer, como buena mujer que se precie al mes siguiente ya estaba allí, con él. Y a los dos meses ya estaba de regreso en España, sin él.
Que cosas contaba esa mujer, vamos a mí me va a engañar, pues decía que no podía conducir, jeje, ni ir sola por la calle paseando o de compras, se cree que soy tonto, o cuidadito con la longitud de la faldaaa que si te cruzas con el pavo de la varita , leñazo que te arrea, no vayas al cine porque no podrás compartir palomitas con tu pariente y lo del pelooo, recogiditoooo y si lo envuelves como al kilo de higadillas mejor. Para rematar la trola me dijo que había estado recibiendo ayuda sicológica a su regreso, no sería para tanto.
¿Donde estarán las feministas? Esas que han conseguido que el albañil del 5º después de una plácida jornada de trabajo al llegar a su casa le toque compartir las arduas tareas del hogar, ¡¡¡a quitar el polvo, encima la mesa tienes la bayeta!!! Y si le entra ganas de visitar al amigo Roca, aguanta impertérrito hasta terminar la faena y hacerlo en el bar de la esquina, cuando baje la basura, sino le toca también limpiar el cuarto de baño, porque una vez el meato traviesum se salió del perímetro autorizado y pa una vez que mató un gato..matagatos a balletazos.
Mi amigo Emilio, ese si que ha sabido entender el tema.
Dado que la parienta prefiere la dura lucha fuera del hogar, este ha dicho que si hace falta, antes que pagar a nadie, seis meses de excedencia pueden aclarar conceptos, y él se auto proclama" amo de su casa", casi ná.
Bueno, killo ¿y a que hora te levantas? entre la 9:30 y 10, dice, te vayas a escoñar pishita,¿no te levantas para hacerle el café a la parienta antas de irse?, le pregunté,"que dices compadre, ¿la tuya lo hace? , no, le dije, "ni la mía lo hizo tampoco nunca", continuó Emilio, "así que temporizador a la cafetera y café calentito cuando se levanta".¿Y después que haces? "lo primero desayunar, tranquilamente que no hay prisas". "Después hacer la cama, me visto y voy a hacer algunas compras, de camino tomo otro café en el centro comercial con mis compañeras de rutina, por cierto, hay una que veremos como acaba la cosa, jeje". "Ya sobre la 1:30 regreso a casa, la parienta llega a las 2:30, hago una ensalada y preparo unos sufridos espaguetis, un taco difícil", abro una botella vino, pinto una sonrisa y descuelgo la cara de cansancio. Si intenta contarme algo, la interrumpo, así se da cuenta que mis problemas son mas importantes y cuando terminamos de comer, ella mete los platos en el lavavajillas y recoge la mesa. ¡¡Como han avanzado las mujeres en esto de la igualdad!!, que cosas. Si todavía no se me han despintado los colores, de aquel día que coincidíamos a la hora de salir por la única puerta de aquel edificio público una mujer de mediana edad y un servidor. " ¿Ud. que se cree, que las mujeres necesitamos que nos abran las puertas los hombres"?, se me debió de quedar la misma cara que el que asó la manteca,"pues no" dije tímidamente, casi pidiendo perdón. Acto seguido, ya que tenia la puerta sujeta por el pomo, enorgullecí el cuerpo y levanté la cabeza, me adelanté en la intención de la cotorra y pasé yo primero, solté la puerta que ayudada por ese mecanismo se cerró de inmediato y estuvo apunto de noquearla. Creo que me increpó desde el otro lado, no la entendí muy bien, por si acaso, con todo el respeto que se merecía le dije algo de un pez espada, pero no lo recuerdo con detalle.
miércoles, 12 de marzo de 2008
Cuando se enteren los aviones
El día que los aviones se den cuenta que no pueden volar, ese día vá a ser la leche, es totalmente imposible que un cacharro que pesa miles de kilos levante una cuarta del suelo, ni con alas, que también pesan un taco.
Y la cosa es que a veces se dan cuenta, amos a ver, en la gran mayoría de los accidentes aéreos están envueltos aviones que ya tienen unas pocas miles de horas de vuelo, es raro que un avión recién salido de la madre fabrica a las poca horas de vuelo la espiche. Y tiene su explicación, el avión veterano ese ya casi está apunto de ingresar en la Universidad y en los cursos pasados el tío ha aprendido las normas mas elementales de la Física, por ejemplo, que todo cuerpo sumergido en un liquido..sale chorreando, la de la gravedad, que to lo que está arriba acaba espachurrado, que ave que vuela va a la cazuela.
Estás son las que lo trae amargado, cuando el tío va volando..se acuerda de esas leyes, le da la neura..y leche que se mete.
En cambio el avión recién salido, bisoño, todavía está en preescolar y hasta que se entere le falta un tiempo, en esos es en los que se va más seguros, claro si no llega er tío malaje y le cuenta lo de los reyes magos y las leyes Físicas, por eso evitan que entre nadie en la cabina del piloto, no sea que la líe un chivato asqueroso.
La diferencia entre volar en un avión y un helicóptero es parecido, pero muy diferente, mientras que en el vuelo del helicóptero tienes la sensación de que el suelo se eleva y tu con él, como en un ascensor, pero con más ruido, el vuelo en avión, es.. diría yo muy parecido a un coche a carajo sacado, el empuje lo notas en las espaldas, la diferencia con el coche a carajo sacado es que cuando se acaba la pista el coche se escoña y el avión remonta y cuando miras pa abajo ves el coche escoñao.
Dicen que una prueba que le hacen a los futuros pilotos de helicópteros es subirlos para arriba y cuando tan a la altura de las cigüeñas er listo del monitor para los motores de los rotores, una putada, si, en toda regla, ¿te imaginas en el carné de conducir que el examinador te dice coge esa cuesta abajo, acelera, y cuando vas a toa leche er tío te tapa os ojos?
Además otra mentira, los baches, en el cielo baches, jeje, amos venga.
En unos de mis viajes de regreso de la tierra de los indios come monas y los vaqueros chupa espuelas al poco de salir de New York, que ni es tan "new" ni tiene forma de jamón cocido, se oye a un tío por la megafonía de abordo..abróchense los cinturones, pero en ese idioma tan raro, ese que en vez de "Fin" dicen "the end" , pues a abrocharse todo el mundo los tirantes, pero lo que me mosqueo del asunto es que las azafatas que nunca se asustan, sí nunca, porque cuando to er mundo tá acojonao y ve pasar por el pasillo a la tía de la guadaña, ellas lo que ven es a la Jenny que viene por el pasillo con el carrito de las bebidas medio vacío, pues se sentaron, se amarraron y pusieron cara de golondrino y sonrisa de hamburguesa caducá.
Y aquí viene lo que decía de los aviones, seguro que este se acordó de la lección anterior, la de la gravedad y le dió el jamacuco y se dejó caer, coño si se dejó caer, más de uno aun amarrado limpiaba las telarañas del techo con la coronilla, el asiento desapareció de debajo del culo y aquello caía y caía .
Imaginaba al pobre piloto dándole patadas al joío avión entre el altímetro y los "flaps", que donde más les duele, por ver si volvía en sí.
Ya la gente comenzaba a gritar, peor, si hay cosas qué nunca se debe hacer es mirar a los ojos a un gato, tocarle las orejas al caballo o gritarle al avión, más gritos..más mala leche del aparato y ya nos olía el culo júreles cuando regresamos a los asientos y decía er tío ..volamos a pico mil pies, osú que alivio.
Lo de los pies, otra mentira, muchos pico miles pies y me entretuve en calcular cuantos y no me salían las cuentas ni contando con las zapatillas del equipaje.
Normal, lo dicen así pa no aocojonar al personá, ¿te imaginas al piloto diciendo..vamos a doscientos metros de altura?, to el mundo rezando pa que no se ponga de pie ningun cerro, en cambio dice..800 pies y la cosa cambia, donde va a parar, mucha mas tranquilidad.
Que digo yo, tenia que ser medida inglesa lo de los pies, piratas son la otía, si el que mide es el enano del "Bombero Torero" una jasa de melones, ni hambre que pasa, en cambio si el que lo hace es el Pau Gasol midiendo un sembrao de trigo, ya tiene pan hasta la Pascua.
Aquí, en cambio, un metro es un metro y lo demás tonterías, nosotros comerciábamos con los aborígenes y vendíamos la tela por metros pa todos igual, los ingleses cuando se las vendían ponían al enano a medir y cuando las compraban al mostruo del lago Ness, así les ha ido la cosa.
Y la cosa es que a veces se dan cuenta, amos a ver, en la gran mayoría de los accidentes aéreos están envueltos aviones que ya tienen unas pocas miles de horas de vuelo, es raro que un avión recién salido de la madre fabrica a las poca horas de vuelo la espiche. Y tiene su explicación, el avión veterano ese ya casi está apunto de ingresar en la Universidad y en los cursos pasados el tío ha aprendido las normas mas elementales de la Física, por ejemplo, que todo cuerpo sumergido en un liquido..sale chorreando, la de la gravedad, que to lo que está arriba acaba espachurrado, que ave que vuela va a la cazuela.
Estás son las que lo trae amargado, cuando el tío va volando..se acuerda de esas leyes, le da la neura..y leche que se mete.
En cambio el avión recién salido, bisoño, todavía está en preescolar y hasta que se entere le falta un tiempo, en esos es en los que se va más seguros, claro si no llega er tío malaje y le cuenta lo de los reyes magos y las leyes Físicas, por eso evitan que entre nadie en la cabina del piloto, no sea que la líe un chivato asqueroso.
La diferencia entre volar en un avión y un helicóptero es parecido, pero muy diferente, mientras que en el vuelo del helicóptero tienes la sensación de que el suelo se eleva y tu con él, como en un ascensor, pero con más ruido, el vuelo en avión, es.. diría yo muy parecido a un coche a carajo sacado, el empuje lo notas en las espaldas, la diferencia con el coche a carajo sacado es que cuando se acaba la pista el coche se escoña y el avión remonta y cuando miras pa abajo ves el coche escoñao.
Dicen que una prueba que le hacen a los futuros pilotos de helicópteros es subirlos para arriba y cuando tan a la altura de las cigüeñas er listo del monitor para los motores de los rotores, una putada, si, en toda regla, ¿te imaginas en el carné de conducir que el examinador te dice coge esa cuesta abajo, acelera, y cuando vas a toa leche er tío te tapa os ojos?
Además otra mentira, los baches, en el cielo baches, jeje, amos venga.
En unos de mis viajes de regreso de la tierra de los indios come monas y los vaqueros chupa espuelas al poco de salir de New York, que ni es tan "new" ni tiene forma de jamón cocido, se oye a un tío por la megafonía de abordo..abróchense los cinturones, pero en ese idioma tan raro, ese que en vez de "Fin" dicen "the end" , pues a abrocharse todo el mundo los tirantes, pero lo que me mosqueo del asunto es que las azafatas que nunca se asustan, sí nunca, porque cuando to er mundo tá acojonao y ve pasar por el pasillo a la tía de la guadaña, ellas lo que ven es a la Jenny que viene por el pasillo con el carrito de las bebidas medio vacío, pues se sentaron, se amarraron y pusieron cara de golondrino y sonrisa de hamburguesa caducá.
Y aquí viene lo que decía de los aviones, seguro que este se acordó de la lección anterior, la de la gravedad y le dió el jamacuco y se dejó caer, coño si se dejó caer, más de uno aun amarrado limpiaba las telarañas del techo con la coronilla, el asiento desapareció de debajo del culo y aquello caía y caía .
Imaginaba al pobre piloto dándole patadas al joío avión entre el altímetro y los "flaps", que donde más les duele, por ver si volvía en sí.
Ya la gente comenzaba a gritar, peor, si hay cosas qué nunca se debe hacer es mirar a los ojos a un gato, tocarle las orejas al caballo o gritarle al avión, más gritos..más mala leche del aparato y ya nos olía el culo júreles cuando regresamos a los asientos y decía er tío ..volamos a pico mil pies, osú que alivio.
Lo de los pies, otra mentira, muchos pico miles pies y me entretuve en calcular cuantos y no me salían las cuentas ni contando con las zapatillas del equipaje.
Normal, lo dicen así pa no aocojonar al personá, ¿te imaginas al piloto diciendo..vamos a doscientos metros de altura?, to el mundo rezando pa que no se ponga de pie ningun cerro, en cambio dice..800 pies y la cosa cambia, donde va a parar, mucha mas tranquilidad.
Que digo yo, tenia que ser medida inglesa lo de los pies, piratas son la otía, si el que mide es el enano del "Bombero Torero" una jasa de melones, ni hambre que pasa, en cambio si el que lo hace es el Pau Gasol midiendo un sembrao de trigo, ya tiene pan hasta la Pascua.
Aquí, en cambio, un metro es un metro y lo demás tonterías, nosotros comerciábamos con los aborígenes y vendíamos la tela por metros pa todos igual, los ingleses cuando se las vendían ponían al enano a medir y cuando las compraban al mostruo del lago Ness, así les ha ido la cosa.
viernes, 7 de marzo de 2008
Viviendo entre caballos
De esas veces que hay que evitar el aburrimiento y a alguien se le ocurre una idea, a alguien se le ocurrió la más brillante, apuntarnos a un curso de equitación, quizás por una mala digestión de alguna de indios.
La cosa es que al día siguiente allí estábamos cuatro ilusos delante del profesor de equitación, dando nombres y dinero. "Lo primero que os tenéis que comprar ..botas, pantalones y ropa cómoda" nos dijo, para mí que se le olvidó lo del botiquín de primeros auxilios.
Una vez tuviésemos conseguidos los pertrechos básicos, se acordó cita para la primera clase, "a las 5 de la tarde mañana” dijo el profe, no se me olvidará esa hora, la hora fatídica del morlaco, la hora del paseíllo, a esa que las taleguillas se quedan anchas y se aflojan los esfínteres.
A las 5 como clavos, los cuatro, el profesor y sus primeras enseñanzas..."puntera siempre hacía fuera, rodillas apretadas, cuerpo derecho y riendas bien cogidas", no sé si nos dijo nada más, con eso ya teníamos bastante, "chupao, tío esto tá chupao" me decía Alberto, el más lanzao.
Después nos encaminamos a lo que decía aquel hombre que era un picadero, el concepto de picadero que yo tenia era otro, así que me fastidiaba pensar tener que quitarme las botas con el trabajito que me había costado embutírmelas y esos pantalones que no me dejaban separar las piernas más allá de una cuarta, pero en fin, si las clases comenzaban así con un revolcón, jeje, todo sea por la Ciencia.
Picadero, picadero era una nave rectangular con una puerta mas grande que la del hangar del Concorde y con las paredes con más desconchones que la fachada el Partenón, eso si, mucha tierra, albero por todos lados, pa mi que saldría el miúra de un momento a otro.
Atravesamos aquel inmenso portalón como si fuese el Arco del Triunfo, alli estaba el maestro de equitación, montado sobre un caballo, tieso como una vela, mirandonos impavido y con una muesca en sus labios que predecia lo que iva a ocurrir más tarde, a mi me pareció estar delante de la estatua de la Plaza Mayor, leche, que alto estaba el pavo subido.
Todavía estábamos explorando con la vista el recinto, buscando burlaeros o boquete en la pared donde esconderse en caso de necesidad, nada, no había nada donde meter el culo si la cosa se ponía fea, estaba claro, el que entraba allí o salía montando a caballo o allí mismo lo enterraban, para eso tanta tierra, seguro que cubría a otros tontos como nosotros que antes se habían metido en la boca del lobo.
Y en eso andaba cuando el suelo comenzó a temblar, un ruido de golpes secos como si el cielo estallase en tormenta, miramos para atrás y allí estaban, un mozo de cuadra traía cogidos por las riendas y perfectamente ensillados a cuatro caballos, por llamarles de algún modo, para mi que el mejor tenia el mal de San Bito, si uno saltaba, otro brincaba como una cabra con sarampión, todos se rebelaban por haber sido arrancados de la intimidad de las cuadras, se levantaban de manos amenazantes ,como un púgil furioso, en fin que pa mí aquello no eran caballos sino cebras con dos manos de betún.
La muesca que el profe lucía se convirtió en sonrisa macabra y al instante transfórmese en orden al mozo.."suelta los caballos", le faltó tiempo ... soltarlos... poner pies en polvorosa, nunca mejor dicho parecía el corre caminos, y cerrar la puerta fue todo uno.. "ahí os joán" y desapareció.
!Eah! ahí están los cuatro bucéfalos, sedientos de sangre fresca de los nuevos aspirantes. Listos para compartir la misma arena que los anteriores difuntos.
El espectáculo quedó grabado a fuego en mi retina, uno corría de un extremo a otro del picadero como si estuviese poseído, el otro daba tales brincos que parecía querer robar los focos, el otro pareciese le hubiesen supositoreado con un cardo borriquero y el que faltaba, para que iba a perder el tiempo, se dejó venir directo para nosotros, como un obús.
Todo listo para la función "¡¡que levanten el telón!!, los actores en el escenario, el decorado preparado, la orquesta tocaba la quinta sinfonía, "la del relincho" y el director de orquesta desde su équído atril impartió su siguiente orden..."Que cada uno coja un caballo y a montarlo", jeje, si vamos que se van a dejar y una leche, pensaba.
Yo corría detrás del primero que pasó mas cerca de mí, otro de mis amigos se encaminaba por uno que se le había encarado y lo esperaba tranquilo, con la grupa encajonada en un rincón, protegiendo la retaguardia, los otros dos colegas, esos ni se sabe, unas veces corrían detrás y otras, los malditos bichos se revolvían y les tocaba correr delante en vergonzosa retirada.
La clase duraba una hora, la manecilla corrió misericordiosa para alcanzar la verticalidad, cuando aquel "Mariscal de Campo" dijo la clase ha terminado, miró impertérrito el campo de batalla. Caballos heridos o caídos en combate, ninguno; pipiolos, cuatro enharinaos como boquerones y sudando más que un pollo en un microondas , pero eso sí, dos habíamos conseguido coger las riendas de sendos monstruos, que más valía no haberlo hecho, nos arrastraban de lado a lado por la arena como trapos viejos, parecíamos dos pañuelitos en un mástil. "Mañana más" dijo el demonio montao a caballo, alguno de mis amigos refunfuño en silencio: "¿Mañana?, mañana.. va venir tu reverenda madre", "¿Y que vas a hacer con lo que hemos comprado? le dije, "el pantalón pa mi hermana, pa los carnavales o pa cuando quiera practicar con el novio el salto al potro y las botas pa coger coquinas este verano en la playa de Rota", leche, pensé, lo tiene todo calculado.
Al segundo día a las 5 otra vez los cuatro, el que quería abandonar el barco, el padre lo amenazó para recuperar el dinero de lo invertido con un mes en los albañiles, "antes le muerdo las orejas a un bicharraco de esos que me quedo sin ver a la Paqui".
Vuelta a empezar, misma faena, el mozo, los caballos sueltos pero esta vez, cada uno le echó el ojo a uno de ellos; antes del cuarto de hora, ya teníamos en las manos las riendas de aquellos criminales, ahora faltaba el paso siguiente, montarse, jeje, el joío profe desde su altura aguantaba la risa como mejor podía.
Giros tan endiablados que por tenerles sujetas las riendas parecía que el caballo estaba dibujando con nosotros en la arena donde quería enterrarnos, cabezazos que nos levantaban del suelo por empecinarnos en mantenernos juntos, el ruido infernal, el miedo, los nervios y el torbellino de tierra y polvo que formaban aquellos cuatros energúmenos, lo de montarlos, era más un deseo que una realidad.
En uno de esos descuidos del bicho, cuando ya enfilaba a uno de mis amigos entre sus ancas para soltarle una coz traicionera, conseguí poner mi bota izquierda en su estribo y pasarle las riendas por la cabeza. Ese fue el problema, al pasárselas le rocé en las orejas, un equino prefiere una patada en los cuartos traseros antes que le toquen los soplillos. Al percatarse del asalto, por Ganímedes que no estaba dispuesto a dejarse corononar. Si antes giraba, ahora lo cumplimentaba con una buena carrera adornada con sus caracoleos, a todo esto, yo colgando con un pie en el estribo y el otro saltando como un pirata al que le quitan la muleta, parecía un peluche amarrado a una cabra. No pregunten por como les iba a los demás, que con mi cruz ya estaba servido. Mientras tanto "el loco montado", el magíster, gritaba desde las alturas..."¿A que esperáis para montaros?, se nos va a pasar la hora", ¿a que íbamos a esperar?, jóe, a que se dejaran montar los mamuts, ¿a qué si no?.
Más por lastima o porque pensaba que ya había acabado conmigo, er cuadrúpedo se detuvo, jeje, mira que me quedaba estrecho el pantalón, mira que me pesaba la pierna entre la bota y la paliza de tanto salto, pues bien, antes de que mirase de reojo, zás, montado. Montado, si, ¿pero como estaba montado?, se supone que hay un estribo para cada pie, por los clavos de una alpargata que a aquel bicho solo le habían puesto uno, al menos yo no conseguía encontrar el otro, para descubrir si lo había incliné el cuerpo hacia el lado derecho, grave error por no contar con las emponzoñadas intenciones del malvado animal, creo que ya tenia preparado el plan de desahucio. Con un salto a la vez sobre sus cuatro extremidades, como gato que le mojan las patas, acabé a modo de collar sobre su pescuezo, mis manos todavía aguantando las riendas le rodeaban en un abrazo fraternal la cabeza, aun no comprendo para que quería riendas tan largas si lo que me faltaba era caballo, mi cabeza acabó tan cerca de su hocico que si hubiese querido me hubiese dado un beso. Tanto me asusté yo, que me vi volteado por encima de sus crines, como él, que no se esperaría el sobre peso en el pescuezo. Y en estas, por un instante, se paró, el resorte que me empujó hacia atrás y aterrizar en la silla, todavía después de tantos años sigo sin encontrarlo.
Sentado en la silla, riendas bien sujetas, tensas y el cuerpo tieso , el estribo que me faltaba ahora me golpeaba en la pierna a cada paso del caballo a modo de péndulo, esta vez no me inclino, jeje, pero ¿a ver como consigo atrapar el joío estribo?, me acordaba de aquellas carreras en que el jinete tenia que ensartar la anilla de una cinta, Dios debió de apiadarse de mí en mi segundo día y en un encuentro de esos a ciegas se introdujo el reposa pies por mi bota, ahora sí, ¡¡¡soooooó" me faltó tiempo para darle un tirón de riendas que a poco le pongo las narices en la cola y ¡¡oh maravilla!!, se paró, se quedó inmóvil, petrificado.
No sé si durante este tiempo que empleé en acomodar mi dolorido cuerpo sobre la maldita silla inglesa, que tiene guasa la cosa... inglesa tenia que ser, el profe dijo algo, si lo dijo no estaba yo para atender tonterías, pero justamente cuando ya estaba a su misma altura... "Bien, ahora bajense despacio, cuidado no se queden enganchados en los estribos”, "vamos a repetir la jugada". Cago en tó si ya estábamos arriba ¿para qué bajarnos?, pensaba. "Cojan las riendas con la mano izquierda, tiren tan fuerte que le hagan al caballo agachar la cabeza y se quede inmóvil, pié izquierdo al estribo, mano derecha a la silla y pierna derecha para arriba, sentaros sobre la silla y aguantando firmemente el caballo para que no se mueva...pie derecho a estribo derecho, cuerpo estirado espaldas recta".. "y a bajarse de nuevo..la clase ha terminado hasta mañana", oño ya podía habérnoslo explicado antes el método y ahorrarnos del suplicio de la ascensión.
Mientras regresábamos a casa pensaba en la silla, esa, la inglesa, cago en tos los ingleses, esos si que son agarraos, con medio kilo de cuero hacen una silla, tan pequeña que hay que atinar pa colocar el culo sobre ella, normal, me decía, no vá a usar el tío en una escuela sillas vaqueras, esas son sillas, más que sillas, sofás y con sus apéndices tiesos como penes, varoniles vamos, y no la mariconada de estas que no son ni fú ni fá.
Ya en casa mientras cenaba le comenté a mi padre la odisea sufrida hasta montar el caballo, recuerdo me dijo.."el caballo tiene que saber quien manda, si te dejas ganar la partida te come con papas", jeje, se va a enterar mañana ese bisonte maquillao con quien se juega las perras. Así que al día siguiente ya iba con la escopeta amartillada.
"Hoy, si nos da tiempo” decía el profesor con una pesada carga de ironía” intentaremos aprender a cabalgar al paso y al trote, así que cuando estéis montados, comenzamos".
De nuevo la misma historia, mozo suelta caballos..histeria equina y a la caza de la bestia. Ya habíamos aprendido algo más de como atrapar aquellos diablos. Sujetaba el mío y ya había puesto el pie en el estibo, cuando de repente siento una opresión en mi antebrazo izquierdo, el joio bicho, me había dado un mordisco para evitar que montase y lo evitó, porque a poco doy con toda mi ingenuidad por las arenas. Apenas pude mantener la dignidad en pie delante del caballo, pero como un latigazo me vino a la memoria las palabras de mi padre y antes de que parpadease, su hocico había chocado "por accidente” con mi mano derecha que casualmente estaba cerrada, remedio santo, la calma y el sentido común retornó a sus adentros, se dejó montar, acomodarme e incluso obedecer.
Todos sobre las monturas, en tensión, preparados para cualquier reacción del cuadrúpedo, más pendientes de los movimientos de este que de lo que decía el "jefe", a cada cabeceo, cada movimiento de las orejas ya nos parecía una señal de mal agüero.
"Bien, golpeen suavemente con los talones y vayan colocándose en fila, uno detrás de otro...rodillas apretadas..punteras afuera, cuerpo derecho y riendas bien sujetas con ambas manos", nos recordaba el "padre nuestro" con machacona reiteración y hasta que se le rozó con las botas todo estaba ..medio normal, pero al primer talonazo...cada bomba explosionó en diferente medida. Mi caballo hizo un intento de meter la directa, gracias a pisar el freno a fondo y dejarle el bocao en la campanilla, la cosa no fue a más, pero recuerdo el de mi amigo Luis, estalló en un inesperado galope en dirección a una esquina, si no salió volando durante el camino que atravesaba el picadero era por puro instinto de supervivencia ,pero lo peor estaba por llegar, no faltarían más de dos metros para alcanzar su angulada meta cuando clavó sus cuatro patas en el suelo quedándose más inmóvil que el caballo de un retratista, yo sigo pensando que aquel caballo había terminado COU antes que nosotros, conocedor de esa ley universal de la inercia mi pobre amigo Luis acabó su repentino viaje delante de los hocicos del asesino animal, sobre sus espaldas, con las riendas aun sujetas con las manos agarrotadas y contemplando aquel ángulo recto de la esquina, un poco más y firma con otro desconchón en aquellas infaustas paredes, testigas de tanta humillación.
El profesor situado en medio del recinto como si defendiese el centro del campo, contemplaba atónito, como el resto, la jugarreta del caballo. Aun no habría regresado Luis a la realidad y mucho menos a la verticalidad, cuando el profesor le increpó.."señor mío te dije ..suavementeeeee, suavementeee,coño, sube inmediatamente al caballo".."y si te vuelves a bajar del caballo sin pedir permiso, te expulso de la clase".
Después de ver lo visto y que el "listillo" dijera lo que acababa de decir, nos quedamos alucinando en colores, a este le falta un hervor, pensé
De todo jinete, torero u otro mortal que se mueva entre animales es conocido que ante un percance con ellos hay que retornar inmediatamente al principio de la situación, de no hacerlo así, el miedo se apodera del alma y ya es imposible seguir montando, toreando o domando, o cualquier otra cosa. Así que para evitar que le cogiese miedo al caballo, la equitación y la mare que parió a los caballitos de feria, Luis tenía de inmediato que volver a su cabalgadura.
Todavía tambaleándose, con la estructura ósea dolorida pero intacta gracias al divino tesoro de la juventud, masticando a dos carrillos una mezcla de miedo y rabia, se incorporó, pero cuando el mandamás giró la cabeza para ver si la fila se mantenía o había quedado como el espejo de un loco, Luis le pegó tal puntapié en los bajos al bicho, que se la quedaron los ojos en blanco y de no mantenerlo sujeto por las riendas, seguro que hubiésemos tenido que ir a buscarlo a recepción, de nuevo mano de santo, se montó más mosqueao que una langosta en un olla, pero regresó a su puesto en la fila.
Eso del pánico es cierto, el pánico, los nervios, la risa, etc..etc, es pegajosa, contagiosa hasta en los animales, así al mismo tiempo que mi caballo intentó una arrancada repentina y el de Luis batió el record de los 50 mtrs en pista cubierta, los restantes caballos también tuvieron sus intenciones de seguirlo, pero gracias al Supremo, aceptaron la invitación a mantener la calma.
Recompuesta la fila de los condenados, después de dar algunas vueltas al ruedo rectangular como toreros hinchados de gloria, cuando la sangre ya estaba regresando a su cauce y la confianza comenzaba a tomar posiciones...nuevo reto, leche y picón, todo al carajo.
Otra vez habló el Zaratrusta montado, que poco dura la alegría en la casa del pobre y del jinete asustado, "ahora vamos a ir al trote, recuerden rodillas apretadas punteras afuera" y bla, bla, bla..el mismo soniquete, "para hacer que el caballo vaya al trote, golpeen un par de veces ..s u a v e m e n t e, suavemente he dicho, con los talones los costados", sonó en un tono mezcla de paternidad y sarcasmo.
Como si nos conociésemos de toda la vida, como si nos hubiésemos criado juntos, el irracional dio un aire nuevo a su ritmo cansino y alegró el paso hasta convertirlo en algo que va entre el tranquilo paseo y el corro pero no corro, sease lo que vulgarmente se llama el trote, trote cochinero, diría yo.
¿Sabes lo que es montarse en un martillo hidráulico?¿Sabes lo que es sentarse sobre una lavadora coja en el centrifugado? pues algo parecido es el trote o al menos a mi me lo pareció.
Pensaba que todo el secreto de la equitación era mantener el culo pegado a la silla y que lo demás era superfluo, pues una leche pa mí, por mi insistencia en mantener las posaderas sobre el lugar dispuesto para ello, la silla, y el movimiento de sube y baja del caballo al trotar, resulta que todo esto se convertía en un interminable encuentro violento entre caballo y culo, osea que todo era una interminable secuencia de culetazos sobre la silla y con cada "caballazo" me hacia volar casi medio metro, en proporción directa, a más alegre el trote más culetazos y más saltos sobre el lomo, todo subía y bajaba como en un ascensor ido, saltaba el de adelante, el de atrás y hasta el profesor aparecía y desaparecía ante mi vista como un barco en la tormenta.
El caballo que iba delante era el encargado de triturar a Alberto, este, largo como era, largo como el quejío de un cantaor de flamenco, a cada brinco que daba sobre la silla parecía quitar las telarañas del anfiteatro, verlo me consolaba, el consuelo de los tontos, cada vez que le veía elevarse por encima del cuello del caballo pensaba que era la ultima.
Después de un rato y viendo aquel maestro, "Procónsul de Roma", que los ojos se nos mantenían en las cuencas por las pestañas y que estábamos a punto de desperdiciar los respectivos almuerzos, más por lastima que por pedagogía, gritó desde la lejanía.."intenten levantarse sobre los estribos a cada salto del caballo, hasta que consigan coger el ritmo" ¿que ritmo, coño? pensaba para mis adentros, si esto se mueve más que los pendientes de una coja.
Pero con la paciencia de un santo varón y la torpeza de un gato mareao, al final conseguí que cuando el joio caballo subía, mi culo estuviese en alto y cuando bajaba la montura, mi retaguardia la acompañase, jeje, ahora sí, se acabó la batidora. Y cuando le habíamos cogido el tranquillo, cuando el vals estaba en lo mejor..."la clase ha terminado, es la horaaa, hasta mañana" joder.
Aquella tarde no había terminado aun de darme sorpresas, al volver la esquina del picadero, camino de los vestuarios donde nos esperaba el agua tibia de una ducha, a lo lejos , en la puerta de lo que más tarde supimos que eran las dependencias veterinarias, vimos salir de un caballo un chorro de agua que alcanzaba mas de un metro, como suena, de un caballo, corrimos para acercarnos, para dar fe de lo que veían nuestros ojos, una imagen dantesca, un relato kafkaiano, pero a medida que nos aproximábamos con más nitidez distinguíamos la escena, el chorro de agua salía de su cuello, del cuello del caballo, como una fuente ornamental. Con los latidos descompasados y la respiración acelerada llegamos hasta el lugar, el caballo amarrado a las rejas de una ventana, impasible como si no fuese la cosa con él, mantenía una compostura serena, los dos personajes que le rodeaban no eran otra cosa que el Veterinario de la Escuela y un ayudante. Aun manaba agua de aquel animal cuando le preguntábamos sobre aquello tan extraño.
El veterinario amablemente nos relató que aquel viejo caballo tenia un quiste en el cuello, mejor dicho en la parte de su garganta, un quiste de grasa apenas por debajo de la piel, le había tenido que intervenir, usando el bisturí se lo extrajo y posteriormente antes de desinfectarlo le había introducido una manguera con agua a presión por la incisión y era tal el tamaño que había alcanzado el quiste y por consecuente el hueco dejado, que le cabían casi cinco litros de agua, sumado todo a la presión que la piel ejercía por volver a su normalidad lo convirtió en un surtidor vertebrado, más tarde y en nuestra presencia con unas largas pinzas sujetando una bola de algodón impregnado en mercromina desinfectó toda la cavidad.
Desde el primer día montábamos cada uno en el mismo caballo, en aquel que se dejó coger tras la penosa persecución inicial, pero hoy extrañamente habían dos nuevos, uno, mas mamut que caballo, por lo que sobresalía de los demás y que le tocó a mi amigo Enrique y otro blanco, como la nata, para Alberto, por algún motivo los originales había hecho novillos.Los primeros quince minutos fueron para repasar la sesión anterior, más sube y baja, más culetazos traidores hasta sintonizar al jinete y al caballo al trote. Pasado el cuarto de hora, algún mozo de cuadras en secreta complicidad con el "director de orquesta" abrió repentinamente aquellas enormes puertas metálicas que comunicaban el circo romano con el mundo exterior.
La luz entró por ellas en una avalancha incontrolada, inundó el sombrío picadero y los colores parecieron reventar como las flores en primavera, si no fuese por el espantoso ruido de las puertas al arrastrarse perezosas sobre sus guías metálicas, aquel cuadro de los jinetes sobre sus caballos casi hubiese sido un cuadro digno de colgar en cualquier club privado de esos de postín.
"Vamos a salir y por primera vez, hoy vamos a cabalgar, que nadie rompa la fila, que nadie se me adelante y que todo el mundo siga mis instrucciones, si no, el que no lo haga, automáticamente será expulsado del curso", anunció con voz grave y solemne el "boss".
Una mezcla de expectación e impaciencia me perturbaba, por fin, ahora experimentaríamos el sumo placer de la equitación, emularía a tantos jinetes de las pelis del oeste.
Enfilamos aquella vaginal salida al mundo real, se acabó eso de dar vueltas como los autos de choque alrededor del eterno rectángulo, de ese mundo limitado y anónimo.
El profe lideraba como él había acordado la reata, mi amigo Enrique le seguía y yo detrás de este, a mis espaldas Alberto, Luis cerraba la cuerda de novatos y cerrando la procesión un mozo de cuadras.
Por una puerta trasera de la Escuela encauzamos un camino sin asfaltar, de tierra vamos, entre algunas acacias que esperaban a ambas orillas del camino fuimos al paso hasta que una inmensa explanada se abrió delante de nosotros. La explanada daba para tanto que a nuestra izquierda un campo de fútbol improvisado recogía a dos equipos de chiquillos que disputaban un partido como si del eterno derby se tratase y de repente..aun no lo sé, si fue el que hacia las veces de árbitro o alguno de los asistentes al duelo, tocó un silbato, un inocente silbato de esos que tantas veces hemos oído y tocado.
Pero a Enrique ese sonido impertinente nunca se le olvidará, a él principalmente, pero al resto tampoco.
Ese caballo de talla XXL como el de Troya que montaba Enrique, al oír a lo lejos el silbato y como movido por un muelle interior, se levantó de manos...y continuó levantándose y levantándose...hasta que cayó hacía atrás sobre la silla y acabó como una inmensa cucaracha con las patas para arriba. Esto ya por sí era todo un espectáculo, pero aun más era ver a Enrique primero intentando aguantarse al caballo como gato desperado mientras este se verticalizaba y después la agilidad que tuvo, hasta ese momento desconocida hasta por sus progeneres, para saltar en el momento justo antes de que se le viniese encima aquel trailer. El resto de las cabalgaduras en un primer momento al ver el repentino y poco cuerdo comportamiento de su compañero, hicieron algunos extraños pero pudimos respectivamente mantenerlos a raya. Enrique acabó rodando por el suelo en un revoltijo de botas y matojos, su cara de sorpresa era un poema, un miserere a difuntos.
"¿Estás bien?"preguntó al desgraciado Enrique,"¿De donde coño ha salido ese caballoooo?" espetó furioso al mozo de cuadras mientras este buscaba agujeros del tamaño del botón de una camisa donde poder meterse. "Es de los nuevos, de los que llegaron la semana pasada, es que..el otro está lastimado", se hizo el silencio, ese silencio que etiqueta la impotencia.
Ya colocado el caballo en su posición más natural e igual el jinete, "¿Quieres seguir?" preguntó a Enrique y este asintió con la cabeza, con un movimiento lento como aceptando una condena, a ver que iba a decir, nos contaría más tarde, si decía que no, tenia que volver andando hasta la Escuela y ya hacia que la perdimos de vista, sin olvidarse de las puñeteras botas, para montar, todavía, pero para caminar, un suplicio.
Así que continuamos por aquel camino, uno tras de otro en desfile marcial, acatando en todo momento las normas impuestas y con los cinco sentidos, y algunos más que seguro tenemos en la reserva, puestos en el animal.
De ir al paso, el director imponía el ritmo, pasamos al trote del sube y baja y de ahí,al galope.
Sin dudas es el más cómodo de los estilos, el más gratificante, el más bonito por su estética y sentir el viento en la cara, la saliva del caballo que se le escapa entre el bocado y la comisura de los labios, ver como pasan las piedras, los baches, los yerbajos como en un expreso.
Al principio me pasaba igual que cuando montas por primera vez en bicicleta, todo era mirar para abajo, calculando el tamaño del posible batacazo desde aquellas alturas y a esa velocidad. Después poco a poco vas descubriendo que delante hay una cabeza que sube y baja y que esta tiene sus orejas que giran de adelante y atrás en movimientos continuos, vas notando los fuertes golpes de los cascos sobre la tierra, la enorme fuerza de un coloso y del polvo que levanta y los cascotes que va soltando el que te precede, de la agilidad que tienes que tener para en algunos momentos esquivarlos y de como te deja hecho un asco si acaso se cruza un charco en el camino.
Pasaban los minutos y cada uno de ellos era saboreado con fruición, como un pastel de almendras, todo trascurría dentro de la normalidad, todo, hasta que Alberto decidió por su cuenta un nuevo guión. De reojo me di cuenta que el caballo de Alberto me intentaba pasar, lo intentaba, se ponía a mi altura y me adelantaba, "ya está haciendo el capullo, como siempre tiene que dar la nota" me decía a mi mismo recordando. . "¡¡que nadie rompa la fila!!". La verdad es que al pasar a mi lado le miré para recriminarle su actitud e indisciplina y este ni siquiera se molestó en devolverme la mirada, iba pendiente de su remontada, pegado a la silla como un mejillón a las piedras y con la mirada fija al frente, como hipnotizado.
Continuó su adelantamiento hasta llegar a la altura del profesor, este que no podía permitir que un peluso imberbe le echara cojones, espoleó el suyo y mientras uno más corría el otro más picaba espuelas y de esta guisa estaban sin tener en cuenta que los que íbamos detrás también teníamos que acelerar para no romper la formación, así que aquello parecía una carga de la caballería decimonónica en toda regla. Viendo el "mandamás" que era imposible seguir primero aun sacándole las tripas por los costados a su caballo y que una pronunciada pendiente amenazaba con el final de la llanura, optó aunque de mala gana que el rival le pasase.
A pocas trancas más la carrera se detuvo y como era de esperar dio comienzo la esperada retahíla, la temida bronca a mi amigo, este con el rostro demudado no acertaba articular palabra y el silencio le juzgó culpable.
Ya preparábamos la fila de indios para regresar cuando oímos gritos al otro lado del barranco, todos por instinto volvimos la cara hacia la ladera opuesta, juntas aquella y la de este lado del barranco acaban en un riachuelo.
Un jinete bajaba a todo gas ladera abajo, me quedé boquiabierto de contemplar el aplomo de aquel tío, ni piedras, ni arbustos, nada le suponía obstáculo, era impresionante ver el control que tenia sobre su montura.
Seguía bajando como una exhalación, de vez en cuando oíamos una exclamación ininteligible, sin duda que animaba al caballo para que no le asustase la pronunciada pendiente. Ya le faltaban pocos metros para alcanzar el riachuelo, todos creíamos que detendría el caballo antes de alcanzar la orilla, pero como un Pegaso saltó al otro lado, por encima del lecho pedregoso y las aguas furiosas, sin tiempo a que el caballo pensase en lo extraordinario que había hecho, lo dirigió por la ladera contraria, la que subía hasta nuestra explanada, y comenzó a subir sin menguar apenas en su velocidad, como un gato escaldao subía y subía ladera arriba y a eso de la mitad, de repente se detuvo el caballo y vimos asombrados como el jinete caía a su lado, desplomado, nos pusimos en lo peor, algún malestar repentino de aquel pobre le había dejado sin sentido o algo peor.
Se quedó el mozo con los caballos y cuesta abajo todos intentábamos demostrar al profe que pie a tierra no nos ganaba nadie, en pocos minutos ya estábamos delante de esa visión que si no fuese por lo que presumíamos de trágica hubiese sido la más bucólica, el caballo... el jinete tumbado a su lado... las florecillas ornamentando la composición y aquel riachuelo que servia de fondo a tan hermoso suceso.
Todavía tumbado a media pendiente, apoyado con los codos en el suelo, al llegar, levantó la cabeza que la tenia hundida en el pecho y comprobamos asustados que se trataba del veterinario, el que habíamos conocido días antes y cuya fama de experto jinete sobrepasaba la Escuela. Algo malo tenia que haberle ocurrido, un desmayo, un mareo o una simple indisposición. Entre todos lo pusimos de píe, la cara era de cera y los ojos desencajados no los apartaba del caballo, al que aun mantenía sujeto por las riendas, no articulaba palabra, de una cantimplora que el jefe llevaba le mojamos los labios y pareció que un ligero parpadeo le regresaba a este mundo. El caballo extenuado, era una maquina a vapor, si hubiese tenido pito se hubiese escuchado en los sinfines de la Tierral, empapado en sudor, los borbotones de espuma le salían de la boca a modo de bicarbonato en agua, aun parecía algo nervioso el animal.
Esperamos impacientes a que el veterinario, aquel cadáver, fuese capaz de sintonizar con la realidad antes de hacerle ninguna pregunta.
Abrió la boca, descubriendo sus comisuras blanquecinas y viscosas pintadas por el miedo, masculló una palabra, primero apenas audible, pero la repetía una y otra vez, cada vez más fuerte.... "¡¡¡cabrón....Cabrón....CABROOOON! levantó el puño para descargarlo en la testa del equino, a duras penas le pudimos sujetar.
"Ha roto el bocado,a poco me mata el mu joputa, bajaba a toda ostia a ver si me tiraba y viendo que no podía, saltó el río como una gacela y gracias a Dios que la cuesta arriba lo ha cansado, que ya no podía más, pensaba que era mi ultimo día, la mare lo parió", "te voy a arrear una patada cacho cabrón que no vas a morder ni la paja de las cuadras", decía fuera de sí, señalando el bocado partido." Tranquilo, hombre, tranquilízate que no ha pasado nada, estaría mal el bocado" le decía el profesor para evitar un equisidio.
Tras algunos minutos, ya sosegados el jinete y el caballo, entre dos le ayudamos a subir la pendiente hasta donde nos esperaba el mozo con los nuestros, mientras otro tiraba de las riendas del frustrado homicida.
Después de esto ya era suficiente para la primera tarde de cabalgada, así que mejor volver tranquilamente al paso que no era cosa de seguir tentando al diablo.
Justo llegar, lo primero que hizo el profesor fue dirigirse a las oficinas y cuando salíamos de los vestuarios nos lo cruzamos por uno de aquellos patios, caminaba a zancadas como midiendo el terreno, venia con la cara seria y masticando algunas palabras en silencio, no pudimos evitar preguntarle " ¿Pasa algo?".."¿Que si pasa algo?"..."vamos coño, si los tontos volasen estaría el día nublado" dijo tan mosqueao como el pavo oyendo villancicos.
Nos contó la respuesta a ese comportamiento tan extraño de los caballos, era tan simple como inesperada, esos caballos habían sido comprados no más de un mes atrás y aquí viene lo bueno, venían de haber sido entrenados para ser usados en películas, si así como suena, en películas, eso explica que uno al oír un silbato el uno literalmente se tirase y el otro, que por narices tenia que ir primero, le importaba un carajo el profesor y el lucero del alba, lo habían programado para ser el caballo del protagonista y por cojones tenia que ir el primero.
Aquel fue nuestro último día de clases de equitación, después de esto, preferimos mantener el cuerpo compuesto a hacer "el indio".
Con el paso de los años en cierta ocasión Luis, Alberto y yo, recordábamos aquellas clases.
Recuerdo que le pregunté a Luis si había seguido montando a caballo.."¿quien..yo?”jeje","fijate", me dijo, "mi hijo de pequeño quiso hacerse una foto montado en un caballo de esos de cartón piedra..y si no llega a ser porque venia su madre..que fue quien lo subió y lo bajó...se queda sin foto, no me acerco a un caballo ni por una apuesta"
¿Y tu, Alberto?, me miró y con eso me lo dijo todo, comprendí al instante que no tenia que habérselo preguntado.
¿Y tu, que? me tocaba a mi responder...."bueno, yo, ejemm, me regalaron dos cuadros con dos caballos preciosos cuando me casé, jeje, pero..se los regalé a mi cuñao en su boda" y todavía me lo agradece, resulta que valen un pastón, dice que son al aguafuerte o que se yo, la cosa es que aunque fuesen los bocetos originales de Leonardo da Vinci, ni en pintura."
La cosa es que al día siguiente allí estábamos cuatro ilusos delante del profesor de equitación, dando nombres y dinero. "Lo primero que os tenéis que comprar ..botas, pantalones y ropa cómoda" nos dijo, para mí que se le olvidó lo del botiquín de primeros auxilios.
Una vez tuviésemos conseguidos los pertrechos básicos, se acordó cita para la primera clase, "a las 5 de la tarde mañana” dijo el profe, no se me olvidará esa hora, la hora fatídica del morlaco, la hora del paseíllo, a esa que las taleguillas se quedan anchas y se aflojan los esfínteres.
A las 5 como clavos, los cuatro, el profesor y sus primeras enseñanzas..."puntera siempre hacía fuera, rodillas apretadas, cuerpo derecho y riendas bien cogidas", no sé si nos dijo nada más, con eso ya teníamos bastante, "chupao, tío esto tá chupao" me decía Alberto, el más lanzao.
Después nos encaminamos a lo que decía aquel hombre que era un picadero, el concepto de picadero que yo tenia era otro, así que me fastidiaba pensar tener que quitarme las botas con el trabajito que me había costado embutírmelas y esos pantalones que no me dejaban separar las piernas más allá de una cuarta, pero en fin, si las clases comenzaban así con un revolcón, jeje, todo sea por la Ciencia.
Picadero, picadero era una nave rectangular con una puerta mas grande que la del hangar del Concorde y con las paredes con más desconchones que la fachada el Partenón, eso si, mucha tierra, albero por todos lados, pa mi que saldría el miúra de un momento a otro.
Atravesamos aquel inmenso portalón como si fuese el Arco del Triunfo, alli estaba el maestro de equitación, montado sobre un caballo, tieso como una vela, mirandonos impavido y con una muesca en sus labios que predecia lo que iva a ocurrir más tarde, a mi me pareció estar delante de la estatua de la Plaza Mayor, leche, que alto estaba el pavo subido.
Todavía estábamos explorando con la vista el recinto, buscando burlaeros o boquete en la pared donde esconderse en caso de necesidad, nada, no había nada donde meter el culo si la cosa se ponía fea, estaba claro, el que entraba allí o salía montando a caballo o allí mismo lo enterraban, para eso tanta tierra, seguro que cubría a otros tontos como nosotros que antes se habían metido en la boca del lobo.
Y en eso andaba cuando el suelo comenzó a temblar, un ruido de golpes secos como si el cielo estallase en tormenta, miramos para atrás y allí estaban, un mozo de cuadra traía cogidos por las riendas y perfectamente ensillados a cuatro caballos, por llamarles de algún modo, para mi que el mejor tenia el mal de San Bito, si uno saltaba, otro brincaba como una cabra con sarampión, todos se rebelaban por haber sido arrancados de la intimidad de las cuadras, se levantaban de manos amenazantes ,como un púgil furioso, en fin que pa mí aquello no eran caballos sino cebras con dos manos de betún.
La muesca que el profe lucía se convirtió en sonrisa macabra y al instante transfórmese en orden al mozo.."suelta los caballos", le faltó tiempo ... soltarlos... poner pies en polvorosa, nunca mejor dicho parecía el corre caminos, y cerrar la puerta fue todo uno.. "ahí os joán" y desapareció.
!Eah! ahí están los cuatro bucéfalos, sedientos de sangre fresca de los nuevos aspirantes. Listos para compartir la misma arena que los anteriores difuntos.
El espectáculo quedó grabado a fuego en mi retina, uno corría de un extremo a otro del picadero como si estuviese poseído, el otro daba tales brincos que parecía querer robar los focos, el otro pareciese le hubiesen supositoreado con un cardo borriquero y el que faltaba, para que iba a perder el tiempo, se dejó venir directo para nosotros, como un obús.
Todo listo para la función "¡¡que levanten el telón!!, los actores en el escenario, el decorado preparado, la orquesta tocaba la quinta sinfonía, "la del relincho" y el director de orquesta desde su équído atril impartió su siguiente orden..."Que cada uno coja un caballo y a montarlo", jeje, si vamos que se van a dejar y una leche, pensaba.
Yo corría detrás del primero que pasó mas cerca de mí, otro de mis amigos se encaminaba por uno que se le había encarado y lo esperaba tranquilo, con la grupa encajonada en un rincón, protegiendo la retaguardia, los otros dos colegas, esos ni se sabe, unas veces corrían detrás y otras, los malditos bichos se revolvían y les tocaba correr delante en vergonzosa retirada.
La clase duraba una hora, la manecilla corrió misericordiosa para alcanzar la verticalidad, cuando aquel "Mariscal de Campo" dijo la clase ha terminado, miró impertérrito el campo de batalla. Caballos heridos o caídos en combate, ninguno; pipiolos, cuatro enharinaos como boquerones y sudando más que un pollo en un microondas , pero eso sí, dos habíamos conseguido coger las riendas de sendos monstruos, que más valía no haberlo hecho, nos arrastraban de lado a lado por la arena como trapos viejos, parecíamos dos pañuelitos en un mástil. "Mañana más" dijo el demonio montao a caballo, alguno de mis amigos refunfuño en silencio: "¿Mañana?, mañana.. va venir tu reverenda madre", "¿Y que vas a hacer con lo que hemos comprado? le dije, "el pantalón pa mi hermana, pa los carnavales o pa cuando quiera practicar con el novio el salto al potro y las botas pa coger coquinas este verano en la playa de Rota", leche, pensé, lo tiene todo calculado.
Al segundo día a las 5 otra vez los cuatro, el que quería abandonar el barco, el padre lo amenazó para recuperar el dinero de lo invertido con un mes en los albañiles, "antes le muerdo las orejas a un bicharraco de esos que me quedo sin ver a la Paqui".
Vuelta a empezar, misma faena, el mozo, los caballos sueltos pero esta vez, cada uno le echó el ojo a uno de ellos; antes del cuarto de hora, ya teníamos en las manos las riendas de aquellos criminales, ahora faltaba el paso siguiente, montarse, jeje, el joío profe desde su altura aguantaba la risa como mejor podía.
Giros tan endiablados que por tenerles sujetas las riendas parecía que el caballo estaba dibujando con nosotros en la arena donde quería enterrarnos, cabezazos que nos levantaban del suelo por empecinarnos en mantenernos juntos, el ruido infernal, el miedo, los nervios y el torbellino de tierra y polvo que formaban aquellos cuatros energúmenos, lo de montarlos, era más un deseo que una realidad.
En uno de esos descuidos del bicho, cuando ya enfilaba a uno de mis amigos entre sus ancas para soltarle una coz traicionera, conseguí poner mi bota izquierda en su estribo y pasarle las riendas por la cabeza. Ese fue el problema, al pasárselas le rocé en las orejas, un equino prefiere una patada en los cuartos traseros antes que le toquen los soplillos. Al percatarse del asalto, por Ganímedes que no estaba dispuesto a dejarse corononar. Si antes giraba, ahora lo cumplimentaba con una buena carrera adornada con sus caracoleos, a todo esto, yo colgando con un pie en el estribo y el otro saltando como un pirata al que le quitan la muleta, parecía un peluche amarrado a una cabra. No pregunten por como les iba a los demás, que con mi cruz ya estaba servido. Mientras tanto "el loco montado", el magíster, gritaba desde las alturas..."¿A que esperáis para montaros?, se nos va a pasar la hora", ¿a que íbamos a esperar?, jóe, a que se dejaran montar los mamuts, ¿a qué si no?.
Más por lastima o porque pensaba que ya había acabado conmigo, er cuadrúpedo se detuvo, jeje, mira que me quedaba estrecho el pantalón, mira que me pesaba la pierna entre la bota y la paliza de tanto salto, pues bien, antes de que mirase de reojo, zás, montado. Montado, si, ¿pero como estaba montado?, se supone que hay un estribo para cada pie, por los clavos de una alpargata que a aquel bicho solo le habían puesto uno, al menos yo no conseguía encontrar el otro, para descubrir si lo había incliné el cuerpo hacia el lado derecho, grave error por no contar con las emponzoñadas intenciones del malvado animal, creo que ya tenia preparado el plan de desahucio. Con un salto a la vez sobre sus cuatro extremidades, como gato que le mojan las patas, acabé a modo de collar sobre su pescuezo, mis manos todavía aguantando las riendas le rodeaban en un abrazo fraternal la cabeza, aun no comprendo para que quería riendas tan largas si lo que me faltaba era caballo, mi cabeza acabó tan cerca de su hocico que si hubiese querido me hubiese dado un beso. Tanto me asusté yo, que me vi volteado por encima de sus crines, como él, que no se esperaría el sobre peso en el pescuezo. Y en estas, por un instante, se paró, el resorte que me empujó hacia atrás y aterrizar en la silla, todavía después de tantos años sigo sin encontrarlo.
Sentado en la silla, riendas bien sujetas, tensas y el cuerpo tieso , el estribo que me faltaba ahora me golpeaba en la pierna a cada paso del caballo a modo de péndulo, esta vez no me inclino, jeje, pero ¿a ver como consigo atrapar el joío estribo?, me acordaba de aquellas carreras en que el jinete tenia que ensartar la anilla de una cinta, Dios debió de apiadarse de mí en mi segundo día y en un encuentro de esos a ciegas se introdujo el reposa pies por mi bota, ahora sí, ¡¡¡soooooó" me faltó tiempo para darle un tirón de riendas que a poco le pongo las narices en la cola y ¡¡oh maravilla!!, se paró, se quedó inmóvil, petrificado.
No sé si durante este tiempo que empleé en acomodar mi dolorido cuerpo sobre la maldita silla inglesa, que tiene guasa la cosa... inglesa tenia que ser, el profe dijo algo, si lo dijo no estaba yo para atender tonterías, pero justamente cuando ya estaba a su misma altura... "Bien, ahora bajense despacio, cuidado no se queden enganchados en los estribos”, "vamos a repetir la jugada". Cago en tó si ya estábamos arriba ¿para qué bajarnos?, pensaba. "Cojan las riendas con la mano izquierda, tiren tan fuerte que le hagan al caballo agachar la cabeza y se quede inmóvil, pié izquierdo al estribo, mano derecha a la silla y pierna derecha para arriba, sentaros sobre la silla y aguantando firmemente el caballo para que no se mueva...pie derecho a estribo derecho, cuerpo estirado espaldas recta".. "y a bajarse de nuevo..la clase ha terminado hasta mañana", oño ya podía habérnoslo explicado antes el método y ahorrarnos del suplicio de la ascensión.
Mientras regresábamos a casa pensaba en la silla, esa, la inglesa, cago en tos los ingleses, esos si que son agarraos, con medio kilo de cuero hacen una silla, tan pequeña que hay que atinar pa colocar el culo sobre ella, normal, me decía, no vá a usar el tío en una escuela sillas vaqueras, esas son sillas, más que sillas, sofás y con sus apéndices tiesos como penes, varoniles vamos, y no la mariconada de estas que no son ni fú ni fá.
Ya en casa mientras cenaba le comenté a mi padre la odisea sufrida hasta montar el caballo, recuerdo me dijo.."el caballo tiene que saber quien manda, si te dejas ganar la partida te come con papas", jeje, se va a enterar mañana ese bisonte maquillao con quien se juega las perras. Así que al día siguiente ya iba con la escopeta amartillada.
"Hoy, si nos da tiempo” decía el profesor con una pesada carga de ironía” intentaremos aprender a cabalgar al paso y al trote, así que cuando estéis montados, comenzamos".
De nuevo la misma historia, mozo suelta caballos..histeria equina y a la caza de la bestia. Ya habíamos aprendido algo más de como atrapar aquellos diablos. Sujetaba el mío y ya había puesto el pie en el estibo, cuando de repente siento una opresión en mi antebrazo izquierdo, el joio bicho, me había dado un mordisco para evitar que montase y lo evitó, porque a poco doy con toda mi ingenuidad por las arenas. Apenas pude mantener la dignidad en pie delante del caballo, pero como un latigazo me vino a la memoria las palabras de mi padre y antes de que parpadease, su hocico había chocado "por accidente” con mi mano derecha que casualmente estaba cerrada, remedio santo, la calma y el sentido común retornó a sus adentros, se dejó montar, acomodarme e incluso obedecer.
Todos sobre las monturas, en tensión, preparados para cualquier reacción del cuadrúpedo, más pendientes de los movimientos de este que de lo que decía el "jefe", a cada cabeceo, cada movimiento de las orejas ya nos parecía una señal de mal agüero.
"Bien, golpeen suavemente con los talones y vayan colocándose en fila, uno detrás de otro...rodillas apretadas..punteras afuera, cuerpo derecho y riendas bien sujetas con ambas manos", nos recordaba el "padre nuestro" con machacona reiteración y hasta que se le rozó con las botas todo estaba ..medio normal, pero al primer talonazo...cada bomba explosionó en diferente medida. Mi caballo hizo un intento de meter la directa, gracias a pisar el freno a fondo y dejarle el bocao en la campanilla, la cosa no fue a más, pero recuerdo el de mi amigo Luis, estalló en un inesperado galope en dirección a una esquina, si no salió volando durante el camino que atravesaba el picadero era por puro instinto de supervivencia ,pero lo peor estaba por llegar, no faltarían más de dos metros para alcanzar su angulada meta cuando clavó sus cuatro patas en el suelo quedándose más inmóvil que el caballo de un retratista, yo sigo pensando que aquel caballo había terminado COU antes que nosotros, conocedor de esa ley universal de la inercia mi pobre amigo Luis acabó su repentino viaje delante de los hocicos del asesino animal, sobre sus espaldas, con las riendas aun sujetas con las manos agarrotadas y contemplando aquel ángulo recto de la esquina, un poco más y firma con otro desconchón en aquellas infaustas paredes, testigas de tanta humillación.
El profesor situado en medio del recinto como si defendiese el centro del campo, contemplaba atónito, como el resto, la jugarreta del caballo. Aun no habría regresado Luis a la realidad y mucho menos a la verticalidad, cuando el profesor le increpó.."señor mío te dije ..suavementeeeee, suavementeee,coño, sube inmediatamente al caballo".."y si te vuelves a bajar del caballo sin pedir permiso, te expulso de la clase".
Después de ver lo visto y que el "listillo" dijera lo que acababa de decir, nos quedamos alucinando en colores, a este le falta un hervor, pensé
De todo jinete, torero u otro mortal que se mueva entre animales es conocido que ante un percance con ellos hay que retornar inmediatamente al principio de la situación, de no hacerlo así, el miedo se apodera del alma y ya es imposible seguir montando, toreando o domando, o cualquier otra cosa. Así que para evitar que le cogiese miedo al caballo, la equitación y la mare que parió a los caballitos de feria, Luis tenía de inmediato que volver a su cabalgadura.
Todavía tambaleándose, con la estructura ósea dolorida pero intacta gracias al divino tesoro de la juventud, masticando a dos carrillos una mezcla de miedo y rabia, se incorporó, pero cuando el mandamás giró la cabeza para ver si la fila se mantenía o había quedado como el espejo de un loco, Luis le pegó tal puntapié en los bajos al bicho, que se la quedaron los ojos en blanco y de no mantenerlo sujeto por las riendas, seguro que hubiésemos tenido que ir a buscarlo a recepción, de nuevo mano de santo, se montó más mosqueao que una langosta en un olla, pero regresó a su puesto en la fila.
Eso del pánico es cierto, el pánico, los nervios, la risa, etc..etc, es pegajosa, contagiosa hasta en los animales, así al mismo tiempo que mi caballo intentó una arrancada repentina y el de Luis batió el record de los 50 mtrs en pista cubierta, los restantes caballos también tuvieron sus intenciones de seguirlo, pero gracias al Supremo, aceptaron la invitación a mantener la calma.
Recompuesta la fila de los condenados, después de dar algunas vueltas al ruedo rectangular como toreros hinchados de gloria, cuando la sangre ya estaba regresando a su cauce y la confianza comenzaba a tomar posiciones...nuevo reto, leche y picón, todo al carajo.
Otra vez habló el Zaratrusta montado, que poco dura la alegría en la casa del pobre y del jinete asustado, "ahora vamos a ir al trote, recuerden rodillas apretadas punteras afuera" y bla, bla, bla..el mismo soniquete, "para hacer que el caballo vaya al trote, golpeen un par de veces ..s u a v e m e n t e, suavemente he dicho, con los talones los costados", sonó en un tono mezcla de paternidad y sarcasmo.
Como si nos conociésemos de toda la vida, como si nos hubiésemos criado juntos, el irracional dio un aire nuevo a su ritmo cansino y alegró el paso hasta convertirlo en algo que va entre el tranquilo paseo y el corro pero no corro, sease lo que vulgarmente se llama el trote, trote cochinero, diría yo.
¿Sabes lo que es montarse en un martillo hidráulico?¿Sabes lo que es sentarse sobre una lavadora coja en el centrifugado? pues algo parecido es el trote o al menos a mi me lo pareció.
Pensaba que todo el secreto de la equitación era mantener el culo pegado a la silla y que lo demás era superfluo, pues una leche pa mí, por mi insistencia en mantener las posaderas sobre el lugar dispuesto para ello, la silla, y el movimiento de sube y baja del caballo al trotar, resulta que todo esto se convertía en un interminable encuentro violento entre caballo y culo, osea que todo era una interminable secuencia de culetazos sobre la silla y con cada "caballazo" me hacia volar casi medio metro, en proporción directa, a más alegre el trote más culetazos y más saltos sobre el lomo, todo subía y bajaba como en un ascensor ido, saltaba el de adelante, el de atrás y hasta el profesor aparecía y desaparecía ante mi vista como un barco en la tormenta.
El caballo que iba delante era el encargado de triturar a Alberto, este, largo como era, largo como el quejío de un cantaor de flamenco, a cada brinco que daba sobre la silla parecía quitar las telarañas del anfiteatro, verlo me consolaba, el consuelo de los tontos, cada vez que le veía elevarse por encima del cuello del caballo pensaba que era la ultima.
Después de un rato y viendo aquel maestro, "Procónsul de Roma", que los ojos se nos mantenían en las cuencas por las pestañas y que estábamos a punto de desperdiciar los respectivos almuerzos, más por lastima que por pedagogía, gritó desde la lejanía.."intenten levantarse sobre los estribos a cada salto del caballo, hasta que consigan coger el ritmo" ¿que ritmo, coño? pensaba para mis adentros, si esto se mueve más que los pendientes de una coja.
Pero con la paciencia de un santo varón y la torpeza de un gato mareao, al final conseguí que cuando el joio caballo subía, mi culo estuviese en alto y cuando bajaba la montura, mi retaguardia la acompañase, jeje, ahora sí, se acabó la batidora. Y cuando le habíamos cogido el tranquillo, cuando el vals estaba en lo mejor..."la clase ha terminado, es la horaaa, hasta mañana" joder.
Aquella tarde no había terminado aun de darme sorpresas, al volver la esquina del picadero, camino de los vestuarios donde nos esperaba el agua tibia de una ducha, a lo lejos , en la puerta de lo que más tarde supimos que eran las dependencias veterinarias, vimos salir de un caballo un chorro de agua que alcanzaba mas de un metro, como suena, de un caballo, corrimos para acercarnos, para dar fe de lo que veían nuestros ojos, una imagen dantesca, un relato kafkaiano, pero a medida que nos aproximábamos con más nitidez distinguíamos la escena, el chorro de agua salía de su cuello, del cuello del caballo, como una fuente ornamental. Con los latidos descompasados y la respiración acelerada llegamos hasta el lugar, el caballo amarrado a las rejas de una ventana, impasible como si no fuese la cosa con él, mantenía una compostura serena, los dos personajes que le rodeaban no eran otra cosa que el Veterinario de la Escuela y un ayudante. Aun manaba agua de aquel animal cuando le preguntábamos sobre aquello tan extraño.
El veterinario amablemente nos relató que aquel viejo caballo tenia un quiste en el cuello, mejor dicho en la parte de su garganta, un quiste de grasa apenas por debajo de la piel, le había tenido que intervenir, usando el bisturí se lo extrajo y posteriormente antes de desinfectarlo le había introducido una manguera con agua a presión por la incisión y era tal el tamaño que había alcanzado el quiste y por consecuente el hueco dejado, que le cabían casi cinco litros de agua, sumado todo a la presión que la piel ejercía por volver a su normalidad lo convirtió en un surtidor vertebrado, más tarde y en nuestra presencia con unas largas pinzas sujetando una bola de algodón impregnado en mercromina desinfectó toda la cavidad.
Desde el primer día montábamos cada uno en el mismo caballo, en aquel que se dejó coger tras la penosa persecución inicial, pero hoy extrañamente habían dos nuevos, uno, mas mamut que caballo, por lo que sobresalía de los demás y que le tocó a mi amigo Enrique y otro blanco, como la nata, para Alberto, por algún motivo los originales había hecho novillos.Los primeros quince minutos fueron para repasar la sesión anterior, más sube y baja, más culetazos traidores hasta sintonizar al jinete y al caballo al trote. Pasado el cuarto de hora, algún mozo de cuadras en secreta complicidad con el "director de orquesta" abrió repentinamente aquellas enormes puertas metálicas que comunicaban el circo romano con el mundo exterior.
La luz entró por ellas en una avalancha incontrolada, inundó el sombrío picadero y los colores parecieron reventar como las flores en primavera, si no fuese por el espantoso ruido de las puertas al arrastrarse perezosas sobre sus guías metálicas, aquel cuadro de los jinetes sobre sus caballos casi hubiese sido un cuadro digno de colgar en cualquier club privado de esos de postín.
"Vamos a salir y por primera vez, hoy vamos a cabalgar, que nadie rompa la fila, que nadie se me adelante y que todo el mundo siga mis instrucciones, si no, el que no lo haga, automáticamente será expulsado del curso", anunció con voz grave y solemne el "boss".
Una mezcla de expectación e impaciencia me perturbaba, por fin, ahora experimentaríamos el sumo placer de la equitación, emularía a tantos jinetes de las pelis del oeste.
Enfilamos aquella vaginal salida al mundo real, se acabó eso de dar vueltas como los autos de choque alrededor del eterno rectángulo, de ese mundo limitado y anónimo.
El profe lideraba como él había acordado la reata, mi amigo Enrique le seguía y yo detrás de este, a mis espaldas Alberto, Luis cerraba la cuerda de novatos y cerrando la procesión un mozo de cuadras.
Por una puerta trasera de la Escuela encauzamos un camino sin asfaltar, de tierra vamos, entre algunas acacias que esperaban a ambas orillas del camino fuimos al paso hasta que una inmensa explanada se abrió delante de nosotros. La explanada daba para tanto que a nuestra izquierda un campo de fútbol improvisado recogía a dos equipos de chiquillos que disputaban un partido como si del eterno derby se tratase y de repente..aun no lo sé, si fue el que hacia las veces de árbitro o alguno de los asistentes al duelo, tocó un silbato, un inocente silbato de esos que tantas veces hemos oído y tocado.
Pero a Enrique ese sonido impertinente nunca se le olvidará, a él principalmente, pero al resto tampoco.
Ese caballo de talla XXL como el de Troya que montaba Enrique, al oír a lo lejos el silbato y como movido por un muelle interior, se levantó de manos...y continuó levantándose y levantándose...hasta que cayó hacía atrás sobre la silla y acabó como una inmensa cucaracha con las patas para arriba. Esto ya por sí era todo un espectáculo, pero aun más era ver a Enrique primero intentando aguantarse al caballo como gato desperado mientras este se verticalizaba y después la agilidad que tuvo, hasta ese momento desconocida hasta por sus progeneres, para saltar en el momento justo antes de que se le viniese encima aquel trailer. El resto de las cabalgaduras en un primer momento al ver el repentino y poco cuerdo comportamiento de su compañero, hicieron algunos extraños pero pudimos respectivamente mantenerlos a raya. Enrique acabó rodando por el suelo en un revoltijo de botas y matojos, su cara de sorpresa era un poema, un miserere a difuntos.
"¿Estás bien?"preguntó al desgraciado Enrique,"¿De donde coño ha salido ese caballoooo?" espetó furioso al mozo de cuadras mientras este buscaba agujeros del tamaño del botón de una camisa donde poder meterse. "Es de los nuevos, de los que llegaron la semana pasada, es que..el otro está lastimado", se hizo el silencio, ese silencio que etiqueta la impotencia.
Ya colocado el caballo en su posición más natural e igual el jinete, "¿Quieres seguir?" preguntó a Enrique y este asintió con la cabeza, con un movimiento lento como aceptando una condena, a ver que iba a decir, nos contaría más tarde, si decía que no, tenia que volver andando hasta la Escuela y ya hacia que la perdimos de vista, sin olvidarse de las puñeteras botas, para montar, todavía, pero para caminar, un suplicio.
Así que continuamos por aquel camino, uno tras de otro en desfile marcial, acatando en todo momento las normas impuestas y con los cinco sentidos, y algunos más que seguro tenemos en la reserva, puestos en el animal.
De ir al paso, el director imponía el ritmo, pasamos al trote del sube y baja y de ahí,al galope.
Sin dudas es el más cómodo de los estilos, el más gratificante, el más bonito por su estética y sentir el viento en la cara, la saliva del caballo que se le escapa entre el bocado y la comisura de los labios, ver como pasan las piedras, los baches, los yerbajos como en un expreso.
Al principio me pasaba igual que cuando montas por primera vez en bicicleta, todo era mirar para abajo, calculando el tamaño del posible batacazo desde aquellas alturas y a esa velocidad. Después poco a poco vas descubriendo que delante hay una cabeza que sube y baja y que esta tiene sus orejas que giran de adelante y atrás en movimientos continuos, vas notando los fuertes golpes de los cascos sobre la tierra, la enorme fuerza de un coloso y del polvo que levanta y los cascotes que va soltando el que te precede, de la agilidad que tienes que tener para en algunos momentos esquivarlos y de como te deja hecho un asco si acaso se cruza un charco en el camino.
Pasaban los minutos y cada uno de ellos era saboreado con fruición, como un pastel de almendras, todo trascurría dentro de la normalidad, todo, hasta que Alberto decidió por su cuenta un nuevo guión. De reojo me di cuenta que el caballo de Alberto me intentaba pasar, lo intentaba, se ponía a mi altura y me adelantaba, "ya está haciendo el capullo, como siempre tiene que dar la nota" me decía a mi mismo recordando. . "¡¡que nadie rompa la fila!!". La verdad es que al pasar a mi lado le miré para recriminarle su actitud e indisciplina y este ni siquiera se molestó en devolverme la mirada, iba pendiente de su remontada, pegado a la silla como un mejillón a las piedras y con la mirada fija al frente, como hipnotizado.
Continuó su adelantamiento hasta llegar a la altura del profesor, este que no podía permitir que un peluso imberbe le echara cojones, espoleó el suyo y mientras uno más corría el otro más picaba espuelas y de esta guisa estaban sin tener en cuenta que los que íbamos detrás también teníamos que acelerar para no romper la formación, así que aquello parecía una carga de la caballería decimonónica en toda regla. Viendo el "mandamás" que era imposible seguir primero aun sacándole las tripas por los costados a su caballo y que una pronunciada pendiente amenazaba con el final de la llanura, optó aunque de mala gana que el rival le pasase.
A pocas trancas más la carrera se detuvo y como era de esperar dio comienzo la esperada retahíla, la temida bronca a mi amigo, este con el rostro demudado no acertaba articular palabra y el silencio le juzgó culpable.
Ya preparábamos la fila de indios para regresar cuando oímos gritos al otro lado del barranco, todos por instinto volvimos la cara hacia la ladera opuesta, juntas aquella y la de este lado del barranco acaban en un riachuelo.
Un jinete bajaba a todo gas ladera abajo, me quedé boquiabierto de contemplar el aplomo de aquel tío, ni piedras, ni arbustos, nada le suponía obstáculo, era impresionante ver el control que tenia sobre su montura.
Seguía bajando como una exhalación, de vez en cuando oíamos una exclamación ininteligible, sin duda que animaba al caballo para que no le asustase la pronunciada pendiente. Ya le faltaban pocos metros para alcanzar el riachuelo, todos creíamos que detendría el caballo antes de alcanzar la orilla, pero como un Pegaso saltó al otro lado, por encima del lecho pedregoso y las aguas furiosas, sin tiempo a que el caballo pensase en lo extraordinario que había hecho, lo dirigió por la ladera contraria, la que subía hasta nuestra explanada, y comenzó a subir sin menguar apenas en su velocidad, como un gato escaldao subía y subía ladera arriba y a eso de la mitad, de repente se detuvo el caballo y vimos asombrados como el jinete caía a su lado, desplomado, nos pusimos en lo peor, algún malestar repentino de aquel pobre le había dejado sin sentido o algo peor.
Se quedó el mozo con los caballos y cuesta abajo todos intentábamos demostrar al profe que pie a tierra no nos ganaba nadie, en pocos minutos ya estábamos delante de esa visión que si no fuese por lo que presumíamos de trágica hubiese sido la más bucólica, el caballo... el jinete tumbado a su lado... las florecillas ornamentando la composición y aquel riachuelo que servia de fondo a tan hermoso suceso.
Todavía tumbado a media pendiente, apoyado con los codos en el suelo, al llegar, levantó la cabeza que la tenia hundida en el pecho y comprobamos asustados que se trataba del veterinario, el que habíamos conocido días antes y cuya fama de experto jinete sobrepasaba la Escuela. Algo malo tenia que haberle ocurrido, un desmayo, un mareo o una simple indisposición. Entre todos lo pusimos de píe, la cara era de cera y los ojos desencajados no los apartaba del caballo, al que aun mantenía sujeto por las riendas, no articulaba palabra, de una cantimplora que el jefe llevaba le mojamos los labios y pareció que un ligero parpadeo le regresaba a este mundo. El caballo extenuado, era una maquina a vapor, si hubiese tenido pito se hubiese escuchado en los sinfines de la Tierral, empapado en sudor, los borbotones de espuma le salían de la boca a modo de bicarbonato en agua, aun parecía algo nervioso el animal.
Esperamos impacientes a que el veterinario, aquel cadáver, fuese capaz de sintonizar con la realidad antes de hacerle ninguna pregunta.
Abrió la boca, descubriendo sus comisuras blanquecinas y viscosas pintadas por el miedo, masculló una palabra, primero apenas audible, pero la repetía una y otra vez, cada vez más fuerte.... "¡¡¡cabrón....Cabrón....CABROOOON! levantó el puño para descargarlo en la testa del equino, a duras penas le pudimos sujetar.
"Ha roto el bocado,a poco me mata el mu joputa, bajaba a toda ostia a ver si me tiraba y viendo que no podía, saltó el río como una gacela y gracias a Dios que la cuesta arriba lo ha cansado, que ya no podía más, pensaba que era mi ultimo día, la mare lo parió", "te voy a arrear una patada cacho cabrón que no vas a morder ni la paja de las cuadras", decía fuera de sí, señalando el bocado partido." Tranquilo, hombre, tranquilízate que no ha pasado nada, estaría mal el bocado" le decía el profesor para evitar un equisidio.
Tras algunos minutos, ya sosegados el jinete y el caballo, entre dos le ayudamos a subir la pendiente hasta donde nos esperaba el mozo con los nuestros, mientras otro tiraba de las riendas del frustrado homicida.
Después de esto ya era suficiente para la primera tarde de cabalgada, así que mejor volver tranquilamente al paso que no era cosa de seguir tentando al diablo.
Justo llegar, lo primero que hizo el profesor fue dirigirse a las oficinas y cuando salíamos de los vestuarios nos lo cruzamos por uno de aquellos patios, caminaba a zancadas como midiendo el terreno, venia con la cara seria y masticando algunas palabras en silencio, no pudimos evitar preguntarle " ¿Pasa algo?".."¿Que si pasa algo?"..."vamos coño, si los tontos volasen estaría el día nublado" dijo tan mosqueao como el pavo oyendo villancicos.
Nos contó la respuesta a ese comportamiento tan extraño de los caballos, era tan simple como inesperada, esos caballos habían sido comprados no más de un mes atrás y aquí viene lo bueno, venían de haber sido entrenados para ser usados en películas, si así como suena, en películas, eso explica que uno al oír un silbato el uno literalmente se tirase y el otro, que por narices tenia que ir primero, le importaba un carajo el profesor y el lucero del alba, lo habían programado para ser el caballo del protagonista y por cojones tenia que ir el primero.
Aquel fue nuestro último día de clases de equitación, después de esto, preferimos mantener el cuerpo compuesto a hacer "el indio".
Con el paso de los años en cierta ocasión Luis, Alberto y yo, recordábamos aquellas clases.
Recuerdo que le pregunté a Luis si había seguido montando a caballo.."¿quien..yo?”jeje","fijate", me dijo, "mi hijo de pequeño quiso hacerse una foto montado en un caballo de esos de cartón piedra..y si no llega a ser porque venia su madre..que fue quien lo subió y lo bajó...se queda sin foto, no me acerco a un caballo ni por una apuesta"
¿Y tu, Alberto?, me miró y con eso me lo dijo todo, comprendí al instante que no tenia que habérselo preguntado.
¿Y tu, que? me tocaba a mi responder...."bueno, yo, ejemm, me regalaron dos cuadros con dos caballos preciosos cuando me casé, jeje, pero..se los regalé a mi cuñao en su boda" y todavía me lo agradece, resulta que valen un pastón, dice que son al aguafuerte o que se yo, la cosa es que aunque fuesen los bocetos originales de Leonardo da Vinci, ni en pintura."
viernes, 22 de febrero de 2008
La palabra afilada.
Siempre ha existido la polémica de que es peor, si perder la vista o perder el oído. Pues bien, hay que partir de la misma base, del mismo principio, asumiremos que ambas fatales perdidas lo sean ya desde el temprano estadío fetal.
De todos es sabido que la ausencia de oído, lleva consigo "daños colaterales" como es la perdida del habla, que no mudos, porque aun podrá gruñir , emitir sonidos guturalres e incluso puede que reír y llorar, pero no hablar, no articular palabra y por lo tanto no expresarse oralmente.
Sentemos a la misma mesa dos personas y tapemos les la boca, ahora que intenten describirse el uno al otro su estado de animo, de salud, sus inquietudes, sus proyectos de futuro, me temo que seria una tarea difícil y casi imposible de acabar.
Ahora sentemos dos invidentes, en la misma mesa, y quizás lo primero que se pregunten sean por sus nombres, esbozarán una sonrisa, se explicarán mutuamente su problema y todo lo sazonarán con la ironía de quien apuñala su suerte, para después posiblemente ser el principio de una interesante velada. Y como no pueden apreciar los rasgos externos, esos de los que la vista se ha erigido en juez de belleza o fealdad, de atracción o rechazo, pues quizás descubran otro tipo de belleza aquella que no se marchita ni pierde, la del alma, en esa son ellos los mejores tasadores.
Un sordo puede ver la película, ¿pero que es lo que ve?..una secuencia interminable de imagenes a las que él le da el sentido que cree más lógico con lo que aprecia, después, si le preguntamos seguramente nos contará otra película diferente a la nuestra. Evidentemente el ciego, no puede apreciar los paisajes, los rostros, los coloreados vestidos de las actores, pero, sin duda puede explicarte la trama correcta y con escasas puntualizaciones, podrías comentar con él si ha o no merecido el rato empeñado.
Muchos son los examinadores de lienzos, los que no ven más allá de la superficie emborronada por los pinceles del autor, solo saben mirar un cuadro, no saben que el cuadro habla, no saben lo que el artista nos está diciendo en su trama, no son capaces de traducir la simbología implícita de esos trazados, pero si a ese cuadro le añadimos palabra describiendo el porqué del color, de la disposición de las figuras, del porqué de un símbolo, de un matiz, cuando termine de contemplarlo aseverará la grandeza de su creador, de su estado de animo, de su entorno social, emocional, religioso o político cuando lo pintó.
Las más grandes obras musicales son aquellas que son mudas, porque aun con la ausencia de palabra, lo cual la convertiría en canción, han conseguido tener doble merito, alcanzar la belleza y superar el mutismo.
Las esculturas para alcanzar la perfección, tienen que imitar la naturaleza en sus más mínimos detalles, porque de la comparación con ella nosotros deducimos su valía, si en cambio no está dirigida la escultura a la naturaleza, humana o terrenal, dificilmente podremos dejar de ver una piedra mutilada y no digamos nada de esos hallazgos arqueologicos en que a lo más que llegamos a comprender es a lo que está haciendo o se está desarrollando en un conjunto escultórico, ni que decir tiene cuando nos llega la obra por el tiempo mutilada o a trozos, un busto o una cabeza desprendida, pero en cambio, si le hubiesen añadido la palabra, cuanto sabríamos más de milenarias culturas, de antiquísimas costumbres, identificariamos gestos, identidades , ritos, historia y leyenda.
Que afortunado aquél que recibió el don de la palabra.
Ese mago que pone sobre un cuadro papel transparente, para redibujarlo con la paleta de las palabras, capaz de transmitir con ellas su policromía, sus códigos secretos, sus pulsos, sus errores, sus enmiendas.
Que gran legado el recibido, impermeable al paso del tiempo, a los vaivenes de la caprichosa economía, a las periodicidad de la moda, solo invencible por su otra igual, eterna al ser escrita. Que afortunado aquel que no duda en acabar con la exultante altanería de la blancura del papel, que no siente pereza al adoquinarlo con versos, con oraciones, con verbos y conjunciones. Que pinta con los colores de la palabra hermosos paisajes, comprometidas situaciones, elevados sentimientos y bajas pasiones.
Con la palabra se ama, se declara la guerra, se reza, se suplica, se denosta y se aclama; como dijo alguien la lengua es más afilada que la espada, evidentemente no por su textura, ni por su consistencia sino por ser útero donde se hace y articula la palabra.
Solo le pido a Dios que la mantenga conmigo hasta mi ultima jornada, que me la mantenga inteligible, limpia, inteligente y bien aseada, que sea con el enemigo afilada y con los demás cortés y educada.
De todos es sabido que la ausencia de oído, lleva consigo "daños colaterales" como es la perdida del habla, que no mudos, porque aun podrá gruñir , emitir sonidos guturalres e incluso puede que reír y llorar, pero no hablar, no articular palabra y por lo tanto no expresarse oralmente.
Sentemos a la misma mesa dos personas y tapemos les la boca, ahora que intenten describirse el uno al otro su estado de animo, de salud, sus inquietudes, sus proyectos de futuro, me temo que seria una tarea difícil y casi imposible de acabar.
Ahora sentemos dos invidentes, en la misma mesa, y quizás lo primero que se pregunten sean por sus nombres, esbozarán una sonrisa, se explicarán mutuamente su problema y todo lo sazonarán con la ironía de quien apuñala su suerte, para después posiblemente ser el principio de una interesante velada. Y como no pueden apreciar los rasgos externos, esos de los que la vista se ha erigido en juez de belleza o fealdad, de atracción o rechazo, pues quizás descubran otro tipo de belleza aquella que no se marchita ni pierde, la del alma, en esa son ellos los mejores tasadores.
Un sordo puede ver la película, ¿pero que es lo que ve?..una secuencia interminable de imagenes a las que él le da el sentido que cree más lógico con lo que aprecia, después, si le preguntamos seguramente nos contará otra película diferente a la nuestra. Evidentemente el ciego, no puede apreciar los paisajes, los rostros, los coloreados vestidos de las actores, pero, sin duda puede explicarte la trama correcta y con escasas puntualizaciones, podrías comentar con él si ha o no merecido el rato empeñado.
Muchos son los examinadores de lienzos, los que no ven más allá de la superficie emborronada por los pinceles del autor, solo saben mirar un cuadro, no saben que el cuadro habla, no saben lo que el artista nos está diciendo en su trama, no son capaces de traducir la simbología implícita de esos trazados, pero si a ese cuadro le añadimos palabra describiendo el porqué del color, de la disposición de las figuras, del porqué de un símbolo, de un matiz, cuando termine de contemplarlo aseverará la grandeza de su creador, de su estado de animo, de su entorno social, emocional, religioso o político cuando lo pintó.
Las más grandes obras musicales son aquellas que son mudas, porque aun con la ausencia de palabra, lo cual la convertiría en canción, han conseguido tener doble merito, alcanzar la belleza y superar el mutismo.
Las esculturas para alcanzar la perfección, tienen que imitar la naturaleza en sus más mínimos detalles, porque de la comparación con ella nosotros deducimos su valía, si en cambio no está dirigida la escultura a la naturaleza, humana o terrenal, dificilmente podremos dejar de ver una piedra mutilada y no digamos nada de esos hallazgos arqueologicos en que a lo más que llegamos a comprender es a lo que está haciendo o se está desarrollando en un conjunto escultórico, ni que decir tiene cuando nos llega la obra por el tiempo mutilada o a trozos, un busto o una cabeza desprendida, pero en cambio, si le hubiesen añadido la palabra, cuanto sabríamos más de milenarias culturas, de antiquísimas costumbres, identificariamos gestos, identidades , ritos, historia y leyenda.
Que afortunado aquél que recibió el don de la palabra.
Ese mago que pone sobre un cuadro papel transparente, para redibujarlo con la paleta de las palabras, capaz de transmitir con ellas su policromía, sus códigos secretos, sus pulsos, sus errores, sus enmiendas.
Que gran legado el recibido, impermeable al paso del tiempo, a los vaivenes de la caprichosa economía, a las periodicidad de la moda, solo invencible por su otra igual, eterna al ser escrita. Que afortunado aquel que no duda en acabar con la exultante altanería de la blancura del papel, que no siente pereza al adoquinarlo con versos, con oraciones, con verbos y conjunciones. Que pinta con los colores de la palabra hermosos paisajes, comprometidas situaciones, elevados sentimientos y bajas pasiones.
Con la palabra se ama, se declara la guerra, se reza, se suplica, se denosta y se aclama; como dijo alguien la lengua es más afilada que la espada, evidentemente no por su textura, ni por su consistencia sino por ser útero donde se hace y articula la palabra.
Solo le pido a Dios que la mantenga conmigo hasta mi ultima jornada, que me la mantenga inteligible, limpia, inteligente y bien aseada, que sea con el enemigo afilada y con los demás cortés y educada.
jueves, 21 de febrero de 2008
Como se le habla a Dios.
Eso pasa cuando uno se busca una casa rural, pero rural.. rural, nada de chorradas, vamos nada de casa rural en un casco urbano que al fin y al cabo no es ni "chicha ni limoná", esta es de las que si quieres discutir con un vecino tienes que aguantar las ganas hasta el regreso, vamos una isla en la naturaleza.
Y como las horas se hacen largas como condena pues solo te queda una cosa, salir, explorar, echarle valor y comenzar a andar.
No lejos de la casa , bajando a pocos metros un arroyuelo de aguas limpias y traviesas bajaba atropellandose con las piedras del lecho; paralelo a él una senda cabrillera construida con tesón por el rumiante animal, invitaba a dejarte conducir a "no sé donde". Así que por descubrir el nacimiento de aquel arroyo, que no debía de estar muy lejano elegí subir, por aquello de que todo lo que sube baja, y la cansada vuelta se haría más fácil.
A no mucha distancia de mi partida el "joío" arroyo se iba encajonando entre las paredes de dos sierras como si estas intentasen atraparlo. Tan angosto se volvió el paso que tuve que continuar por el mismo arroyo, saltando cual cabra montés, de piedra en piedra. Y de esta guisa comenzó de nuevo a ensanchar el lecho y la senda desembocó como un afluente en camino de humanos. Ayy, esa maldita curiosidad , más valdría haber regresado que dejarme llevar por él. A poco de lo andado, ya dentro de aquella especie de caldero rodeado por altas sierras, un cartel anunciaba la próxima presencia de una aldea, "Aldea de Sierra Olvido", así rezaba.
Dejado el cartel a la espalda, se asomaba aquello que no llegaba ni a aldea, unas cuantas casas desparramadas, como cagadas de mosca, soñolientas por abandonadas, donde el más tonto ya se había marchado a la "capitá" y el más listo dos horas antes.
Aquello que parecía calle, por darle nombre, a tramos bien compuesta, y otros no tanto por sus piedras que te invitaban al tropiezo, todas con nombres y apellidos.. egoísmo, mentira, pereza, olvido...
Andando por esa "calle" alcancé la primera de las casas. La casa de las miradas perdidas, allí estaban todas las miradas que nunca se lanzaron, esas miradas que fueron reprimidas, eran miradas tristes, vacías, las de al infinito, las fugaces, las furtivas, cada una tenia un destinatario, un dueño. Eran miradas volátiles, etéreas, con alas, lo llenaban todo como pelusas doradas. Si los ojos son el espejo del alma, cuanto ser se ha quedado sin un premio, cuantas almas hemos dejado de contemplar y a cuantos le hemos negado lo nuestro.
Seguí sombrío caminando, aun pensando en esto cuando llegué a la altura de otra casa, la de las caricias negadas, que pena me dio, cuanta caricia empolvada, cuanta caricia no dada, cuantas oportunidades de hacer gozar y ..nada, cuantas hemos deseado, cuantas hemos rogado con la boca cerrada, cuantas aun seguiremos guardando en esa casa abandonada.
Pensé que ya lo había visto todo y apenas había visto nada, la calle empinada y hostil a cada paso se levantaba.
Con gran fatiga llegué a una nueva casa, si las anteriores te encogen el alma esta te la deja helada, la casa de los "nunca tequiero", Dios que paisaje, todos los tequiero que nunca salieron, aquellos que nos tragamos junto con los que nunca nos dijeron. Cuanta felicidad desperdiciada, cuantas lágrimas por no dichos, derramadas, cuantas oportunidades perdidas por un omitido verbo, cuantas naves escoradas, cuantos caminos torcidos, cuantas dudas y desconfianzas, cuantos tequiero pudriéndose en ese lúgubre aposento se estaban ajando como la flor en invierno.Los habían de los dos extremos, los nunca dichos y los dichos sin fundamento, ambos el mismo mal, ambos motivo para el lamento. Y es que los hay que lo dosifican con la la avaricia del usurero, los que se lo tragan y lo regatean como en un puesto de sueños, los que por no sentirlo hieren con el silencio. Y los otros, los que los reparten como reparte un cartero, los que los usan para alcanzar una meta haciendo creer verdad, cuando solo es un juego, los que mienten impunes , los que en sus labios un tequiero no significa nada, los que por amor venden hielo.
Ahora si se me había desgarrado el alma, pero aun me quedaba un nuevo tormento.
Allí en lo más alto, como nido de pájaro mal agüero, allí estaba la casa más tétrica, la más triste, lo más feo.
La casa de los amores perdidos, apolillados, de diferentes tamaños y edades, los de viejo, los de la inocencia temprana, los anhelados de juventud, los primeros nunca curados, los que el camino separó, los imposibles, los no correspondidos, los que la timidez se llevó. Todos tenían lágrimas, todos ojos y escozor, todos tenían pintados caminos, caminos que nunca se andaron ni se andarán; amarrados con las trenzas del destino sus nudos nadie desató, dejando en suspense vidas que pudieron pero no son y cuanta pena sufrida y cuanto causado dolor, unas por exceso y otras por omisión. El alma rota, ahogado en mis lágrimas que me oprimían la razón, ya casi no podía respirar por tanta tristeza y dolor.
De repente sonó como cada mañana ese maldito invento..el despertador, para evitar que rompiese tu sueño, a ciegas, a oscuras estiré el brazo y este enmudeció, pero no por la puntería del arquero, no, sino porque en directa proporción... al gran manotazo dado, más grande el descalabro que en la caída sufrió, aun hay restos de ese artilugio, con el que el diablo nos engatusó, por debajo la cama y hasta más allá del recibidor.
Iba a incorporarme, cuando me quedé mirándote en silencio... como se le habla a Dios, acaricié tu pelo y al oído te dije, "te quiero amor", di gracias al cielo por haberte encontrado después de tantos perdidos, de tanto dolor.
Y como las horas se hacen largas como condena pues solo te queda una cosa, salir, explorar, echarle valor y comenzar a andar.
No lejos de la casa , bajando a pocos metros un arroyuelo de aguas limpias y traviesas bajaba atropellandose con las piedras del lecho; paralelo a él una senda cabrillera construida con tesón por el rumiante animal, invitaba a dejarte conducir a "no sé donde". Así que por descubrir el nacimiento de aquel arroyo, que no debía de estar muy lejano elegí subir, por aquello de que todo lo que sube baja, y la cansada vuelta se haría más fácil.
A no mucha distancia de mi partida el "joío" arroyo se iba encajonando entre las paredes de dos sierras como si estas intentasen atraparlo. Tan angosto se volvió el paso que tuve que continuar por el mismo arroyo, saltando cual cabra montés, de piedra en piedra. Y de esta guisa comenzó de nuevo a ensanchar el lecho y la senda desembocó como un afluente en camino de humanos. Ayy, esa maldita curiosidad , más valdría haber regresado que dejarme llevar por él. A poco de lo andado, ya dentro de aquella especie de caldero rodeado por altas sierras, un cartel anunciaba la próxima presencia de una aldea, "Aldea de Sierra Olvido", así rezaba.
Dejado el cartel a la espalda, se asomaba aquello que no llegaba ni a aldea, unas cuantas casas desparramadas, como cagadas de mosca, soñolientas por abandonadas, donde el más tonto ya se había marchado a la "capitá" y el más listo dos horas antes.
Aquello que parecía calle, por darle nombre, a tramos bien compuesta, y otros no tanto por sus piedras que te invitaban al tropiezo, todas con nombres y apellidos.. egoísmo, mentira, pereza, olvido...
Andando por esa "calle" alcancé la primera de las casas. La casa de las miradas perdidas, allí estaban todas las miradas que nunca se lanzaron, esas miradas que fueron reprimidas, eran miradas tristes, vacías, las de al infinito, las fugaces, las furtivas, cada una tenia un destinatario, un dueño. Eran miradas volátiles, etéreas, con alas, lo llenaban todo como pelusas doradas. Si los ojos son el espejo del alma, cuanto ser se ha quedado sin un premio, cuantas almas hemos dejado de contemplar y a cuantos le hemos negado lo nuestro.
Seguí sombrío caminando, aun pensando en esto cuando llegué a la altura de otra casa, la de las caricias negadas, que pena me dio, cuanta caricia empolvada, cuanta caricia no dada, cuantas oportunidades de hacer gozar y ..nada, cuantas hemos deseado, cuantas hemos rogado con la boca cerrada, cuantas aun seguiremos guardando en esa casa abandonada.
Pensé que ya lo había visto todo y apenas había visto nada, la calle empinada y hostil a cada paso se levantaba.
Con gran fatiga llegué a una nueva casa, si las anteriores te encogen el alma esta te la deja helada, la casa de los "nunca tequiero", Dios que paisaje, todos los tequiero que nunca salieron, aquellos que nos tragamos junto con los que nunca nos dijeron. Cuanta felicidad desperdiciada, cuantas lágrimas por no dichos, derramadas, cuantas oportunidades perdidas por un omitido verbo, cuantas naves escoradas, cuantos caminos torcidos, cuantas dudas y desconfianzas, cuantos tequiero pudriéndose en ese lúgubre aposento se estaban ajando como la flor en invierno.Los habían de los dos extremos, los nunca dichos y los dichos sin fundamento, ambos el mismo mal, ambos motivo para el lamento. Y es que los hay que lo dosifican con la la avaricia del usurero, los que se lo tragan y lo regatean como en un puesto de sueños, los que por no sentirlo hieren con el silencio. Y los otros, los que los reparten como reparte un cartero, los que los usan para alcanzar una meta haciendo creer verdad, cuando solo es un juego, los que mienten impunes , los que en sus labios un tequiero no significa nada, los que por amor venden hielo.
Ahora si se me había desgarrado el alma, pero aun me quedaba un nuevo tormento.
Allí en lo más alto, como nido de pájaro mal agüero, allí estaba la casa más tétrica, la más triste, lo más feo.
La casa de los amores perdidos, apolillados, de diferentes tamaños y edades, los de viejo, los de la inocencia temprana, los anhelados de juventud, los primeros nunca curados, los que el camino separó, los imposibles, los no correspondidos, los que la timidez se llevó. Todos tenían lágrimas, todos ojos y escozor, todos tenían pintados caminos, caminos que nunca se andaron ni se andarán; amarrados con las trenzas del destino sus nudos nadie desató, dejando en suspense vidas que pudieron pero no son y cuanta pena sufrida y cuanto causado dolor, unas por exceso y otras por omisión. El alma rota, ahogado en mis lágrimas que me oprimían la razón, ya casi no podía respirar por tanta tristeza y dolor.
De repente sonó como cada mañana ese maldito invento..el despertador, para evitar que rompiese tu sueño, a ciegas, a oscuras estiré el brazo y este enmudeció, pero no por la puntería del arquero, no, sino porque en directa proporción... al gran manotazo dado, más grande el descalabro que en la caída sufrió, aun hay restos de ese artilugio, con el que el diablo nos engatusó, por debajo la cama y hasta más allá del recibidor.
Iba a incorporarme, cuando me quedé mirándote en silencio... como se le habla a Dios, acaricié tu pelo y al oído te dije, "te quiero amor", di gracias al cielo por haberte encontrado después de tantos perdidos, de tanto dolor.
martes, 19 de febrero de 2008
A la muerte de un artillero
Esta mañana el destino me ha dado una cornada, Fernando, el camarero del bar, de nuestro bar, ha fallecido, que putada. La noticia corrió como la pólvora, caras de incredulidad, muecas de espanto, tristeza en las miradas y un "puto destino malvado". ¿Que tiene de especial la muerte de un camarero? si solo es eso, un camarero , un trabajador por cuenta ajena que hace lo que en teoría cualquiera podría hacer, un alguien que a veces si le coges en buen día a lo mejor te tomas el café caliente y si el día lo tiene gris, te jodes y a lo que te toque y cuando él crea oportuno que te toca y si me apuras pues lo que ayer fue cinco , seis es hoy; alguien que a veces sufre nuestros cabreos por los latigazos de la vida, que sufre las confesiones íntimas de las dos copas de más, alguien que lo miras desde la altura que te da el estar a este lado de la barra. Pero Fernando no era así, en ese tarrito pequeño como de buen perfume se alojaba un corazón grande, un tío cabal, serio en su trabajo, serio hasta que en los momentos de calma cuando se rompe la barra y se allanan las condiciones y status, le arrancabas una sonrisa, una sonrisa discreta, con la discreción que da la inteligencia, con la discreción de quien sabia quien estaba más alto y sin embargo te daba cancha para dejarte jugar. Tenia que ser gaditano, con la guasa que empapa al gaditano rancio de humilde abolengo, pero de una dignidad propia de un rey tarteso. "Fernando..un descafeinado de maquinaaa", cuando más gente había, cuando la barra hervía de impacientes pedigüeños, cuando a penas le veías entre el bosque de insatisfechos, él me miraba desde lo lejos y guiñándome un ojo podía leer en sus labios..."Enseguida te lo pongo", al instante se acercaba y bajito como si de un acto de confesión se tratase te preguntaba.. "¿quieres algo para comer? ¿ con que te pongo la tostada? el aceite es bueno o ¿prefieres una zurrapa de lomo buenísima que me han traído hoy? y repitiendo el rito del guiño volvía a cerrar por un instante uno de sus azules ventanales mientras se perdía por el interminable pasillo del otro lado de la barra, por esa barra que era su trinchera su puesto a defender como celoso centinela, ya sabia yo que no se le olvidaba, que no perdía el turno. Fernando era buena persona, era eso que decimos y que dibuja todo un carácter, era buena gente y para colmo educado, aunque lo machacasen con desaboridas actitudes y esperpénticas razones. Se murió soltero, quizás en su sabiduría pensó que el alma compartida es solo la mitad de un entero, quizás a la barra de la vida nunca se le acercó su mujer divina o quizás por otros motivos que por pudor nunca se preguntan ¿que más da?. Disfrutaba relatando sus diarias clases de judo a los niños, a esos enanos rebeldes e impredecibles que le coloreaban su otra vida y cuando se le iba la olla, sus épicas luchas contra monstruosos gigantes en las tierras manchegas del tatamis, daba gusto escucharlo con su voz pausada y armoniosa del que sabe donde una inflexión, donde una pausa para mantenerte atrapado en las redes de sus relatos. Murió como buen artillero al pié de su inoxidable y alargado cañón, como tantos héroes anónimos y cotidianos, pero no tuvo un cuartel de Monteleón, ni un mal gabacho al que devanar el gaznate, pero ahí estuvo él, aunque llevaba algunos días raro, como decía, hasta el último día cumplió con su obligación, los que le vieron aquel último desayuno comentaron que al poco se tuvo que marchar, a eso de media mañana, cuando el sol comenzaba a pintar sombras ,cerró su reino, su bar y ya nunca más regresó. Hoy ha muerto un camarero, un señor, un caballero, hoy Fernando el descafeinado está frío, frío como la fría piel de la impávida barra de acero inoxidable, hoy a muerto un adalid de una profesión difícil, de sicólogos iletrados , de gratuitos consejeros, de desesperados amigos y de aguanta velas resignados. Hoy tu reino está de luto, tus pavimentadas posesiones están huérfanas y los ecos de tu presencia enmudecieron como enmudece el día al oscurecer su seno. Hasta siempre Fernando, no ha ni un año que tu madre te espera, pero algo he ganado, tengo garantizado el mejor descafeinado, la mejor tostada, el mejor confidente y el peor pagado.
domingo, 17 de febrero de 2008
El peligro de un Blog
El mayor y principal peligro de un blog, creo, es caer en la monotonía , es que el aburrimiento descorazone al visitante así que tendré que proponerme, en la medida que pueda, hacerlo ameno, interesante y entretenido, árdua tarea para alguien que no está ducho en estos menesteres.
Mi primer dia
Hoy he comenzado mi camino, como siempre pasa al inicio de un largo viaje que está lleno de enigmas y sorpresas miro hacia delante y la vista se pierde en el horizonte de mi blog. Se agolpan en mi mente alegria y miedo, pienso que una vez que salga de la seguridad de mi intimidad ya no hay vuelta atrás . Lo veo vacio y yermo, me impresiona su inmensa soledad , su exraña piel selenita. Ni una sombra de una frase, ni el oasis de un verso donde refrescar los sentimientos, ni un mal camino que nos lleve a la acogedora ciudad de un recuerdo, nada.
Hoy he empezado por intentar plantar recuerdos, regarlos con vivencias y rodearlos de los verdes jardines de mis pensamientos.Como siempre pasa, habrá etapas llanas de una fluidez insultante y otras agrestes, penosas tanto para descansar como para el mero hecho de pasar de largo. Las habrá alegres y jocosas, llenas del griterio sinverguenza de la chiquilleria y tambien con la solemindad de un compromiso de fé. Habrá de todo.
Y lo más importante, que me acabo de dar cuenta que ya he salido, he vuelto la vista y se ha alejado casi sin querer mi punto de partida, ojalá sea un buen augurio.
Hoy he empezado por intentar plantar recuerdos, regarlos con vivencias y rodearlos de los verdes jardines de mis pensamientos.Como siempre pasa, habrá etapas llanas de una fluidez insultante y otras agrestes, penosas tanto para descansar como para el mero hecho de pasar de largo. Las habrá alegres y jocosas, llenas del griterio sinverguenza de la chiquilleria y tambien con la solemindad de un compromiso de fé. Habrá de todo.
Y lo más importante, que me acabo de dar cuenta que ya he salido, he vuelto la vista y se ha alejado casi sin querer mi punto de partida, ojalá sea un buen augurio.
sábado, 16 de febrero de 2008
Mi primer amigo
Era tan pequeño que para mi lo que había encima de una mesa, ya era territorio desconocido y sin embargo parece que lo estoy viendo. Seguramente estaría mirando a través de los cristales de aquella puerta que separaba el cuerpo de casa del portal, donde estaba la tienda. Apenas distinguía la figura de aquella mujer mientras hablaba con mi madre que la atendía. De repente aquella mujer giró su cabeza, me miró y como si fuese un puro instrumento del destino, abrió las compuertas de una parte muy importante de mi vida. Algo le comentó a mi madre que a esta le faltó tiempo para abrirle la puerta donde yo estaba y en cuestión de instantes, me vi en los brazos delgados y fibrosos de la anciana.
Llevaba el pelo todavía no terminado de blanquear por el tiempo, recogido detrás de su cabeza en un moño; su cara era pequeña, como sus vivarachos ojos marrones y en su piel suave tenia marcadas las arrugas que las malas jugadas de la vida le había dejado en herencia, pero todo ello no solo no le afeaba sino todo lo contrario, daba a su rostro un aire de serenidad y confianza. Ramona, decía mi madre que se llamaba. Joseito, dijo mi madre a Ramona mirándome.
Para Ramona no fue difícil sacar una sonrisa, me mostró una hilera de diminutos dientes con algunas bajas por culpa de la batalla diaria, me besó en la cara y me dijo: "Ven conmigo a mi casa, que yo tengo un nieto de tu edad, para que juguéis juntos, se llama Angelín", miró a mi madre buscando su aprobación y de nuevo el destino impuso sus reglas sobre las de los humanos.
Al poco, ya me veía, sujeto de la mano de Ramona, intentando seguir sus nutridos pasos por aquella empinada e interminable cuesta. De vez en cuando Ramona se paraba, giraba su cabeza siempre con una sonrisa pegada a su rostro para ver si seguía de pié o había aterrizado por culpa de algún paso mal dado.
Llegado a la cúspide de la más alta montaña que en mi incipiente vida había visto, giramos a la derecha y comenzamos a bajar por el empedrado de la calle, por unos instantes pensé que ahora tocaba bajar lo que antes con tanto trabajo habíamos subido, pero no, a poco de bajar a mano izquierda, se detuvo Ramona y me cogió en sus brazos para ponerme al otro lado del rebate de su casa.
Esta, se ensanchaba nada más entrar a modo de portal, una cómoda repleta de fotos familiares y alguna flor de plástico con un espejo sobre ella adornaba la blancura de la pared izquierda, según se entra; frente, una especie de enrejado metálico, negro, con un adorno que asemejaba una planta trepadora preñada de flores y hojas, iba de la pared hasta un pilar y servía para separar y dar algo de intimidad a lo que al otro lado era el comedor; por los techos corrían como renglones temblorosos las vigas de madera que servían de soporte al piso superior; el pilar acogía el marco de una puerta que franqueaba el recinto cocina-comedor y antes de travesar esta puerta a mano derecha bajaba a dar la bienvenida a todo visitante, una escalera, estrecha, empinada, de escalones altos y no muy cómodos que se ocultaba tras un tabique quizás por su timidez y que comunicaba la planta baja con la de arriba.
Y cogido de la mano entrañable de aquella anciana traspasé la puerta de acceso a la cocina-comedor. En una para mi inmensa mesa rectangular , que ya estaba prestando servicio a sus comensales, estaba en uno de sus extremos, el mas alejado de la puerta de la calle y haciendo frente a esta como un fiel guardián, el único varón adulto de la casa, un hombre que para mi ya era anciano con una gorra cubriéndole la cabeza, la piel tostada por el cruel sol de los campos y su cara también pintada con las arrugas de los pinceles de la vida, de semblante serio, más no por su carácter sino por la gravedad que todo jefe debe de mostrar ante sus huestes, este era Antonio, marido de Ramona y abuelo de mi aún desconocido amigo Angelín. A su mano derecha y de espaldas a la pared, dos mujeres Conse y Loles, ambas hijas de Antonio y Ramona, la que ocupaba el extremo de la mesa frente al patriarca, Isabel; no estoy muy seguro de las secuencias de edad de estas tres tías de Angelín, osaré dar un orden a pesar de equivocarme, para mí, Conse, Isabel y Loles, aunque si algún día lee esto mi amigo espero resuelva el entuerto, en el lado que falta del rectángulo el otro más grande, lo compartían Ramona a continuación uno de mi quinta, Angelín, y otra mujer de edad intermedia entre las tías y los abuelos, su madre Carmen, que mantenía una lucha descarnada con un pequeñajo que intentaba mantener en su regazo; Carmen era de una estatura inferior a sus congéneres, aunque no mucho, tenia el pelo negro levemente ondulado, casi liso diría yo, recogido también atrás en un moño, excepto algunos cabellos rebeldes que aprovechando la rebujina que mantenía con el infante, se le asomaban a su frente, de ojos pequeños como sus padres, pero el arqueado de sus cejas, le daba un aire de esplendor en sus pupilas.
Angelín miró a su madre, esta se la devolvió y aprobado el intento de levantarse de la mesa, como si nos subiésemos conocido de siempre, juntos atravesamos el cuerpo de casa, dirección a su corral.
Jugamos unos instantes, pocos creo, me presentó a la perra, un cruce de mastín con que sé yo.
Corrimos por aquel corral sobre nuestras inexpertas extremidades, tiramos alguna que otra piedra, quizás la primera de mi vida, intentando traspasar la tapia que daba al Cerro y al instante habíamos firmado un pacto, pacto de amistad y comprensión, que aun perdura, que aun lo llevo con su tinta fresca en mi corazón.
Llevaba el pelo todavía no terminado de blanquear por el tiempo, recogido detrás de su cabeza en un moño; su cara era pequeña, como sus vivarachos ojos marrones y en su piel suave tenia marcadas las arrugas que las malas jugadas de la vida le había dejado en herencia, pero todo ello no solo no le afeaba sino todo lo contrario, daba a su rostro un aire de serenidad y confianza. Ramona, decía mi madre que se llamaba. Joseito, dijo mi madre a Ramona mirándome.
Para Ramona no fue difícil sacar una sonrisa, me mostró una hilera de diminutos dientes con algunas bajas por culpa de la batalla diaria, me besó en la cara y me dijo: "Ven conmigo a mi casa, que yo tengo un nieto de tu edad, para que juguéis juntos, se llama Angelín", miró a mi madre buscando su aprobación y de nuevo el destino impuso sus reglas sobre las de los humanos.
Al poco, ya me veía, sujeto de la mano de Ramona, intentando seguir sus nutridos pasos por aquella empinada e interminable cuesta. De vez en cuando Ramona se paraba, giraba su cabeza siempre con una sonrisa pegada a su rostro para ver si seguía de pié o había aterrizado por culpa de algún paso mal dado.
Llegado a la cúspide de la más alta montaña que en mi incipiente vida había visto, giramos a la derecha y comenzamos a bajar por el empedrado de la calle, por unos instantes pensé que ahora tocaba bajar lo que antes con tanto trabajo habíamos subido, pero no, a poco de bajar a mano izquierda, se detuvo Ramona y me cogió en sus brazos para ponerme al otro lado del rebate de su casa.
Esta, se ensanchaba nada más entrar a modo de portal, una cómoda repleta de fotos familiares y alguna flor de plástico con un espejo sobre ella adornaba la blancura de la pared izquierda, según se entra; frente, una especie de enrejado metálico, negro, con un adorno que asemejaba una planta trepadora preñada de flores y hojas, iba de la pared hasta un pilar y servía para separar y dar algo de intimidad a lo que al otro lado era el comedor; por los techos corrían como renglones temblorosos las vigas de madera que servían de soporte al piso superior; el pilar acogía el marco de una puerta que franqueaba el recinto cocina-comedor y antes de travesar esta puerta a mano derecha bajaba a dar la bienvenida a todo visitante, una escalera, estrecha, empinada, de escalones altos y no muy cómodos que se ocultaba tras un tabique quizás por su timidez y que comunicaba la planta baja con la de arriba.
Y cogido de la mano entrañable de aquella anciana traspasé la puerta de acceso a la cocina-comedor. En una para mi inmensa mesa rectangular , que ya estaba prestando servicio a sus comensales, estaba en uno de sus extremos, el mas alejado de la puerta de la calle y haciendo frente a esta como un fiel guardián, el único varón adulto de la casa, un hombre que para mi ya era anciano con una gorra cubriéndole la cabeza, la piel tostada por el cruel sol de los campos y su cara también pintada con las arrugas de los pinceles de la vida, de semblante serio, más no por su carácter sino por la gravedad que todo jefe debe de mostrar ante sus huestes, este era Antonio, marido de Ramona y abuelo de mi aún desconocido amigo Angelín. A su mano derecha y de espaldas a la pared, dos mujeres Conse y Loles, ambas hijas de Antonio y Ramona, la que ocupaba el extremo de la mesa frente al patriarca, Isabel; no estoy muy seguro de las secuencias de edad de estas tres tías de Angelín, osaré dar un orden a pesar de equivocarme, para mí, Conse, Isabel y Loles, aunque si algún día lee esto mi amigo espero resuelva el entuerto, en el lado que falta del rectángulo el otro más grande, lo compartían Ramona a continuación uno de mi quinta, Angelín, y otra mujer de edad intermedia entre las tías y los abuelos, su madre Carmen, que mantenía una lucha descarnada con un pequeñajo que intentaba mantener en su regazo; Carmen era de una estatura inferior a sus congéneres, aunque no mucho, tenia el pelo negro levemente ondulado, casi liso diría yo, recogido también atrás en un moño, excepto algunos cabellos rebeldes que aprovechando la rebujina que mantenía con el infante, se le asomaban a su frente, de ojos pequeños como sus padres, pero el arqueado de sus cejas, le daba un aire de esplendor en sus pupilas.
Angelín miró a su madre, esta se la devolvió y aprobado el intento de levantarse de la mesa, como si nos subiésemos conocido de siempre, juntos atravesamos el cuerpo de casa, dirección a su corral.
Jugamos unos instantes, pocos creo, me presentó a la perra, un cruce de mastín con que sé yo.
Corrimos por aquel corral sobre nuestras inexpertas extremidades, tiramos alguna que otra piedra, quizás la primera de mi vida, intentando traspasar la tapia que daba al Cerro y al instante habíamos firmado un pacto, pacto de amistad y comprensión, que aun perdura, que aun lo llevo con su tinta fresca en mi corazón.
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